Walter Benjamin

 

Toda obra espera de su autor que éste sepa desarrollarla con rasgos inconfundibles, y que de esto nazca algo sublime, grande o que enriquezca la vida, que la eleve y la ensanche. Es lo que muchos han aprendido de Walter Benjamin, antes y después de que se matara a sus 48 años, cuando intentaba escapar del fascismo desde tierras europeas, un poco antes de que comenzara a considerarse como un judío intelectual y filósofo que impone la moda de plantear la ciudad como tema y los movimientos que tengan lugar en los espacios públicos.

Él introduce la ruptura de la tradición fundada en un diálogo con el presente y escribe sobre la posmodernidad sin posturas dogmáticas en sus interpretaciones sobre el marxismo. Inclinado más hacia la explicación que a la perífrasis, su amigo Theodor W. Adorno (1903-1969), intenta definirlo de la siguiente manera: “Ninguno de los trabajos de Benjamin parece más próximo a nuestras propias intenciones. Esto tiene que ver sobre todo con la representación de la Historia como permanente catástrofe, la crítica al progreso, el dominio de la naturaleza y la actitud frente a la cultura”.

Ante el aumento del mito de hacer más grande a un país a expensas de los demás, no dejamos de pensar en la idea de T. Adorno que considera que la expiración de la fuerza del pensamiento culmina con la prohibición de pensar. Esto hace inevitable legitimar a Walter Benjamín con la fuerza de un proceso histórico, del cual nadie debe engañarse, ya anunciado en las predicciones de H.G. Wells, Kafka, y Toffler sobre el impacto que sufre la humanidad entre el incontenible dominio del más fuerte a niveles geopolíticos, en tiempos traumáticos y difíciles para que unos pocos sean capaces de sobrevivir al shock de los cambios acelerados donde pocos pueblos se adaptarán o sobrevivirán en niveles más bajos de desarrollo.

O. Spengler (1880-1936) presentía la típica reacción donde el proceso de la historia hace olvidar a los hombres la idea y la realidad de su propia libertad, y se aferra en creer en la posibilidad de mejorar los hechos insatisfactorios aplicándoles conceptos que satisfagan. Mas en tiempos de tribulaciones, como en la guerra, todos estamos expuestos a la deshumanización.

W. Benjamin nació en Berlín en 1892, y murió en Port Bou el 26 de septiembre de 1940, víctima de la persecución fascista imperante en medio mundo en aquella época. Muchos ven en él al crítico lúcido de "Las Iluminaciones" y del método compositivo sobre los problemas de la reproducción técnica de la obra de arte. Dos años antes de su muerte, envía una carta desde Paris a T. dorno sobre sus dificultades económicas junto a su familia, por lo que se muestra interesado en viajar a EE.UU. o Israel, para realizar investigaciones sobre Baudelaire o sobre Kafka.

Pero las circunstancias, que Hanna Arendt describió como los "tiempos sombríos”, le impidieron entregar al mundo su libro sobre los pasajes de París, sobre el cual vivía obsesionado por salvar ante el cierre del pase fronterizo, por parte de las fuerzas de ocupación alemanas en Francia, y poder cruzar la frontera hacia España, lo cual lo conduce inevitablemente al suicidio.

Benjamin no quiso seguir viviendo ante el allanamiento y confiscación de su biblioteca, que para él era un espacio físico e intelectual, donde confluían la pasión obsesiva del coleccionista y la precisión por el detalle, el arte de citar, con la forma más alta de la escritura con todo su bagaje: citas, cartas, libros, y la ausencia dolorosa de sus investigaciones en la Biblioteca Nacional de París.

Era el episodio final, él como europeo  refinado, calculaba un vida insoportable en el exilio americano, y sobre todo el fracaso rotundo por no tener sus apuntes destinados a la publicación de su obra "El Libro de los Pasajes", sobre un París examinado en sus dimensiones materiales y simbólicos,  donde vislumbraba la espacialización del capitalismo y del arte moderno, teorizando los estudios culturales, una situación algo profética que preveía en su libro "Tesis sobre la Filosofía de la Historia", donde expone que toda acción de barbarie puede suponer de parte de quien lo soporta, un acto  de cultura que el hombre es capaz de producir en sus momentos más apremiantes.

 

Jairo Tapia Tietjen

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

WikiLetras
Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

[Leer columna]

Artículos relacionados

Relato: En cenizas
Relato: En cenizas
Dormía tranquilamente. Sus sentidos despegados de la realidad. Se había tomado unas...
Philip Roth o el retrato del mundo tal cual
Philip Roth o el retrato del mundo tal cual
Escapar de la pobreza es como escapar de la maldición; sin embargo, Herman Roth creía...
Desterrada en su propia tierra
Desterrada en su propia tierra
Observar la historia del Cesar rural es hacer un recorrido por los tesoros culturales...
Jota Jota
Jota Jota
—No es nadie menos que John Jádison Huérfano Aguirre —dijo desde la ventana del...
Siempre habrá poesía: Bécquer
Siempre habrá poesía: Bécquer
La imagen de un escritor a la luz de una chorreada vela que parpadea en un...
.::Diomedes Díaz - Esta voz es para siempre::.
.::Diomedes Díaz hablaba a su manera::.