Opinión

Rosita entre las flores más bonitas

Yarime Lobo Baute

15/05/2018 - 08:05

 

Rosita Dávila Cuello / Foto: archivo Yarime Lobo Baute

 

Valledupar, en especial la del corazón, ésa que se levanta en su centro a través de calles que imitan el damero español y que cuando las miras con los ojos del maestro Leandro Díaz no son otra cosa que vías férreas con formas de cadenetas de ADN que te permiten ir y venir de la tierra del retorno con amor y asombro porque en definitiva se niega a caer en la tierra del olvido.

Me hallaba allí, en la Carrera 6, entre las Calles 14 y el Callejón de la Purrututú, en la mitad del tramo estaba aquella casa que hoy bautizaron literalmente como “La Casa de Taty”.  Hoy, es un hostal que acoge a propios y extraños de la misma manera como lo hacía Beatriz Lora Molina la hija de la patillalera Cristina Molina Hinojosa, la que apodaron Taty, sólo que ahora lo hace alguien que guarda algo de sus rasgos: su nieta, la hija de la única hija que tuviera porque el resto que pariera fueron varones, esa hija es Josefina Arregoces Lora, más conocida con el apodo de “Finacha” y esa nieta es Luz Marina Rosenow Arregoces, quien en tiempo presente es quien te recibe y la llaman “Luzma”.

Mi mente se traslada a aquellas épocas en que mi madre Elizabeth me llevaba a visitar a la tía abuela Beatriz. Cariñosamente la llamaba “Tía Taty”, me llevaba mi madre junto a mi hermana Yolima, nos vestía igualitas, me causaba risa, porque parecíamos envuelticos en servilleticas que guardaban sorpresitas o frutos cubiertos en vestidos idénticos que daban fe de aquellas pinceladas tipo semilla que se gestaron en el vientre de Elizabeth, y ella, orgullosa, nos presentaba ante su parentela como fruto preciado resultado de ese cruce entre el Sur y Norte de las tierras de Zazare. Allí llegábamos a visitar a la tía abuela, a quien recuerdo elegante, alta, espigada, de cabello largo hasta la cintura, dulce, muy dulce en su trato y con una especial destreza gastronómica que brindaba para degustar y enseñar a todo aquel que lo quisiera replicar. Tía Taty era una de las hermanas mayores de Carmen Cristina, primas hermanas del pintor Jaime Molina, esta última era mi maravillosa y amada abuela, la esposa de Camilo Apolo, el hijo mayor de Mamá Martina Pavajeau Medina.

Me subí a la acera del frente, sobre el andén que bordea la casa que da frente con frente con la de tía Taty, que no es otra cosa que la casa paterna de nueve damas elegantes y distinguidas conocidas y reconocidas en toda la comarca como las hermanas Luque Soto, mujeres que respiran y transpiran por los poros esas buenas maneras que les viene de cuna y una de ellas lo abandera con tal naturaleza y destreza que hizo de su estilo de vida una profesión, donde la etiqueta y protocolo matizó su nombre compuesto Carmen Cecilia dando paso a un apodo que hace gala de sus formas y maneras naturales “La Dama”. Desde allí miraba con nostalgia y ensoñación la casa de mi hermosa tía abuela Beatriz, porque valga precisar que así fueron y siempre serán las hermanas Lora Molina: mujeres bonitas en toda la extensión de la palabra porque su belleza desbordaba sus cuerpos y se esparció en las almas, mentes y corazones de sus descendientes, en especial las mujeres. Estaba allí cuando, de repente, todo se hizo color, comenzaron a sonar silbatos y bocinas, era el Tren de Los Buenos Tiempos que bajaba por el carril de la sexta y se detuvo a mi lado para abrirme las compuertas en una clara invitación a subirme y llevarme a algún paraje distinto pero enlazado a ese lugar donde me recogía.

Ver la carrilera por donde circula el tren es, en definitiva, el equivalente a ver las cadenetas del ADN existencial de mi pueblo, los carriles, contracarriles y las traviesas parecieran la danza de dos amores lineales y paralelos que se entrelazan entre si asemejándose a una trenza de la que salen de cada línea, otras líneas o traviesas organizadas una a una equidistantes entre si y llenas estas de chaquiras de colores que fluyen y conectan los dos carriles por donde circula alegre y orondo el tren de los Buenos Tiempos cogiendo por aquí y allá al juicio y parecer de ese álbum que congela en espacios de tiempo e imágenes cargadas de magia y color la vida misma de este Valle de árboles secos que florecen y resplandecen en tonos amarillos y morados cada tiempo en el año.

Subí decidida al colorido tren e inmediatamente comenzó a sonar una guitarra que puso en evidencia que no estaba sola en el vagón, va en otro de los asientos un personaje semejante a un Ángel del Camino que se hace llamar Hernando José Marín Lacouture cantando contento una canción que compusiera por allá en el año 1992, nuestros ojos se entremezclan como si fueran dos gotas originarias de las aguas del rio Cesar, no era para menos tal sensación, estaba frente a un trovador que me mira con ojos de ensoñación y me dice: “Que el cascabel de tu risa me acompañe a cantar”. Solté la risa ante tremenda invitación y me senté junto a él, comenzamos a cantar mientras el tren de los Buenos Tiempos emprendía su trayecto rumbo a la Guajira buscando un paraje que está prendando con el Cesar.

Era un día domingo, donde se detenía aquel tren que hace que los tiempos siempre se sientan más que buenos, era una población pequeña y familiar, mientras buscaba el corazón de ese pueblo que baña el rio Cesar. ¡Zuaz! Mis ojos avizoraron por el parque un hombre para mis gustos precioso, de ojos color cielo, cuyo brillo adquiría un matiz luminoso cada que se acortaba la distancia cuando sus pasos presurosos lo acercaban a aquella iglesia de ese pueblo que dicen es de propiedad de un hombre santo que además está bautizado por las aguas del Río Cesar.

Manuel Germán Cuello / Foto: archivo Yarime Lobo Baute Ese mozo precioso se llamaba Manuel Germán, se me pareció tanto a aquel personaje que leía en aquella historieta emanal que me solía comprar mi papá Elfido en aquella droguería de una esquina de Valledupar atendida por mi querido y sentido Orlando Nieves. La llamaban “Vida”. Esta historieta mágica titulada “Kalimán” me hizo sentir pequeñitica, semejante a un chapulín y mis antenitas chapulinas se alertaron al ver la figura de ese hombre alto y elegante hasta el Cuello, se alertaron mis antenitas no por percibir la presencia del enemigo, sino por el preludio de un espectáculo que solo el sentimiento del más grande de los mandamientos puede lograr en un ser humano. Era tanta mi curiosidad que me quedé expectante para saber “qué” o “a quién” era lo que ese bello hombre buscaba o esperaba ver o recibir. Cerré mis ojos por un instante y dejé de estar en San Juan para transportarme mágicamente en un abrir y cerrar de ojos a la tierra de la Santa Marta, era la catedral de ella, de la Santa, la casa matriz de toda esta tierra de la Provincia de Padilla.

Era claro para mí que aquel hombre de ojos azul diáfano y profundos, mirada cautivante de nombre Manuel Germán, seguía unas huellas que cambiaron abruptamente el curso de mi tren para llevarme a Santa Marta de ipsofacto. Llegó mi tren impregnado de los colores del ADN del gran triángulo sagrado que llaman Sierra Nevada, y supe que estaba en un solemne espacio que llaman “La Catedral”, vi a ese hombre de ojos del color de mi Kalimán. Lo vi decidido, sin pensarlo o tal vez porque lo pensó más de dos veces fue hasta allí, desde el umbral de la puerta lateral esperaba ávido el fin de su pasión y ansioso dio vueltas y vueltas para ingresar por la entrada principal de aquella catedral donde esperó expectante y decidido. No le quitaba mi mirada a este hombre y lo que tanto buscaba, cuando en la salida de la misa, entre toda esa romería de gente como lámpara luminosa se hace evidente la presencia de una alta, espigada, elegante y perfumada dama, era una impactante y preciosa mujer que parecía contener en si misma todo un jardín de rosas y no era en vano tal percepción, pues así se llamaba esa mujer: Rosita, ¡y bien que hacia mérito a tal nombre! Salía esta mujer llena de gracia quizás por recibir e interiorizar el sermón de aquel día o tal vez porque era su gracia natural, cuando sus ojos se cruzan con los de Manuel Germán, experimentando ambos en aquella mirada la más hermosa expresión de afecto que antes sólo percibieron fraternalmente de sus hermanas, tías, tíos y progenitores.

Pestañeo por instantes en aquella tierra que apodan “la Perla del Caribe” y mi tren me tiene de regreso en esa tierra del Santo que bautiza. Estoy en una iglesia que se parece a la catedral, la tierra que conquistó ese español que llamaron Rodrigo de Bastidas, es la Iglesia de San Juan, San Juan del Cesar, aquella tierra que acogió un tiempo más atrás a Manuel Germán.

¿Pero quién era este hombre llamado Manuel Germán? Era oriundo de La Junta (Guajira), hijo de Esteban Cuello Maestre y Margoth Gutierrez Daza, quien pareciera haber leído más de un “paquito” que lo hacía consciente de los preceptos de aquella historieta que titulaban “Kalimán”, parecía bien saber que “el que domina la mente lo domina todo”, pues no en vano se instruyó en temas contables, para saber con acierto lo que entra y sale para prever lo que proyecta hacia el futuro, fue así como llegó a San Juan este hombre para trabajar con el incansable hombre de miles labores conocido como Rafael Lacouture Mendoza, dueño de un próspero almacén que requería en aquel entonces organización contable: circunstancia que a Manuel Germán le permitió no solo llegar, sino conocer a muchos de sus contemporáneos y mayores para estrechar amistades no solo con ellos, tuvo en cuenta que en ese pueblo los días domingos eran los días destinados para compartir momentos y cosechar amistades, iba sagradamente a misa de domingo, allí pudo conocer varias jóvenes custodiadas por los preceptos formadores del Sacerdote de esa Iglesia, más conocido como el Padre Dávila. Uno de esos domingos al finalizar una de estas misas la conoció a ella, a Rosita y tuvo la oportunidad de sostener varias conversaciones que, después las prolongaron con habitualidad en casa de los Dávila Celedón.

¿Pero quién era el Padre Dávila? Se llamaba Manuel Antonio Dávila, todos le seguían, respetaban y admiraban, era el equivalente a un custodio de los principios y valores de la institución más importante de ese pueblo: La Familia. Lo que más me impactó fue saber que custodiaba literalmente junto a dos mujeres esa casa conocida como el Hogar de los Dávila Celedón, donde era evidente que había un papá de tres hermosas jovencitas que se llamaban Clara, Rosita y María. Este papá se llamaba Daniel, su mirada era algo melancólica, se mantenía leal a aquella mujer de nombre Cerveleón y apellido Celedón que había sido su esposa y al traer a la última de sus hijas su vida se apagaría dejándolo en desconsuelo y con la promesa silenciosa de guardarle luto y mantenerse solitario hasta el último de sus días en esta tierra. Daniel era el hermano del Padre Dávila.  ¿Y quiénes eran las dos mujeres? Se llamaban Gertrudis y María, su apellido era Celedón, eran las hermanas de Cerveleón y la última de ellas (María) nunca se casó por dedicarse en cuerpo y alma a esas tres preciosas niñas que trajera a este mundo su hermana fallecida, cuidados que fueron definitivos para llenar muchos de los vacíos maternales de las infantes.

Fui comprendiendo entonces la tamaña hazaña que tenía que sortear este hombre de nombre Manuel Germán a quien algunos apodaron “Man”, enamorar a una mujer levantada en un hogar resguardado y custodiado por la primera autoridad religiosa en ese pueblo no era cualquier cosita, entendí su ansiedad y el poder que le daba el sentimiento para en medio de su recato y timidez atreverse a incursionar en los terrenos del enamoramiento. Ver a Manuel Germán era como ver un verso que motiva el sentimiento de un hombre que se ha entregado sin medida. Ver a Rosita era descubrir en el polen de una flor la huella que dejó un suspiro enamorado.

¿Pero además de toda esa belleza que desbordaba el empaque externo en el que moraba el espíritu de esta cautivante mujer, ¿quién era Rosita?  Rosita Dávila Celedón, más conocida con el apodo de Chita, vino al mundo un 30 de septiembre de 1921, cuando gobernaba a Colombia el humanista Marco Fidel Suaréz. Nació en San Juan del Cesar, tierra que se llama así en honor a Juan Bautista, estos dos hechos históricos marcaron su carácter existencial: Una condición a todas luces humanista y una devota a la nobleza y santidad del varón.

La persistencia, insistencia y resistencia por fin dio su fruto. Rosita aceptó ser la novia de Manuel Germán y este supo que, más allá del logro, su visión debía expandirse. Más que novio quería ser esposo y para serlo tenía que garantizar el cuidado y protección de la Rosa más preciada del Jardín de los Dávila Celedón. Eran los tiempos del gobierno de Alfonso López Pumarejo, cuando éste ejecutaba su programa “La Revolución en Marcha”. La necesidad de vías permitió que reiniciaran la reconstrucción de la carretera de Riohacha a Valledupar que en 1922 había trazado el gobierno de Pedro Nel Ospina. El tramo carreteable a realizar, paralelamente exigió el traslado del Distrito de Obras desde la tierra de Padilla hasta la cuna del Cacique Upar, y para ello nombran como Jefe de la Oficina aludida al Ingeniero Silvestre Dangond Daza, quien conocía bien el trabajo de Manuel German y sus ávidos anhelos de emprender para prosperar y ofrecer así una condición de vida digna a la mujer del cual se había enamorado. Es así como su anhelo se materializa y es nombrado Secretario de la Oficina con un sueldo nada despreciable de 70 pesos, de igual manera fue vinculado uno de los hijos de Mamá Martina Pavajeau Medina, el tío abuelo Guillermo Baute Pavajeau, y los señores Ulises Sánchez, Carlos Vidal Bruges, Alberto Richulli Gómez, Miguel Gnecco Navas, Joaquín Campo Maya, Ciro Pupo Martinez y Enrique Aarón Ayen, quienes terminaron siendo muy buenos amigos de Manuel Germán.

Me senté en esa plaza emblemática de San Juan junto al Ángel del Camino, comenzamos a cantar alegres y le hacia los coros a este hombre bigotón que si no fuese por la guitarra y el canto bien podría ser el célebre escribano Gabriel García Márquez, porque sí que sabe conjugar y hacer sonar como cantos celestiales las letras este trovador. Cantábamos en especial estas letras: “Nace en la nevada el río Cesar, pasa por San Juan la tierra mía, En su cauce de agua cristalina, Donde una sanjuanerita todos los días se va a bañar”. De repente aparece Rosita de la nada, iba camino a la iglesia y en su mano empuñaba una figurita, la observé atentamente las veces que llevaba su mano ante sus ojos, era un santo tallado en miniatura, San José, al parecer era el de su máxima devoción.  San José es la figura religiosa en el acontecer católico que refleja el deseo y la práctica de la paternidad. Hernando guardó silencio prudente mientras analizaba el pasar de Chita y una vez estuvo lejos prosiguió su canto así: “Contemplándote bonita, Viendo tu cuerpo que brilla, Como el agua del Cesar, Y el murmullo de la brisa, Y el cascabel de tu risa, Me acompañan a cantar”. Ambos guardamos por un momento silencio un silencio que se hicieron días y noches donde veíamos ir y venir a Rosita a la Iglesia, empuñando siempre el santo de su devoción.

Pero hubo un día que se hizo único y muy especial. Era fin de semana cuando volví a ver a aquel mozo espigado de ojos azules, estaba acompañado, era una mujer llamada Rosa Elvira Sierra Cuello, era su hermana, con quien residía en Valledupar, el hombre había llegado a concretar su gran sueño y hazaña: pedir formalmente la mano de Rosita, no hubo impedimento, antes por el contrario, los ojos de Rosita se hicieron más brillantes, empuñaba su manita como si corroborara la respuesta a sus oraciones, fue así como acordó como fecha de matrimonio el dos de marzo de 1942.

Todo era risas y alegría, la espera se hacía larga por la ansiedad de unir sus vidas bajo el santo sacramento de matrimonio cuando ocurre algo inesperado, de la misma manera como en un momento Cerveleón partió, partiría Daniel, quien muere de repente ante la mirada impotente de su amada hija Rosita quien entre lágrimas desistiría de la celebración social de su matrimonio, más no del acto que santificaría su unión que presidió su amado tío, el Padre Dávila, acompañado de los testigos Erasmo Eugenio Lacouture y Rafael Lacouture Mendoza. Fue un acto solemne, el ambiente era mágico a pesar del duelo por la partida de don Daniel, la magia del Amor impregnaba de aromas florales cada rincón de esa iglesia, se veían impecables, bellos, puedo decir con toda seguridad que si se tratara de ver a los muñecos Ken y Barbie que solía traerme el niño Dios los diciembres a escala humana, ya mis ojos los estaban viendo, era un espectáculo visual ver casar a dos personas cuyo amor estuvo tan arropado por costumbres sanjuaneras, en especial esa de entregar el corazón, de ser sincero y tener buena voluntad, todo ello estaba allí cifrado y concretado en esa postura de los anillos como símbolo y sello de un amor a prueba de pruebas.

Suspiro profundo, el ambiente no daba para menos, Manuel Germán feliz toma de la mano a su Rosita y emprenden camino a Valledupar en un bus que llamaban cariñosamente “La Chiva” y conducía un amable señor llamado “Chemita” Daza. Paralelo al  bus y a una distancia prudente el tren de los Buenos Tiempos le sigue, dentro vamos Hernando y yo, la brisa hace parecer faldas de pilonera los bigotes del trovador, reímos y cantamos a todo pulmón en un unísono: “Sanjuanerita tú, eres entre las flores de mi Guajira la más bonita, blanca como las aguas como la arena de mi provincia, te canto y te cantaré, por toda la vida, te canto y te cantaré Mi sanjuanerita”.  No pasó mucho tiempo cuando el tren se detiene junto a la Chiva en aquella Carrera 6, lo hace en una casa que queda diagonal a la de la Tia Taty, al lado de la casa de las hermanas Luque Soto, desciende de la Chiva la Angelical dama sanjuanera al lado de Manuel Germán para tomar posición en esa casa que le tenía preparada como hogar quien esta vez fuera su esposo, se notaba a todas luces la capacidad de este hombre para armonizar los pequeños detalles, todo lo tenía organizado para que a Chita Dávila no le faltara nada, toda la casa estaba equipada: la cama, los muebles, la alcoba, los utensilios, las vajillas, las cortinas, la estufa, la nevera, los vecinos, los amigos y la ratificación de su incondicional amor. 

Me impactó tremendamente la forma como fueron recibidos por los vecinos. Estaban los esposos Enrique Maya y Martha Martínez de Maya, Elvira Celedón, Casimiro Raúl Maestre, Sebastián Martínez y María Torres de Martínez, un hermano de Manuel Germán llamado Luis Sierra Cuello y estaba ella, mi preciosa tía abuela Beatriz Lora Molina acompañada de su esposo “Chema” Arregoces.  Mi tía se queda mirando fijamente a Rosita, ambas cruzan sus miradas como preludio de lo que sería una bella amistad que perdularia por toda la vida.

Rosita Dávila Cuello / Foto: archivo Yarime Lobo Baute En un abrir y cerrar de ojos ese oasis de amor comenzó a dar sus frutos y fue así como llegaron sus hijos: El primero nació varón, con un color de ojos mágicos similares a los de su padre, lo bautizaron Alfredo, la segunda no le perdió rastro a la tersa piel de Rosita, la bautizaron  Gloria, luego llegan en orden descendiente tres hermosas niñas en empaques distintos, pero cada una manteniendo el sello particular de la mezcla de dos amorosos padres, son ellas Leonor, María Cecilia y Ligia, quienes heredarían no solo los rasgos físicos, sino  los mismos valores que distinguen a sus inigualables padres.

Estaba agotada, nunca antes en lo que llevo viajando por la carrilera de los Buenos Tiempos había hecho tantos viajes en instantes, estaba exhausta y como la sangre es como es, muy oronda me adentré a la casa de Tía Taty, allí hallé una habitación donde me sentí cómoda, era contigua a la habitación de mi tía, me recosté y no supe más hasta la mañana siguiente que unas voces en la sala me despertaban, era Rosita, tenía en brazos a su bebita Gloria, conversaba amenamente con mi tía sobre una receta de cocina, hablaban sobre los ingredientes de la torta de plátano, le brindaba mi tía a Chita unos frutos bien conocidos como mamones, eran una delicia, cogí un puñado y me hice a un lado de ellas, hablaban y hablaban contentas sobre la magia que unifica los hogares en la mesa, hablaban no solo de la Torta de Plátano, hablaban también de otras delicias que me fueron haciendo agua la boca, Chita orgullosa contaba como hacia el Chivo guisado, su máxima especialidad, la torta de papa, la de pan, el suflé de pollo, el arroz con coco, pasaba de sal a dulce en instantes y pronto supe que hacia también merenguitos, hojaldre, dulce de maduro y leche,  cuando ¡Zuaz! en un descuido la bebita Gloria ingiere un mamón que la atora, toda la placida y deliciosa charla se hizo gritos impotentes, toda la casa en un segundo se llenó de gente, los vecinos, los amigos, todos llegaba a auxiliar a la niña, pero la niña pasaba ya de su color rosa a oscuro, era evidente que se le dificultaba respirar cuando llega de la nada Sebastián Martínez el que fuera después el suegro de Aníbal Martínez Zuleta y ¡Zuaz! En una hábil maniobra le introduce sus dedos y extrae el mamón, lo gritos cesaron y dieron paso a los llantos y risas. El asunto impactó tanto que Gloria tiempo después era recordada por el hombre de la tamaña hazaña quien al verla le decía: Eres la niña del mamón.  Me sentía cautivada, a pesar de que Tía Taty es mi sangre, pude sentir a Chita como familia, pude sentir a todos en la cuadra como una gran familia. Todos se resguardaban y cuidaban unos con otros.

La familia crecía y crecía. Era la década de los cincuenta y la necesidad de más emprendimientos era un mandato, fue así como conspira el Universo y el hermano de Manuel German. Luis Sierra Cuello ofrece a éste administrar con miras a comprar el próspero almacén “La Favorita”, que era en la época el equivalente a un Home Center a escala de provincia con algo en particular: era el único donde se vendían acordeones y el que años más tarde se convertiría en uno de los mayores distribuidores de insumos para un fenómeno que transformaría no solo la vida económica de los esposos Cuello Dávila sino la de muchos en la comarca: La bonanza algodonera.

Fue así como la familia se muda de la Carrera 6 a la Carrera 5, esta vez para dar frente con frente con una de las dos únicas casas que tienen balcón español en la actualidad. Es la casa de los Cárdenas Ustariz, vivienda donde en otrora se bajase quien fuese secretario de Simón Bolívar. El Almacén La Favorita era grande, muy grande, al fondo era la vivienda, con un patio gigante donde desfilaban muchas visitas provenientes de San Juan, en especial mujeres como Imelda y Hacha Gutiérrez. Ese patio a su vez daba a un traspatio que era una especie de bolsillo o entrada comunal que comunicaba todos los traspatios de la cuadra, pronto Alfredo su hijo se haría rey en la zona, no solo por el impactante color de sus ojos, sino por las travesuras y aventuras propia de los niños, aventuras que le secundaba Dimás Baute Lora, sobrino de la Tía Taty e hijo de Camilo, el hijo mayor de Mamá Martina, con quien se tomaron ese espacio de bolsillo y convirtieron en una cancha de futbol donde jugaban con Rafita Gómez, Fredy Pumarejo y Gustavo Gutiérrez el que luego cantara parrandas inolvidables en el Valle del Cacique Upar.

Finalizaba la década de los cincuenta, la vida les sonríe y pueden comprar al frente del Colegio Loperena lo que sería su primera Casa Propia, no obstante el negocio “La Favorita” tuvo siempre al frente a Rosita, quien bajaba día tras día por la Calle Grande después de asistir a su inmancable misa de 6am. Bajaba siempre juiciosa para abrir antes de ocho de la mañana las puertas de ese negocio, era incansable Rosita, la motivaba el dar una vida digna y estable a sus hijos con el fruto de sus esfuerzos, en especial la movía el servir, servir a los demás a manos llenas. En un abrir y cerrar de ojos se hace la década de los sesenta y Rosita además participaba con su esposo en un sueño colectivo: Hacer de Valledupar una capital, la capital de un territorio que quería autonomía, tal hazaña se logró y este reto ensancharía el curso de sus vidas al punto que Manuel Germán pasó de ser un funcionario de la Zona de Carreteras a un Gobernante que diera sus inicios gobernando una ciudad capital para terminar haciéndolo en todo el departamento y luego legislar a nivel del país importantes políticas públicas que hicieron impacto en el territorio, la agenda de trabajo se ensancharía a unos niveles que hacía de la noche un día, Rosita ahí, administrando “La Favorita” y haciendo del rol de la esposa de un mandatario una revolución en marcha consistente en un cúmulo de obras sociales soportadas en tres pilares: La Niñez, La Mujer y el Adulto Mayor, pilares que desencadenarían tremendas transformaciones en la población vallenata en todo lo que concierne al servicio humanista y la solidaridad de los unos para con los otros bajo unos preceptos religiosos que eran el sello inconfundible de su formación.

Al lado del padre Diego Pérez y la comunidad de “Las Hermanitas de los pobres” crea la Casa del Abuelo, buscando que esta tuviese un carácter autosostenible, meta que logró con creces con la ayuda de otras mujeres de Valledupar, La Paz y otros municipios de la Costa Caribe. “Chita” Dávila no podía apagar su espíritu de naturaleza solidaria, sabía que en el conocimiento estaba la base para emprender, y fue así como buscó la ayuda del gobierno alemán y creó el Instituto de Capacitación para Adultos, que más tarde tomó su nombre, por solicitud expresa de la comunidad agradecida, quienes no conformes con que el instituto de formación se llamase literalmente “Rosita Dávila de Cuello”, pueblan el entorno del lugar -que para ese entonces quedaba apartado del perímetro de la ciudad- 600 familias beneficiarias del Instituto de Capacitación fundan con ahínco el hoy conocido barrio Santa Rosa en honor a la vida y obra de esta mujer. 

No conforme con estas dos acciones, emprende también la creación de los Hogares Juveniles Campesinos con miras a la protección de todos esos niños con sueños e ilusión. No paraba Rosita de hacer y agradecer, pues cada acción suya era un tributo a los cielos, repartía regalos por aquí y por allá, donaba por aquí, hacía por allá, junto a Graciela Molina, Meche Romero, Eloisa Lacouture, Rosa Luisa Romero de Vidal, Aura Reales, Gloria de Pimienta entre otras, organizaba actividades para construir la Iglesia de las Tres Ave Marías, la que se constituiría en su iglesia más frecuentada, por estar a una cuadra de su casa y a la que le regalara el altar donde se oficia en la actualidad. Formó también parte activa de la comunidad franciscana. Definitivamente, su accionar era de largo aliento y entre muchas acciones estaba una en especial, la de entregar envuelticos en servilletas, me llamaba mucho la atención porque, cada vez que los daba, iluminaba el rostro de quien los recibía.

Rosita claramente no era mujer de parrandas, pero pude constatar algo muy particular una tarde sentada junto a ella en ese patio de la Casona del barrio Loperena. Estábamos debajo de un quiosco fresco que abrigaban tres palos de mango y dos de níspero. Era una delicia estar allí, de hecho, allí era donde se recibían las visitas, donde llegaban los hijos y ahora también los nietos, llegaba el uno, llegaba el otro y Chita siempre tenía a la mano los “elvuelticos” de servilletas como presente que entregaba a sus visitantes buscando iluminar sus rostros con lo que traían dentro de sí: gestos generosos propios de esta dama bonita. Esa tarde ella tarareaba un par de canciones, “Sanjuanerita” y aquella que en el onceavo Festival de la Leyenda Vallenata de 1978, dió como ganador del concurso de la Canción Inédita Vallenata, al compositor Octavio de Jesús Daza, con el paseo “Río Badillo”, esa canción seria grabada por Los Hermanos Zuleta y posteriormente por Claudia de Colombia, esta última versión era la que ponía una y otra vez en el tocadisco Chita, la tarareaba extasiada por la letra mágica, poética y la dulzura propia de la voz melodiosa de esta mujer del centro del país que se atreviera a cantar un género que hasta el momento era más interpretado por los hombres.

El tren de los Buenos Tiempos se detiene en la Carrilera de la Calle Grande para llevarme a otro tiempo y espacio, esta vez se detiene en la Carrera 7 en la nomenclatura 9B-24 un 18 de Marzo de 2002, es una casa sencilla, muy sencilla en comparación a las demás, tiene algo en particular, que la hace distinta a las demás, tiene una terraza abierta, no tiene rejas y tiene un enorme ventanal donde veo asomarse a Rosita, más entrada en años, entrega Chita un envueltico en servilletica a una señora particular quien con su cara iluminada la bendice y parte feliz por el contenido de la servilleta. Prosigue Rosita con lo que estaba haciendo, tenía ese día la visita de su hija de María Cecilia, conversaban amenamente mientras ella organizaba el closet de su habitación matrimonial y exclama Chita: “Mari, ustedes no se han dado cuenta de lo que tiene su papá en estos espacios”, mientras dice esto, le muestra una figurita que tiene envuelta en algodón, es la imagen de San José. Y agrega: “El día que muera Mari, ponme por favor en el puño de mi mano este santo”. Mari asintió y continuaron organizando.

Comenzaron a llegar los hijos, los nietos, los amigos, todos llegaban a llenar esa terraza abierta que como regazo los recibía para conversar y pasar una tarde amena que terminaba en tertulia que culminaba un poco más allá de las siete de la noche.  Esa noche fue especialmente agradable, los observaba junto al Ángel del Camino en la distancia, estábamos sentados al frente en el andén, pudimos ver guardar hasta la última mecedora, la puerta se cerró, esa noche pronto dio paso a la madrugada, Chita tomó una última bocanada de aliento, inhaló y exhaló mientras dormía, y su corazón se detuvo para introducirla en un sueño más profundo, el sueño eterno precisamente el día que conmemora el Santo de su devoción: 19 de Marzo a la una de la madrugada.

El ambiente quitaba cualquier fuerza para cantar, volví a ver a ese bello hombre cuyos ojos se me parecían a los de mi superhéroe Kaliman, estaba ya entrado en los años, junto al templo donde moraba el espíritu de su amada Rosita se ubicó, Rosita se veía preciosa en sus afueras, a pesar de que su espíritu ya no llameaba en ese cuerpo, se veía radiante, bonita, en su manita se notaba que empuñaba aquel Santo, en su cintura se apreciaba que tenía el cordón de San Francisco, era claro que quien la había arreglado la amaba como si fuese su propia hija, era Martha Baute, la esposa de su único hijo varón Alfredo, la hija de la Mamá de los Internos, la nieta de Mamá Martina Pavajeau Medina, quien cumpliendo su pedido la había complacido hasta en el lecho de su muerte.  

Los ojos azules de Manuel Germán, estaban tristes y de sus labios salieron estas palabras: “San Juan Bautista iluminó el camino para que naciera Rosita en el pueblo que lleva su santo nombre, ahora fue San José Obrero quien trazó el sendero de su marcha definitiva al lado de Dios”. Mis lágrimas corrieron junto a las de Hernando y éste valientemente empuñó su guitarra y entonamos a grito herido “Sanjuanerita, tú, eres entre las flores de mi Guajira la más bonita, blanca como las aguas como la arena de mi provincia, te canto y te cantaré, por toda la vida, te canto y te cantaré Mi sanjuanerita”.

P.D. Esta columna es un sentido homenaje a una bella y servicial mujer que marcó profundamente el tejido social de la sociedad Vallenata. Larga vida a su descendencia, que su legado permanezca y prevalezca por toda la vida, bonita mujer sanjuanerita.

 

Yarime Lobo Baute

@YarimeLobo 

Sobre el autor

Yarime Lobo Baute

Yarime Lobo Baute

Obras son amores

Soy la que soy: Mujer, Artista desde mi esencia, Arquitecta de profesión, Fotógrafa aficionada, Escritora desde el corazón y Emprendedora por convicción. Una convencida de que la OBRA está más allá de los cementos, son cimientos que se estructuran desde el SER, se traducen en el HACER y traen como consecuencia un mejor TENER.

Las OBRAS son esos AMORES intangibles y tangibles que están por encima de las mil y una razones.

@YarimeLobo

46 Comentarios


Denis Araque 15-05-2018 02:37 PM

Qué bello relato Abrazos.Lo disfrutes de viva la vida. ¡Lo disfruté!

Rosalila Morales 15-05-2018 02:38 PM

Muy bonito escrito, como todo en Valledupar lo borran, así borraron el instituto Rosita Dávila de Cuello, los gobiernos actuales no les importa esos legados. Será que su nieto más representativo heredó tantos valores de esos abuelos?

Josefina Castro Daza 15-05-2018 02:49 PM

¡Tremenda crónica Yarime!

Angela Mestre 15-05-2018 03:24 PM

Gracias!

Aura Merino 15-05-2018 03:28 PM

Mis felicitaciones Yarime Lobo Baute un ejemplo de mujer .enraizada a sus ancestros con un corazón grande lleno de amor de patria y generoso en el amor, para no dejar perder su legado. Un abrazo. Mis felicitaciones .por tanta alegría y poder que plasma en el arte.

Lucia del Socorro Basantes de Oliva 15-05-2018 03:30 PM

Mi escritora favorita quiero conocer el tren, tu inmenso y hermoso Valledupar y vestirnos igualiticas para hacer las visitas....

Diana Viveros 15-05-2018 03:40 PM

Gracias Yarime muchas bendiciones. Que hoy y siempre Dios te colme de bendiciones y retribuya a tu vida todo el amor que cada cada día entregas en letras. ¡Un abrazo!

Luz Angela Piedrahita Rojas 15-05-2018 03:50 PM

Hermoso recuerdo descrito con palabras bellísimas que son salidas de ese corazón hermoso de donde brota mucho amor. Te felicito por ese auténtico y maravilloso relato de los recuerdos hermosos de tu infancia y de personas tan afectas a tu corazón.

Elizabeth Baute Lora 15-05-2018 04:13 PM

Feliz de leer tan bella Columna, donde plasmas la historia más hermosa de una dulce, bella, elegante y distinguida dama. Tu acierto en la escogencia de dar a conocer las vivencias de estas destacadas mujeres, es para nuestros ojos un deleite al leer palmo a palmo tu destreza y magia mostrándola en todo su esplendor y belleza.

Cecilia Luque Soto 15-05-2018 04:50 PM

Bella dama! Estoy deleitándome con tan maravilloso artículo. Qué belleza! Me he transportado a esa época. Divino! Gracias en nombre de las Luque Soto y humildemente le doy también las gracias por lo que me atañe. Estoy a sus órdenes para lo que me necesite. Es un orgullo colaborarle a tan destacada artista! Abrazos

Teresita Pupo Uhia 15-05-2018 05:32 PM

Me pareció muy bueno tu articulo. Sigue escribiendo mas Yarime. Un abrazo.

Martha Baute de Cuello 15-05-2018 07:16 PM

Yary leí la crónica, muy bonita

Ligia Cuello Dávila de Garcia 15-05-2018 07:18 PM

Yary muy linda la crónica y muy bien lograda Mil gracias por resaltar su vida y su labor social Un fuerte abrazo

Gloria Cuello Dávila Vda de Maestre Pavajeau 15-05-2018 10:12 PM

Yari leí tu crónica, me encantó, me enternecí mucho Yari, recordando esa época de nosotros todos, la vida de mi papá y de mi mamá, muy agradecida contigo y ver que inteligente eres, como llevaste la crónica, admirándote por tu inteligencia y tu capacidad de escribir, llevaste esto como si fuera una fantasía, una magia, una escritora con mucha creatividad

José Maestre Aponte 15-05-2018 10:31 PM

Siempre te leo tus comentarios me recuerdan a mi viejo Valle y haces que sienta una inmensa alegría. Que Dios te bendiga y la virgen del Carmen siempre te acompañe

Alfredo Cuello Dávila 15-05-2018 10:51 PM

Mi querida Yarime he leído con emoción y admiración tú bello escrito sobre la vida y obras de nuestros papas. Dios te pague tanta bondad salida de tu privilegiada capacidad .tu crónica es de verdad cautivadora mil gracias eternas.

Leonor Cuello Dávila de Calderón 15-05-2018 11:56 PM

Yary volvi a leer nuevamente tu cronica y no sabes lo q me enternecio.Volvi a revivir mi niñez y toda mi vida en el hogar con mis hermanos.Ese hogar ejemplar formado por mis padres.No sabes cuanto te admiro por esos dones q Dios te ha dado.Nuevamente gracias.El Señor te bendiga. Leo .

Maria Cecilia Cuello Dávila de Campo 16-05-2018 12:36 AM

Estoy impresionada, que belleza, el Espíritu Santo te llega, esta forma de escribir el articulo de mi papá y mi mamá nos tiene impresionados, que belleza, es para poner esta crónica en un periódico impreso. No sabes el guayabo que he sentido con este articulo, al leer la historia de mis padres, mis hermanas y yo nos hemos reunido a rezar y leer la crónica, no hemos parado de llorar de nostalgia y alegría por ese gesto tuyo de recordar tan bellamente la memoria de nuestros padres. Ya me siento tranquila porque te he expresado lo que dice mi corazón. ¡Que crónica! ¡Que belleza!, lo que te contamos, lo explicaste tan bien, que estamos aterradas de ver esa inteligencia y capacidad tuya de contar esa historia con tanto realismo mágico. Gracias Yarime, si antes te quería por ser la hija de esos maravillosos padres que tienes, ahora te quiero más.

Grey Jimenez Gómez 16-05-2018 01:43 AM

Ya lo leí; y me imaginé cada instante relatado, en especial la Vida comunitaria y el recibimiento, el compartir entre vecinos!! Voy a socializar con mis hijos, para que conozcan mejor, sus raíces. Definitivamente, qué bellas épocas!!

Constanza Polanco 16-05-2018 12:04 PM

Me gusto toda la hilación, como fuiste llevando y encadenando las historias, encadenando ese rosario de vida, de pronto me perdí un poquito con tantos nombres, pero no deje de disfrutar el relato vivido

Graciela Tellez 16-05-2018 12:09 PM

Excelente !!!! El tren de los buenos tiempo!!

Eduardo Ortega Santos 16-05-2018 12:33 PM

La leí, la deguste, la sentí en mi corazón... Gracias Yarime Lobo Baute por tan bonito sentir, por la manera especial de transmitirlo y hacernos vibrar con cada palabra. Eres única mi Yari. Sólo Eso.

Ivonne Gómez Daza 16-05-2018 12:47 PM

Excelente escrito y muy merecido porque doña Rosita como le decía mi Padre (su comadre) tenía algo que tienen pocos Humildad con H mayúscula...

Josefina Moscote 16-05-2018 02:59 PM

¡Como muestras la historia! ... Nuestras historia de otros lugares aledaños de los cuales me siento responsable de no haber escudriñado más, pero no, me quedaba con lo que nos daban en el colegio, contigo mi cultural general se va a millón, pero sobre todo mi cultura nata, esa manera de cultivar rescatar exaltar, me tienes los sentimientos a millón estoy conmovida Te felicito, sé que vas a ser bien reconocida, aunque sé que no lo esperas, que bendicion para tus hijos, para mí, para.todos lo que te conocen para.tu familia, para todos los que están muertos y pretenden borrar sus historias que tú estés viva y traigas al presente todo lo fueron e hicieron por nuestra tierra. Muchísimas! Muchísimas gracias Yarime, muchos besos desde Uruguay

Jhon Eduardo Lobo Baute 16-05-2018 03:02 PM

Yari leí tú artículo, ESPECTACULAR!!!, esa labor que estás haciendo por medio de tú pluma no la hacen muchos, con ello estás haciendo homenaje a personas, familias y obviamente a la cultura Vallenata. FELICITACIONES

Ethel Atehortua 16-05-2018 03:35 PM

¡Que hermoso

Antonio Daza Orozco 16-05-2018 03:50 PM

Muy bonita columna.

Carlos Pelicano 16-05-2018 03:51 PM

Tremenda y buena narrativa. Embeleza la cadeneta de cuentos e historias, reales o no. Felicitaciones.

Orlando Araque 16-05-2018 04:00 PM

Empece lo extenso, gracias a lo prolijo del mismo, leí a plenitud sin agotamiento, el escrito que, quisiera atreverme a calificar como " un preciso, conciso y precioso relato" de vivencias de una época inolvidable, reconociendo desde ya que su concepción permite ubicarse en pasado que se hace nacer reciente, justamente por la exquisitez con la que escribe y dibuja la letra su autora. Tuve oportunidad de conocer y tenueamente compartir con Don Manuel German Cuello, para momento en que como gobernador lideró proyectos para el entonces corregimiento de MANAURE, mismos que materializó junto a mi padre. Confidencialmente, el hermano de Don Manuel, Bernardo, me bautizó y en ese honor fungió como mi padrino. Este humilde aporte a su narrativa pegajosa que ya brilla con luz propia en el difícil cielo del arte de escribir.

Francisco Calderón 16-05-2018 04:05 PM

Yarime Lobo Baute felicitaciones!

Fabiola Lara Baute de Aroca 16-05-2018 04:42 PM

Yari. Anoche me extasié leyendo tu columna...me sentí transportada en ese tren...a pesar se que no recuerdo muy bien a algunos personajes los dibujaba en mi mente con tu descripción tan perfecta tan vívida...la mayoría de los que describes en tu narrativa los conocí e hiciste que me devolviera a mi época de joven cuan tuve la dicha de vivir en el valle y conocer tanta gente buena y carismática.. Pocos quedan ya...Yari eres tan brillante tan coherente en tus historias que ya espero escribas la próxima para acompañarte en ése tu tren de viaje...besos primacía y te auguro muchísimos éxitos.

Isnelda Luquez 17-05-2018 01:09 AM

La Dama Cecilia Luquez Soto, bella e inigualable, mis respetos para ella.

Gloria Baute Lora 17-05-2018 01:51 AM

La leí me gustó, pero leerla por este medio es muy larga y computador no tengo, de pronto encontré algunos nombres, como los jugadores, Dimas, Rafael Gutiérrez Céspedes. Yo estudié en el colegio de María Araque frente a Manuel Germán y se tantas cosas. Que sigan los éxitos,

Fernando Niño 17-05-2018 12:21 PM

Evocas el tiempo pasado, esto en son de reminiscencia, es como ir en búsqueda de ese tiempo perdido utilizando un vagón del imaginario, que a larga sirve para recrear ese bello paraíso de los recuerdos.

Jaime Calderón Bruges 17-05-2018 12:46 PM

Muy acertada la forma y el fondo de la columna Te felicito de todo corazón Gracias Yarime, estas logrando con tus crónicas muchas cosas buenas.

Antonio De Avila 17-05-2018 01:16 PM

Que bello. La leí con Lili mi esposa. Te envía Saludos. Besos y éxitos

Irinoska Shek Palomino 17-05-2018 05:43 PM

Mi amiga bella, muy lindo Dios te bendiga

Nicolaz Mendoza 17-05-2018 07:17 PM

Escribir es una virtud, que te baña y complementa tu pincel para deleite estético de los que tenemos la oportunidad de apreciar tu producción

Rosendo Romero Ospino 18-05-2018 03:32 AM

Gracias poetiza del lienzo ya casi no me conecto. pero que suerte encontrarte, eres un amor te quiero tu lo sabes no te olvido, y siempre estoy pendiente de tus cosas, besotes reina.

Víctor Manuel Rodríguez Martinez 18-05-2018 11:28 AM

Gracias Yari por compartir

Yolima Lobo Baute 18-05-2018 01:40 PM

Hermana querida que relato tan magistralmente expuesto, me encanta conocer historias de personas que dieron tanto por nuestra tierra y que a través de tu pluma para mí se han hecho visibles, sigue en tu labor que además de ser un deleite, es una ventana a la historia de nuestra región! Bendito Dios por adornarte con tantas virtudes!

Yolima Lobo Baute 18-05-2018 01:40 PM

Hermana querida que relato tan magistralmente expuesto, me encanta conocer historias de personas que dieron tanto por nuestra tierra y que a través de tu pluma para mí se han hecho visibles, sigue en tu labor que además de ser un deleite, es una ventana a la historia de nuestra región! Bendito Dios por adornarte con tantas virtudes!

Ricardo Guete Molina 18-05-2018 05:03 PM

No hay palabras para describir la alegría que siento al leer lo que sale de tu mente, Yarime Lobo Baute, me gustó conocer un poco más la historia de mi Valle querido, y pensar que uno mira lo que tiene en frente y no lo ve hasta que llega alguien y te hace verlo, gracias por enseñar cosas tan bonitas.

Lourdes Virginia Narváez Mendinueta 18-05-2018 09:02 PM

Maravillosa y mágica crónica de aires macondiana sobre una mujer inspiradora, cuyo legado y aporte a la sociedad fue ese icónico centro de capacitación y formación que llevaba su nombre: Rosita Dávila y cuya naturaleza y suerte, muchos desconocen. Un viaje en un tren de ensueño, de las historias de la provincia, sus aromas y canciones, historias de familias representativas y sus aportes a la vida como ciudad que perdura en el tiempo. Gracias Yarime, por tu lomotora creativa y cohesionadora de nuestra identidad cultural y reconocimiento de valiosas figuras femeninas en nuestro departamento.

Fredy Galvan Rodriguez 19-05-2018 06:50 PM

Me gusta leerte, me gusta como escribes

Jaime García Chadit 21-05-2018 02:22 PM

Yarime me gustó mucho tu crónica. Bien escrita y muy cálida. Quise mucho a mi suegra la recuerdo con cariño. Gracias

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