En los relatos literarios se esconden los detalles biográficos y las inquietudes existenciales de sus escritores. Son el resultado de un proceso de reflexión y evolución que puede ser analizado entre las líneas de sus producciones literarias.

En esta ocasión nos aproximamos al escritor Álvaro Mutis: uno de los escritores colombianos más galardonados, quien construyó a partir de su poemario “Los elementos del desastre” (1953) una obra rica y variada que conforma hoy un denso mosaico de historias entreveradas.

Publicada por primera vez en el año 1989, La última escala del Tramp Steamer puede considerarse una de las novelas que permite adentrarse con más facilidad en este universo insólito de viajeros y personajes misteriosos.

Desde el principio, el autor nos sumerge en un mundo en el que la literatura es flexible y maleable. El punto de partida no siempre es el inicio y lo mismo puede decirse del final. Las percepciones varían según el lector y, por eso, el narrador insiste de entrada en señalar que “hay muchas maneras de contar esta historia –como muchas son las que existen para relatar el más intrascendente episodio de la vida de cualquiera de nosotros–”.

Diplomático acostumbrado a viajar con frecuencia, Álvaro Mutis relata una extraña historia de amor en la cual se convierte en el testigo de una serie de encuentros inesperados que ocultan otro significado más profundo.

La primera vista de un buque destartalado de bandera hondureña llamado “Tramp Streamer” en el puerto de Helsinki acapara su atención y se repite en múltiples escalas como una visión intrigante e inexplicable.

En Jamaica y Costa Rica, el narrador re-descubre al “Tramp Streamer” con su acostumbrado manto de suciedad como si éste lo persiguiera en un intento de salvación. Además de la estupefacción suscitada en cada encuentro, Alvaro ve nacer un sentimiento de simpatía y camaradería que le obligan a cuestionarse. Y sin embargo, sólo alcanza a valorar el misterio de estos encuentros cuando conoce al capitán vasco Jon Iturri en un viaje por el río magdalena y éste le desvela su experiencia en el buque.

A partir de entonces, descubrimos a un capitán que se enamora perdidamente de Warda,  la dueña del barco, y se adentra en esa pasión sin poder  mantener un verdadero control o una cierta distancia.

La personalidad de Warda –extremadamente madura para su edad– se convierte en una obsesión destructora que crece con cada muestra de independencia. Y mientras tanto, el estado deteriorado del barco se liga irremediablemente a la percepción de un amor imposible.

El poco tiempo de vida que le queda al “Tramp Steamer” es el tiempo que les queda a Jon y Warda para disfrutar de su amor. Y esa imagen se confirma a lo largo del relato como una realidad inalterable que desequilibra al narrador.

Sin saberlo, Álvaro Mutis fue el testigo de la pasión que unió a los dos grandes personajes de esta maravillosa historia.

 

PanoramaCultural.com.co 

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