En los procesos políticos de los últimos años en Colombia se vislumbra un fenómeno que, de manera un poco subjetiva, lo podríamos llamar política inversa; parodiando lo que en el plano académico conocemos como ingeniería inversa. La ingeniería inversa se implementa para mejorar o descubrir los principios tecnológicos de un producto para permitir más eficiencia.

La política inversa (en el sentido contrario al verdadero significado de la acción política como tal), en Colombia se utiliza para desvirtuar al opositor o candidato a una corporación pública por elección ciudadana, en este caso al que nos referimos. Es así que estamos notando una acción política sucia, que desvirtúa la esencia de un pensamiento en busca de un país con más justicia social y desarrollo sostenible, podría ser esto o el afán por persuadir al ciudadano común y corriente que no se informa de las realidades políticas, económicas y sociales del país, tratando de llevarlo o meterlo a la línea de la campaña política que tiene como objetivo el uso de la política inversa para quitarle adeptos a otro candidato que posiblemente tiene una mejor aceptación.

Todo este sistema de desprestigio ha contado con la utilización de las redes sociales que, gracias a su influencia, permite que la información se comparta sin análisis previos o contrastación de la información compartida. Tanto ha incidido este modelo sucio de desprestigio que algunos candidatos -confiados en las personas que replican la información- caen en la trampa de los que buscan confundir más al electorado colombiano.

Esta forma de actuar también ha desenmascarado a ciertas personas que, por el afán de favorecer a sus candidatos de preferencia, repiten como loros las críticas carentes de realidades (en muchos casos fuera de contexto legal), haciendo daño a personas que después quedan en la mira del odio, solo porque alguien tergiversó la realidad. Algunos toman al docente como mazo para golpear. Y lo peor es que, dentro de este grupo de personas que fustigan creando cizaña, se encuentran individuos honorables que creíamos muy serios y respetuosos.

En el andamiaje de desprestigio se puede notar posiciones desprendidas de personas o agentes coordinadores de campañas que como emisarios del mal sustraen de los viejos formatos utilizados por el padre de la propaganda naziJoseph Goebbelsc, quien en uno de sus principios de propaganda proponía “El Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

Lo peligroso es que una campaña de conflictos no le favorece en nada al país que necesita una información real y acorde con las necesidades de debatir las propuestas de progreso, ya que debe triunfar el candidato con el mejor programa, dispuesto a solucionar los problemas de salud, desempleo, educación y otras cuestiones.

La proliferación de esa política mañosa y poco sería pretende desfigurar la verdad de la Colombia que ha estado bajo el manejo de las esferas sociales y políticas de antaño que han permitido descuadernar nuestra Constitución Política para adaptar el país a su antojo, la misma que quiere solucionar los huecos fiscales con innumerables impuestos a la clase trabajadora de Colombia, ésa misma que con permitir leyes laxas se vuelve cómplice de los que a diario  llevan a Colombia al descalabro total e impedirles igualmente su llegada a los centros penitenciarios del país.

 

Luis Alcides Aguilar Pérez.

@Luisaguilarp

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Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones; Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones; Chiriguaná. Historia y Cultura. Novela inédita “¡Y la culpa no es de Dios!”

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