Música y folclor

En clave de Tango

Jairo Tapia Tietjen

14/05/2018 - 06:50

 

 

El Tango condensa una amalgama idiomática de vocablos aristocráticos y jergales de oscuro origen, pues la música refleja la trayectoria de la sociedad, su lucha de clases, enturbiando y enriqueciendo el idioma en abigarrado concurso de palabras crudas, burguesas, proletarias y jergales, que datan de siglos.

Los tropos y sinécdoques más audaces de Góngora, en el siglo 17, escrito en octavas reales, con Polifemo y Soledades, o como apreciamos en J. Hernández, en el 19, con Martín Fierro, lo demuestran: “Empezó a hacer morisquetas / y a mezquinar la garganta pero yo hice la obra santa  / de hacerle estirar la jeta.”

Para 1906, con música criolla de Pacheco y Pico y composición de Francisco Payá, apreciamos: “Prendidos como lapas / y dispuestos de este modo / con sus labios en mis labios / y sus ojos en mis ojos / mientras marco de un tanguito /  las quebradas de mi flor /  voy volcando en sus oídos  /  mis ternuras y mi amor”.

Las metáforas democratizan el léxico. Desde la época del romanticismo, contrario al espíritu idealista que consideraba que la realidad debía trasuntar embellecida a través del arte, "elegir y esconder", o sea selección de palabras. De allí el realismo exige la igualdad en el universo de las palabras, sin emplearlas a la topa tolondra, lo cual en la infancia plebeya del lenguaje español, como anota Américo Castro, hace a un lado el vulgarismo, tan alabado en "Cuento de cuentos" de Quevedo, representado democráticamente en la prosa, la pluma lírica y en las canciones, donde se enturbia y al mismo tiempo enriquece la lengua literaria, despreciando la pudibundez del eufemismo, escribiéndose con crudeza, codeándose la chusma de la jerga con las sabias  voces de la ciencia, de la filosofía y con las poéticas de encendido lirismo.

Tanguística en desarrollo

En Uruguay se cultiva la Milonga o "criolla", mientras que en Buenos Aires se le llamaba "porteña". "Esto de cantar milonga / Nunca me suele gustar / Porque no hay perros ni gatos / Que no la sepan cantar".

La nueva coreografía porteña es mencionada a finales de la década de 1980. Es Tango como una danza que se baila con corte, asociada con la coreografía porteña de los bailes libres, en palabras del investigador Carlos Vega (1898-1966). Las orquestas incorporan el tango a sus repertorios desde 1892, lo cual es aceptado por los aristócratas, plebeyos, compadritos, malevos y orilleros.

Vega nos ilustra que la bella música del tango, con su prosapia real y sus ilustrados antecedentes, se desplomó en el lupanar y rodó desde entonces acusada de infamia, motejada de sensual, acusada de africana ... ¡Pero se estaba bailando el Tango!

A la música del tango se le aplican los elementos del nuevo estilo porteño, procedentes de otras danzas europeas de compás diverso como el Vals, Polka, Mazurca y el Chotis alemán, los cuales se combinan en un solo compás, ajustándolo a la rítmica del tango.

El secreto del tango argentino es realizar el milagro de insertar la figura en el enlace. Fundamentalmente, el tango es una coreografía, como toda danza: desplazamiento y actitudes, plan de evoluciones, conjunto de principios de moción coreográfica, la regularidad de sus bases de acción, lo cual producen y organizan en el tiempo la suma de imágenes específicas de la danza, que identifica su estilo o modo de bailar.

Otros componentes son la caminata, el corte y la quebrada; estos últimos son el eje de la improvisación y las figuras coreográficas que adornan la danza, conocidas como "firulete". El baile tanguero está construido sobre cuatro componentes básicos: el abrazo estrecho, sumamente sensual y complejo. En este la expresión facial de la pareja debe expresar sentimientos. Los cuerpos acompañan la cadencia del tango, en un romance de tres minutos de dos personas que muchas veces son apenas conocidas. Tiene cadencias tristes, alegres, sensuales o eufóricas, en expresión de sentimientos transportados por los pies y el cuerpo todo de los bailarines.

El tango es música de fusión social, en su ritmo y clima nostálgico se empareja con la habanera cubana, emparentado con el tango gitano, africano, brasileño, español y andaluz en su evolución musical y de baile. En él aflora la identidad de los habitantes del Río de la Plata, a pesar de la negación obstinada de algunos de sus compatriotas, desde donde se traslada a París, y toma auge mundial. Fue la culminación de contornos sociales para construir el tango, con el triunfo ecuménico de su coreografía, en donde los danzantes hacen su aporte personal, melódicamente acompañados por el compositor y los versos del poeta.

Desde 1800 se conocía el vocablo "tango" como lugar de baile, saraos, fiestas o diversión de negros. Es curioso el decreto aparecido en La Habana en 1900: "Queda prohibido que transiten por las calles de esta ciudad las agrupaciones o comparsas conocidas como tangos, cabildos y claves, alegorías y objetos que pugne con la seriedad y cultura de este país."

Se registran versos de canciones (1870), tales como:

"Esclavo, niñas mías  /  Del África he venido" ( habanera ). "Muchachas yo soy un negro /  Todo  azúcar, todo miel" ( Vals ). "De nuestra patria africana  / No extrañamos el calor" (chotis ).

Y como casi todos, el tango luce su estribillo: “Bueno es negrito  /  Que anda con pausa  /  Que si no ... loco  /  Te volverás".

Otro para 1880 decía:  "Pero Manuela / Manuela por caridad / bailá este tango conmigo /   y llévame al hospital".

Es común decir que el tango se baila "escuchando el cuerpo del otro", donde juntos y sin soltarse realizan figuras, pausas y movimientos improvisados. La escritora argentina Alicia Dujovne, lo describe así: "Un monstruo de dos cabezas, una bestia de cuatro patas, lánguida o vivaz, que vive lo que dura una canción y muere asesinada por el último compás."

Tango  y  Literatura

Ernesto Sábato (1911-2011), comenta en su libro "Tango: discusión y clave" (1963), que el tango es un género musical y una danza de condición híbrida, característica de la región del Río de la Plata y su zona de influencia, principalmente de las ciudades de Buenos Aires, Argentina, y Montevideo, Uruguay, donde los esclavos organizaban sus "tambos" o "tangos", sitios de baile. Luego de abolida la esclavitud ríoplatense, en 1813, surgen las academias, milongas, pirigundines y conguelas, en las que se iría formando el tango, con influencia de la habanera cubana, y el tango andaluz español.

Viejos tangos recordamos como el fragmento de Luis Benedicto Valencia, "Viejo farol":"Viejo farol que alumbraste mi pena / aquella noche en que quise olvidar / hoy veo tu luz taciturna y enferma / cual si estuviera cansado de alumbrar / tú la recuerdas, yo la recuerdo / cómo mentía jurándome amor / hoy en la bruma del tiempo me pierdo/    llorando la angustia de mi decepción".

Hasta llegar al siglo de luces y sombras, progreso y miserias, donde el tango es laureado por Gardel, el Morocho de Alabastro, el que canta cada día mejor, el cual perece en trágico accidente en el Medellín, de hace 83 años en ese 24 de junio de 1935. El Gardel abrazado a un personaje de plenitud romántica, que no pretende contemplar maravillas, sino vivir con ellas; ciego ante los imponderables del destino, al cual contempla desde lo alto; tal como Borges plasma en cavilaciones sobre el tiempo, la muerte y la eternidad; intrincada red en un Universo como laberinto, en juego sutil de asociación de ideas y de símbolos, en una tragedia final casi anunciada, mito que en Camus y Gaitán Durán atrae a generaciones que han vivido en el clima del paroxismo de la crueldad y de la  muerte violenta en ambientes marginales, como en los cuentos borgianos, con sus fatalismos desnudos por los problemas sociales, egoísmos individualistas.

En ese ambiente tanguístico, Luis Vidales, en 1904, en la Bogotá de la generación de Los Nuevos, recita en el café Windsor, su poema "La música", en presencia de Alberto Lleras, De Greiff, Rafael Maya, Carlos Tapia, y Jorge Zalamea: “La orquesta es un extraño surtidor, la música se riega, sobre las cabelleras, pasa largamente por la nuca, de los borrachos dormidos, recorre las aristas de los cuadros, ambula por las patas, de los asientos, y de las mesas, y gesticulante, quebrada, va pasando a rachas por el aire turbio."

Bella página de ese tango alucinante es compuesto por Lepera y Gardel, "Volver": "Yo adivino el parpadeo de las luces / que a lo lejos van marcando mi retorno; son las mismas que alumbraron / con sus pálidos reflejos / hondas horas de dolor. Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor. / La vieja calle donde el eco dijo: tuya es mi vida, tuyo es mi querer, / bajo el burlón mirar de las estrellas  /  que  con indiferencia  hoy  me ven volver."

"Los argentinos sentimos cierta identidad con el gaucho", revela Jorge Luis Borges (1898-1986), y agrega, "nuestra historia es breve, después de mayo de 1810, vino la revolución, las sangrientas guerras civiles, la guerra con Brasil y la secuela de lamentables dictaduras, que coinciden en toda Latinoamérica”. Luego, dijo profundizando, “tenemos los complejos destinos y la rutina human, la dicha y luego la muerte. No obstante, hay dos cosas siempre presentes que nos inspiran: la llanura y el arrabal, o el gaucho y el compadrito, tan importante en nuestras letras desde los diálogos de Hidalgo hasta las novelas de Guiraldes, en donde ese trabajador de hacienda se ha dado en todo el continente: el caporal, el capataz, vaquero, llanero, con un destino semejante de riesgo, desigualdad y soledad. Un personaje semejante lo encontramos en los arrabales de Buenos Aires. Se le llamaba el Bajo, desde Palermo. Regiones pobres y modestas, donde se encontraban jinetes, muchos perros. En página de Lugones sobre Sarmiento se habla de los peligros de esta región. Oscuros duelos en una esquina, y los cantos a las tristezas del amor y del destierro, en sainetes que acentuaban los rasgos diferenciales del habla del compadrito, sin acumular artificialmente el lunfardo, como lo hicieron con jocosidad Contursi, Gardel o Discépolo en tangos y milongas representadas ante un público culto."

El compadrito se veía como un gaucho orgulloso de pertenecer a su barrio o arrabal, palabra que campea en una milonga de Homero Manzi, "Milonga del novecientos." En  el poema "El Guapo", encontramos la presencia fundamental del personaje común , tema que Borges trata en su cuento "El hombre de la esquina rosada", episodio originado en un prostíbulo, como muchos episodios contados en los tangos, donde se encuentra un individuo históricamente impulsivo y lanzado en  la épica del arrabal, que pelea, no por disputa de una mujer o dinero, sino que prueba al otro que es tan hombre como él: "El barrio lo admira, cultor del coraje  / Conquistó a la larga renombre de osado. / Se impuso en cien riñas entre el compadraje / Y de las prisiones salió consagrado.

En otras coplas populares se perciben, desde la época de la tiranía de Rosas, esa voz y el tono del compadrito: "Soy del barrio Monserrate / donde relumbra el acero. / Lo que digo con el pico  /  Lo  sostengo con el cuero".

Borges desde sus tempranos 23 años era un catecumenista del ultraísmo español, tendencia de la vanguardia antirrubendariana, y por ende anti Lugones, lo cual, más adelante, junto al criollismo, desprecia y ataca por sus percepciones, rosario de imágenes sensuales, plásticas y llamativas, que con Borges tanto influenciaron a los aprendices de poetas en la insurgencia literaria hispanoamericana, especialmente cuando Borges regresa a su ciudad nativa, en 1923, abandonando su refugio literario del Café Colonial de Madrid, donde su mentor ultraísta Cansino-Asséns, había instalado su "diván lírico", para entonces culminar su retorno en su  manifiesto lírico, "Fervor de Buenos Aires", exaltando a Lugones, al que llama "padre y maestro mágico"; poco después de firmar donde proclamaban su posición ante el arte: "debe traducir la emoción desnuda, para ello hay dos imprescindibles medios, el ritmo y la metáfora. El elemento acústico y el elemento luminoso. El ritmo no encarcelado en la métrica y, la metáfora, curva verbal que traza, entre dos puntos, el camino más breve."

 

Jairo Tapia Tietjen   

Esp. Estudios Literarios - Gestor Cultural

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

WikiLetras

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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