Pasarán años -y tal vez siglos- para que vuelva a florecer y transitar por nuestro desprestigiado Congreso Nacional una generación de oradores, políticos e intelectuales como la constituida por el grupo denominado “Los Leopardos”. Esta singular estirpe fueron cinco privilegiados del talento, la pluma y la elocuencia, que hicieron su aparición en los últimos gobiernos de la hegemonía conservadora, iniciada en 1886 con Rafael Núñez, y tomaron su nombre en honor a tres ágiles y combativos leopardos que pertenecían a un circo de fieras mexicano que visitaba por ese entonces la soñolienta y fría capital de la República.

Fueron sus integrantes, el chocoano Eliseo Arango, el santandereano José Camacho Carreño, el antioqueño Augusto Ramírez Moreno, el caldense Silvio Villegas Velásquez y el huilense Joaquín Fidalgo Hermida, quien se apartó del grupo al poco tiempo de haber iniciado la batalla.

Nacidos a comienzo del siglo XX -entre 1900 y 1903- y fallecidos en la década del 70 -salvo Camacho Carreño que pereció trágicamente en Puerto Colombia en 1940- estos “colosos de la oratoria”, de los claustros universitarios saltaron vehementemente a la arena política para expresar sus voces de inconformismo y rebeldía contra los vetustos y desgastados dirigentes del Partido Conservador.

Graduados con máximos honores en la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional -donde se conocieron- y de beligerante ideología conservadora, “Los Leopardos” demostraron ser un grupo solidario que, habiendo llegado de la provincia, irrumpió abruptamente en la envejecida aristocracia bogotana para darle una nueva fisonomía al maltrecho Partido Conservador, deteriorado en esos momentos por la apatía de sus gobernantes, la profunda crisis económica reinante y el despilfarro monetario que propiciaron Pedro Nel Ospina y Miguel Abadía Méndez, a raíz de numerosos empréstitos extranjeros. Fue la intención de “Los Leopardos” presentar al Conservatismo como un organismo progresista, amante de la cultura revolucionaria de la civilización.

Querían contrarrestar el concepto muy difundido en la Universidad y en Colombia, de que las ideas conservadoras eran obsoletas y estaban rezagadas de la Modernidad y totalmente mandadas a recoger. Por esto, se dedicaron con toda energía a renovar los viejos programas del partido, la monótona oratoria política y la literatura costumbrista nacional. Era la primera vez, en la historia de nuestro país, que un grupo juvenil reclamaba la jerarquía intelectual política para quebrantar la vieja costumbre de que únicamente las “vacas sagradas” o el cenáculo de ancianos tenía autoridad para dirigirse a su partido y a la Nación.

La solidez intelectual de “Los Leopardos” se fundamentó en la desaforada lectura que realizaron sobre reconocidos autores mundiales de pensamiento tradicionalista, católico y reaccionario. Sus predilecciones fueron los padres de la Iglesia y los jefes de la monarquía. Así, lograron consolidar un concepto autocrítico y firme de la política, que en 1924 los impulsó a suscribir en conjunto el Manifiesto Nacionalista inspirado en la “Encuesta sobre la Monarquía” que fue la Biblia de la acción francesa. De aquí afilaron sus garras ideológicas y oratorias para originar en el Congreso encendidos debates a causa de la masacre de las bananeras en 1928 y, más tarde, brillar en todo su esplendor en tiempos de la República Liberal iniciada en 1930 con Enrique Olaya Herrera.

De esta época son famosos los “duelos oratorios” que al lado de Laureano Gómez -otro gigante de las palabras- libraron contra prestigiosos tribunos liberales, como Gabriel Turbay Abunader, Jorge Eliécer Gaitán, Antonio José Restrepo y César Ordóñez Quintero. Y hoy, cuando los colombianos vemos con tristeza que la oratoria se ha venido a menos y han desaparecido totalmente los grandes tribunos, sólo nos queda conocer la vida de estos famosos personajes, que con su sabiduría y prestigio ennoblecieron los claustros universitarios, las plazas públicas, las academias y nuestro vapuleado Parlamento Nacional, que hoy infortunadamente se encuentra asediado por la inmoralidad, la incompetencia y la corrupción.

 

Eddie José Daniels García

Reflejos cotidianos
Eddie José Dániels García

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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