Jorge Eliécer Gaitan poco antes del Bogotazo / Foto: Diario El Ciudadano

 

Para hablar de la situación política que se presentaba en Colombia en 1948 es imposible dejar de lado las elecciones a la presidencia del año 1946 para las cuales el poder venía desde 16 años antes en manos de los liberales.

Para dichas elecciones se presentan los dos partidos oficialistas, Liberal y Conservador. El conservador que era al que menos posibilidades tenia de poder ganar. Se presenta con un candidato el cual agrupa a todo el partido conservador que se llamaba Mariano Ospina Pérez. Mientras que el liberal, partido que mantenía el poder desde hace 16 años, se encontraba dividido lo cual seguramente fue lo que le impidió salir victorioso en esas elecciones. La división se debía, a como lo llaman los expertos, los liberales oligarcas y los liberales del pueblo, cada una de estas divisiones con su propio candidato. Por el liberalismo oligarca estaba el señor Gabriel Turbay y por el liberalismo del pueblo estaba el señor Jorge Eliécer Gaitán.

En dichas elecciones pasó lo inesperado, el partido conservador que le había tocado mantenerse alejado del poder por el absoluto dominio de los liberales en las ultimas contiendas electorales, terminó siendo el feliz ganador en ese año. Por un lado, encontramos que el candidato conservador Ospina Pérez obtuvo una votación de 550.000 votos, seguido del liberal oligarca Turbay con 450.000 votos y cerrando los candidatos el liberal del pueblo Gaitán con 350.000 votos. Sin lugar a dudas la tesis que sostiene que el partido liberal no ganó por su división es absolutamente correcta y no hay argumentos para contradecirla.

Después de la derrota de las elecciones del año 46, el partido liberal en su afán de convertirse nuevamente en el partido más fuerte del país, decide unificarse, pero para eso debía nombrar un jefe único del partido. El nombramiento se realizó a favor del líder Jorge Eliécer Gaitán, en contra de los demás líderes liberales llamados jefes naturales del liberalismo dentro de los cuales se destacaban Eduardo Santos, Alfonso López, Gabriel Turbay entre otros, queriendo todos estos llegar a la presidencia.

Después de la posesión del nuevo presidente conservador, el partido liberal decide dar su apoyo al gobierno, y tanto es eso que el señor Ospina da poder al liberalismo en el gobierno. Pero las cosas no son tan buenas ya que Gaitán en cada viernes cultural arremete contra el presidente Ospina y lo acusa de traidor a la patria por la incorporación de gases lacrimógenos en la policía que, según él, eso era para matar al pueblo.

Luego de las arremetidas del señor Gaitán contra el gobierno, el partido liberal unido, y con Gaitán a la cabeza, decide alejarse del gobierno para hacer oposición pero no cerrando las puertas a la IX Conferencia Panamericana que se celebraba por esos días en Bogotá. Y efectivamente así resulta, ya que el partido liberal si tiene acceso a la conferencia pero al líder Gaitán le cierran las puertas. Justificando dicha ausencia en que el Dr. Gaitán era penalista mas no internacionalista.

Gaitán, enojado por la decisión del gobierno de no dejarlo asistir a la conferencia, empieza a correr el rumor de que el líder liberal en medio de su ira ha tomado la decisión de sabotear dicho evento. El gobierno asustado ante dicho rumor no puede hacer nada y se siente impotente, pero el ex presidente de la república, el Dr. Urdaneta, en una inteligente maniobra política decide hablar con Gaitán y persuadirlo de dicha idea argumentando que un futuro aspirante al puesto más importante de la república no se le vería bien que patrocinara, y mucho menos que participara, en una acción de tal envergadura.

Para continuar hablando de la situación política colombiana de esa época, siento que es imposible evitar el tema del gran magnicidio del Dr. Gaitán. Sé que ese no es el tema central del trabajo pero a pesar de eso daré una revisada muy breve de los sucesos del 9 de abril, “El Bogotazo”, en los cuales el país vio cómo su gran caudillo liberal es asesinado. Asesinato que para el pueblo fue suficiente motivo para levantarse en contra del gobierno y literalmente acabar con la capital de la república.

De igual manera, examinaré muy por encima el caso del Teniente Cortes. Caso que el Dr. Gaitán llevó a cabo la noche anterior a su asesinato, que por cierto ganó como lo hizo siempre en su vida laboral, el Dr. Gaitán jamás perdió un caso.

El señor Cortes pertenecía a nuestras fuerzas militares de la época y tenía el rango de Teniente. Al señor Cortes lo acusaron de haber asesinado a una persona como efectivamente se produjo, al parecer la victima antes de ser asesinada gritó al señor Cortes palabras como “cobarde”, “miedoso” y palabras que hacían referencia a un hombre que carecía de hombría. El señor Cortes se sintió ofendido y termino matando a la persona.

El Dr. Gaitán asumió la defensa del militar y finalmente en la madrugada, exactamente a la una de la mañana del 9 de abril lo sacó libre y el Teniente fue absuelto. Gaitán hizo la defensa tomando la tesis del honor militar y asegurando que a una persona común y corriente, es decir a un civil que le digan todas esas palabras no tienen por qué ofenderlo, pero cuando esas ofensas van dirigidas a un miembro de la fuerza pública, debido a su calidad y a la posición que ostenta en la sociedad si hay posibilidades que esta persona se exalte y reaccione como lo hizo el Teniente Cortes pero que en su caso eso podía ser tolerable y por tanto no había porque poner preso al señor Cortes.

Esa mañana del 9 de abril el Dr. Gaitán se encontraba en su oficina muy contento y satisfecho por el triunfo de la noche anterior en el caso del Teniente Cortes. En compañía de él se encontraban Pedro Eliseo Cruz, Alejandro Vallejo, Jorge Padilla, Plinio Mendoza Neira, Francisco Gaitán Pardo y Pascual del Vecchio quien se encontraba en la antesala de la oficina.

Magnicidio de Jorge Eliécer Gaitan Todos salieron juntos de la oficina del Dr. Gaitán aceptando la invitación del señor Mendoza de ir a almorzar. Todos salieron de la oficina del Dr. Gaitán y tomaron el ascensor. Llegaron al primer piso y el señor Mendoza tomó del brazo a Gaitán y se adelantaron un poco a todos a los demás. Al cruzar la puerta del edificio, y cuando iban a empezar su conversación, el caudillo liberal trató de taparse la cara y de retroceder al edificio buscando protección e inmediatamente después se escucharon los disparos. Enseguida después de esto, el líder liberal se desplomó sobre el andén y el asesino se dio a la fuga, pero en la esquina lo atraparon los policías y la multitud lo abordó.

Mientras tanto los amigos con los que se encontraba el Dr. Gaitán se encargaron de conseguir un vehículo para poder trasportar al herido a la clínica y finalmente lo terminaron ubicando en un taxi.

Llegaron a la Clínica Central lo más rápido posible y tan pronto se pudo se colocó al Dr. Gaitán en la mesa de cirugía, pero ya estaba sin signos vitales y casi muerto. Decían los médicos que la muerte le llegó al líder liberal unos quince minutos después de haber recibido los disparos. En la clínica no se pudo hacer nada por la vida del caudillo. Cuando llegó a la clínica era ya demasiado tarde y la gran esperanza de miles de colombianos había muerto.

Seguido de eso, como ya todos sabemos el pueblo colombiano se levantó en contra de todo. El pueblo armado con cualquier tipo de arma, desde piedras hasta metralletas, decidió caminar hacia el palacio presidencial para destituir al Dr. Mariano Ospina Pérez. Durante ese día se produjeron asesinatos, robos, atracos a establecimientos, incendiaron locales, casas, periódicos y hasta el sistema público de transporte.

En la noche llegó la lluvia y opacó un poco los ánimos de revolución del pueblo. Bogotá quedó totalmente destruida. La situación fue tan grave y de tanto caos, que periódicos como El Tiempo y El Espectador que no fueron quemados (como sí pasó con el Siglo, propiedad de Laureano Gómez), dejaron de sacar ediciones durante los días después del 9 de abril, y cuando lo volvieron a hacer no lo hicieron de manera regular.

Ese mismo día el presidente de la república, en las horas de la mañana, se encontraba en la inauguración de la exposición agropecuaria, de camino a palacio el presidente de la republica nota que la gente está un poco alborotada pero no sabe aún porqué. Cuando llega a palacio, la gente que se encontraba en él lo ponen al tanto de la situación y el presidente Ospina queda absolutamente impactado con la noticia.

En palacio, apenas saben de la noticia comienzan las reuniones de ministros, de los secretarios privados, y de las doce secretarías y los oficiales de la Casa Militar que entraban y salían obedeciendo órdenes. Una de las primeras personas en las que se piensa es en el Dr. Laureano Gómez que se desempeñaba como canciller, el Dr. Gómez pide ser trasladado al palacio presidencial pero en una jugada de astucia de la primera dama no se lo permiten porque, en dado caso que caiga el palacio, el señor Laureano pueda seguir dirigiendo el partido conservador.

Alborotos y destrucciones en pleno Bogotazo / Foto: Sady González En el furor de los hechos del “Bogotazo”, los líderes del partido liberal, señores Luis Cano, Darío Echandía, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso Araújo y Plinio Mendoza, llegan a palacio para buscar solución al problema y son claros: le piden al presidente Ospina la renuncia, pero el Presidente se niega rotundamente argumentando que su renuncia no mejoraría la situación sino que, por el contrario, la empeoraría porque no habría quien pusiera orden al problema. Además, argumenta que él al renunciar seria como aceptar un asesinato que ni él ni su gobierno cometieron y que, por lo tanto, asumiría la responsabilidad de otro. A mi parecer fue un juicio valido, el hecho de que el señor Ospina renunciara a la presidencia seria como aceptar que la muerte de Gaitán se produjo por culpa de él, cosa que hasta hoy aún no se sabe.

Los líderes liberales duran un largo tiempo en palacio discutiendo dicha propuesta pero el presidente se niega en todo momento a aceptarla “para Colombia vale más un presidente muerto que un presidente fugitivo”, sostiene el señor Ospina y mientras tanto la ciudad se sigue desbaratando. Lo que queda de ese 9 de abril los liberales se quedan en palacio aunque no porque lo desearan sino por la situación. Durante su estadía salen comunicados en la radio y uno de ellos asegura que los líderes se encuentran en palacio ofreciendo su apoyo al presidente y tanta es la rabia de los señores que obligan a que el presidente haga uno nuevo asegurando que el anterior era falso.

De tanta discusión en la que se encuentran involucrados los lideres liberales, el presidente, los ministros, los militares y algunas veces hasta la primera dama, se llega al acuerdo de que el presidente no se va, pero se compromete para mejorar y estabilizar la situación en hacer un gobierno bipartidista y se decide que de los diez ministros que hay cinco tendrán que ser liberales y los otros cinco conservadores. Entre los puestos que piden los liberales son la cancillería en la cual se encontraba Laureano Gómez y en su lugar es nombrado Eduardo Zuleta Ángel y se pide para el señor Echandía el ministerio más importante que es el de Gobierno. Al día siguiente los respectivos ministros toman posesión de su cargo y la pieza más importante del partido conservador, el Dr. Laureano Gómez, queda destituido y al margen de toda actividad política.

Entre tanto problema la gente olvida la conferencia que se celebraba en esos días en Bogotá. Pero los únicos que no la olvidan son los que eran parte de ella y los que participaban en ella, ante la situación que se presenta en Bogotá muchas delegaciones piden que la reunión se suspenda. El general Marshall se niega a dicha petición y, además, el canciller colombiano garantiza el desarrollo de la misma y dice que lo mejor que se puede hacer es cambiar la sede y por eso todo es trasladado al Gimnasio Moderno.

La estrategia política antes mencionada se da por dos razones, la primera porque el señor Ospina no quería dejar la presidencia, se podría decir porque después de una hegemonía de 16 años de los liberales, y que cuando toca a los conservadores dirigir, no les hace nada bien esta destitución. Además, al hacerlo se les volverían a cerrar las puertas para la siguiente elección. Y segundo, los liberales logran, así sea momentáneamente, alejar al señor Gómez del poder a sabiendas que este era el principal representante de dicho partido.

Para concluir: con el paso del tiempo la situación se vuelve a estabilizar, Bogotá se va recuperando poco a poco, el transporte se estabiliza y los periódicos vuelven a funcionar. Un año después en el mes de noviembre se produce una marcha hacia el centro, por medio de la cual nuevamente se le va a pedir al señor Ospina el cargo, pero esta vez por medio del congreso. Para eso se decide que la Cámara de Representantes lo acusara. Todo sale mal porque el presidente de dicha institución manda una carta al presidente de la republica informándolo de la situación y para lo cual Ospina toma medias.

Como primera parte decide decretar un Estado de Excepción para así cerrar el congreso y que no le abran proceso; pero para eso necesita expedir un decreto con la firma de todos sus ministros y como la mitad son liberales, estos se niegan a firmárselo. Entonces se encierra en su oficina presidencial y hace lo que todo presidente puede hacer sin necesidad de pedirle permiso a nadie y es elegir nuevos ministros, jugada política que aún hoy sigue siendo admirable. Nombra nuevos ministros, todos del partido conservador y les pide que le firmen el decreto como efectivamente lo hacen. De esta manera, cuando llegan los congresistas a discutir la acusación de Ospina el día martes, encuentran el capitolio cerrado y rodeado por el ejército. Por lo tanto, no pueden entrar y de esta manera no se cae el presidente Ospina.

Sin lugar a dudas el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el asesinato del ex candidato presidencial Luis Carlos Galán y el asesinato del fundador de nuestro claustro universitario Álvaro Gómez, son los tres magnicidios de la historia de nuestro país en el sigo XX. Ninguno de los tres anteriores con respuestas de quien los realizó, pero en la memoria de los colombianos cada uno de estos crímenes tiene un autor, que la Justicia, aunque tiene la certeza moral de quien lo realizó no tiene la certeza legal para acusarlos, y por eso seguirán en la impunidad.

 

Carlos Alberto Salinas Sastre

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