Escena de la película "Sin palabras" de Diego Bustamante y Sofía Osorio

 

Las épocas que vivimos son la materia prima para los creadores de artefactos mediáticos así como para los artistas en general. Al autor le cuesta desprenderse de las circunstancias vividas y plasma sus angustias, incertidumbres, felicidades y reflexiones en aquello creado. El cine colombiano, aunque sus realizaciones son múltiples, nos dan cuenta de un leitmotiv, de un indicio recurrente con el que podemos sugerir varias premisas. Se trata del escape, de la huida, la búsqueda de los personajes de enfrentar un nuevo camino o de querer salir del estado de cosas en el que se encuentran inmersos.

Parece como si el lugar donde viven, las condiciones históricas, las presiones, la necesidad de ubicar nuevos rumbos, o la mera búsqueda de un desahogo ubiquen a los personajes en la intención de salir de una cárcel simbólica en la que viven encerrados. Empecemos con varios ejemplos, en particular si la literatura cuenta con múltiples obras donde los personajes se hacen y construyen recorriendo un camino, como don Quijote, Enrique de Oftendirgen de Novalis o el Werther de Goethe, pero en el cine no son personajes iniciáticos con ideas de ascenso; son, en su mayor caso, para impedir no descender más. La Playa DC nos muestra a tres hermanos sacados de su sitio natal, huyeron por fuerza del desplazamiento y en la ciudad siguen escapando de la miseria, el racismo, y cada uno de su propio martirio.

La encantadora película La Sirga nos da otro matiz, en lo rural hay también escapes. Alicia huye de la voraz violencia, de haber sido incendiada su casa. Y aunque se le nota estable viviendo en la casita de su tío, lo cierto es que su postura ante el mundo nos da cuenta de una mujer muy frágil, intenta ser y estar en el mundo, no obstante las insolencias y persecuciones la ubican como una mujer que requiere seguir escapando. Un caso asombroso y poético lo coloca Sofía, la protagonista de Sofía y el Terco, del director Andrés Burgos, una mujer que no habla, y pese a estar viviendo en un lugar deslumbrante, parece que nada la afecta, pero decide salir y explorar el mundo sin decirle nada a su esposo y compañero, y realiza un viaje que la llevará hasta conocer el mar. Escapa Sofía de su mundo, un mundo en cierto modo acorde, pero la insatisfacción y el carácter de su esposo la hacen salir. Éste es un escape con una marca afable, donde el sentimiento de empatía entre personaje y espectador es de aceptación.

Una película curiosa, del género de terror, como Resquicio, del director Alfonso Acosta, nos adentra en un drama familiar proporcionado por la muerte de la hija, y entonces deciden escapar de las marcas dolorosas de la ciudad hacia una finca. Lo que se va a desatar, como lo dice su propio eslogan, es que cada quien va a conocer el propio monstruo que lleva dentro. Hay un doble escape, de sí y del mundo. Lo obtenido es una película que causa tensión y nos genera suspenso y horror. Cargar con la muerte de un familiar y convivir seis personas en una casa (incluidos dos niños), la mamá, una tía y dos hermanos adolescentes, causará marcas imborrables.

Por otro lado 180 segundos, de Alexander Giraldo, y La lectora, de Ricardo Gabriellí, se asemejan pero, obvio, tienen radicales diferencias. La estudiante de alemán es apresada por dos hermanos para revelar los secretos de un maletín; ella, por supuesto, al ser capturada quiere escapar, pero Karen y Cachorro, una mujer prostituta y un tipo bacán metido en asuntos de delincuencia, dan muestra de un escape hacia una nueva vida. No importa cómo y de dónde provenga el dinero que requieren para cumplir sus sueños, desean escapar hacia otra vida y ser felices. Así, en 180 segundos, los dos hermanos, Zico y Angélica, acostumbrados a cometer robos perfectos, buscan hacer el último con la idea de escapar a Europa y poder estudiar. Todo se les trunca y el robo cometido será la imposibilidad de alcanzar los sueños, como el propio caso de Karen y Cachorro, no logran su cometido.

Una película como Sin palabras, de Diego Bustamante y Sofía Osorio, nos da cuenta de un panorama que de lejos se deja leer o escuchar en las noticias: chinos tienen a Latinoamérica como ruta para pasar a Estados Unidos. En esta película vemos el drama de una mujer que escapa de su país en busca del sueño americano; Lian no sabe hablar español y conoce a Raúl, un artista que trabaja en una ferretería. Él le intenta ayudar, el lenguaje los separa, y se ven envueltos en una relación de encuentro y afecto. Raúl se siente con fuerza para quedarse en su país y no hacer lo de su antigua novia, quien se fue para Alemania, pero pronto sus bríos de quedarse se resquebrajan. El caso de Lian nos permite ver otro personaje escapando y en busca de un sueño y para ello hace tránsito por Colombia, huye de un mundo mecanizado para otro más caótico donde las esperanzas pueden caerse muy fácil.

Más películas gozan de mostrarnos la necesidad de escape. La muy necesaria y valiente película Chocó, de Jhonny Hendrix Hinestroza, nos muestra la vida de la mujer Chocó, acostumbrada al maltrato de su compañero y padre de dos hijos y corroída por la pobreza, está todo el tiempo en la obligatoriedad de cambiar de vida, pero parece no poder. Hasta que decide hacer lo propio y romper los barrotes de la cárcel en la que estaba viviendo. La mujer que tardó mucho en decidirse por otra vida —no sabemos cuál— representa una realidad urgida por las mujeres: escapar del maltrato. Al tiempo que es una oportunidad para hablar de esa geografía olvidada que requiere un escape a la pobreza y el abandono estatal.

Cada película nos sitúa en un tipo de escape. Sanandresito, la vida centrada en un policía corrupto, nos mantiene atentos para ver cómo se desenvuelve lo ocurrido al agente Tenorio, quien se ve envuelto en un episodio de una mujer asesinada y que aparece en la camioneta. Tenorio no sólo debe escapar al hecho, huye como delincuente, como también resulta que querrá huir de su propia vida maltrecha. Si citáramos más películas tendríamos más ejemplos. Las anteriores son del 2012, cuando hubo más de 20 estrenos; en el 2011 hubo muchas más, así como en años pasados.

El escape seguirá siendo un tema recurrente. La muestra de personajes huyendo, de mujeres y hombres así como de comunidades necesitadas de otros entornos, nos sugieren una idea de cómo están el país y sus gentes. También podemos darnos cuenta de una situación de inestabilidad, ¿por qué escapan? Y cada película tiene una respuesta: el abandono, la idea de mejorar la vida, la persecución, la violencia, las exclusiones sociales, la propia búsqueda de aventurar el mundo nos evidencian una recurrencia del propio ser, salir, huir, tratar de encontrar una solución a un problema, eso es escapar. En el cine colombiano los espectadores deberíamos escaparnos para apreciar lo que se nos evidencia en la pantalla grande, así como lo están haciendo los personajes que nos muestran; escapan para ver con qué se encuentran.

 

John Harold Giraldo Herrera

Acerca del autor: John Harold Giraldo Herrera. Docente universitario y periodista cultural (Pereira, 1979). Magister en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP). Ha escrito diversos artículos y ensayos para la revista Semana, y los diarios El Tiempo y La Tarde, entre otros, así como para revistas literarias. Cinéfilo, participó en la película Los asombrosos días de Guillermino.

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