Cruselfa Murgas Arzuaga de Guerra / Foto suministrada por Luis Mario Jiménez.

 

No ha sido buena la vida con Cruselfa Murgas Arzuaga de Guerra. No lo ha sido tampoco el amor ni la suerte, porque de lo contrario no le habría tocado unas circunstancias tan desventuradas como las que arropan sus días. Su cotidianidad es cíclica. Recoge los trapos sucios de la gente y los lleva al río para conjurar la suciedad a punta de manduco y hacer catarsis de sus propias penas, conjurarlas con cantos y con soliloquios que le sirven para decir lo que nenecita decir, así no haya un interlocutor que lo apruebe o replique.

Es una sandiegana sexagenaria y solitaria, que perdió a sus padres, sus hermanos, sus hijos, su marido, que es un machista con el que vivió la realidad de muchas mujeres que son anuladas por sus conyugues. Pero le queda su pujanza, su autodeterminación y su intuición; ésa misma que le hace ver lo cansada que está, que la ayuda a escuchar su -cada vez más- fuerte voz interior urgiéndola a atender sus necesidades propias, a alimentar su ser, a poner límites, a priorizarse. Es por es que alzará su voz y dirá No más. Lo hará en nombre de todas las mujeres que representa, las sandieganas, las cesarenses, las caribeñas, las colombianas, las universales. Ella gritará en nombre de todas.

Arrastrando su historia, su desventura y su renacimiento, Cruselfa llegará a Maderos Teatro, en Valledupar (a partir de este viernes 18 de mayo), donde vivirá una vez más su realidad, para –al final- romper sus cadenas, liberarse de todo el lastre que la ha apabullado y ser ella, con su esencia, su fuerza interior y sus sueños; para ser la mujer que inspire a otras mujeres a empoderarse de sus vidas.

Cruselfa Musgas Arzuaga de Guerra es producto del talento creativo e histriónico de Luis Mario Jiménez González, un maestro de arte dramático, oriundo del municipio de San Diego, Cesar,que invierte sus días llevando al arte a diversos rincones de la geografía nacional; esta vez con el monólogo ‘Canta Soledad’, protagonizado por Cruselfa.

“Este monólogo nació por una necesidad actoral, cuando estaba en formación, a raíz de una situación que estaba pasando y sigue pasando, que es el feminicidio, el maltrato a la mujer. En ese entonces estaban sucediendo muchas muertes de mujeres en México y también en Colombia y yo dije: tengo que hablar por la mujer a través de este monólogo. El monólogo es un mensaje que las mujeres, diciéndoles que necesitan empoderarse, que son verracas y son importantes en la sociedad”.

Él la creó y la encarna en los escenarios. Para ello se atavía con una falda larga de flores menuditas multicolores, un turbante de luto igual que sus zapatos; carga siempre una palangana de ropa sucia. A medida que Cruselfa va restregando la mugre de los chiros y los va colgando en el tendedero del patio de la casa, que no es de ella sino de su exmarido, va contando su historia, a veces hablada, a veces cantada, y a través de ella, en un lenguaje muy criollo, va haciendo catarsis y poniendo de presente episodios de maltrato a la mujer, de desamor, de desigualdad social. Hasta que al final se revela contra todo eso y muda su semblante a uno feliz, y baila y hace un juramento reivindicatorio de ella y de las otras.

En San Diego (Cesar) / Foto suministrada por Luis Mario Jiménez.Además de ser maestro de arte dramático, egresado de la universidad Central en convenio con el Teatro Libre, Luis Mario Jiménez tiene una amplia trayectoria en formación que incluye países como México y en academias como la Charlot, tiene estudios para el canto y voz profunda. En su quehacer cata, aunque aclara que no es cantante. “Soy cantor, que es el que debe cantar, no el que puede sino el que debe y este personaje canta, porque lo necesita”. Es representante suplente de Actores en el Consejo Departamental de Cine del Cesar; docente asociado y gestor cultural en Fundación Caminos del Arte, director de teatro infantil en la casa de la cultura de su natal San Diego, actor en la Escuela de teatro libre, en ConArteKids y ha tenido incursiones en televisión como actor, en la novela Rafael Orozco.

Luis Mario es un convencido de la fuerza del arte para la positiva transformación de los pueblos y para la solidez del ser humano que es sensible a las expresiones de la cultura, pues él mismo es un ejemplo de ello. Desde sus primeros años de escuela se descubrió atraído por el arte; le encantaba montarse en los escenarios y hacer monólogos. “Yo no tenía idea de que esto era una profesión, que se podía estudiar. Algunos actores me dijeron que podía ser profesional en las artes”. Recuerda también que antes le llamaba la atención el sacerdocio, por los detalles rituales de la sacristía.

Los primeros es poner el grito en el cielo fueron sus padres, que le preguntaban si “¿eso sí da plata?”, pues tal vez esperaban que se inclinara por lo que consideraban más tangible, como una ingeniería o tal vez una administración, ¿pero arte dramático?  Pero él lo tenía claro: “Cuando la gente estudia lo que no le gusta, no triunfa en la vida y yo no quiero fracasar”, le respondió a sus progenitores y se dio a la tarea de hacer todas las averiguaciones del caso, viajó a Bogotá, hizo la audición, pasó la prueba y regresó a sus padres listo para empezar.

Hoy es ejemplo vivo de sus palabras, pues es feliz con lo que hace. “Mi vida es un escenario perfecto para hacerla arte. Lo que he vivido son motivos para ser actor; mi vida necesitaba eso. Lo que he llegado a ser hasta hoy es porque he tomado la decisión correcta”, dice y anota que no hay antecedentes de dramaturgos en San Diego, pero explica que el teatro es algo intrínseco del ser Caribe; está en la gente desde siempre, y cuando hacen carnavales sale a flote.

El año pasado hizo una gira que incluyó 32 poblaciones en el territorio nacional, llevando tres espectáculos, con el grupo de teatro con la Universidad Central, talleres pedagógicos y el monólogo de Cruselfa Murgas Arzuaga de Guerra. “Este monologo es como la cereza del postre en formación. Es un triunfo para mí. Lo escribí por la necesidad de hablar de mi Caribe, de mi región”.

Sueña con mejores posibilidades para su arte, “que en el Cesar y el Caribe exista un gran movimiento teatral, como lo hay en el interior del país. Que el teatro sea convertido en una herramienta para instruir al pueblo, que en San Diego haya sala de teatro porque la gente aprecie el arte para nuestra vida. Convertirme en un gran exponente del teatro”. Este último punto es sueño cumplido, pues este joven, con tan solo 22 años, ya es un referente de arte dramático en el Cesar y el Caribe.

 

Mariaruth Mosquera

@Sherowiya

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