Historia

El chocolate: otra gran historia americana

José Luis Hernández

03/07/2018 - 06:30

 

 

La palabra de origen azteca lo demuestra: el chocolate es de origen americano. Las noticias más antiguas sobre su consumo y preparación aluden a la mezcla de semillas de ceiba y cacao, árboles de gran altura.

En cuanto a la etimología azteca de esta voz se han aventurado una serie de explicaciones que tienen en común el término atl con el que todos los pueblos aborígenes de México se referían al agua. La voz castellana es consecuencia de las voces amerindias pocoakawa-atl= bebida de cacao y ceiba.

Los españoles lo pronunciaron como pudieron y dejaron el término en chokauatle, palabra que aparece escrita en 1580 en forma aproximadamente actual: chocollatr, para decirse en 1590 chocolate como hoy. Del castellano, término y producto pasaron en 1606 al italiano, y a la lengua francesa hacia 1643.

¿Quién inventó el chocolate?

Al igual que sucede con muchos otros alimentos, no existe una forma de saber exactamente quién inventó el chocolate, pero sí es posible conocer el origen de este riquísimo alimento. El chocolate se elabora con el fruto del árbol del cacao, que procede de América del Sur.

Por lo tanto, ahí tenemos el punto de partida para conocer el inventor del chocolate, o mejor dicho, el descubridor del chocolate. Algunos estudios indican que comenzó su elaboración en México y de ahí se extendió a otros países hasta la zona del Amazonas. En cambio, otros estudios aseguran que es todo lo contrario. Que surgió en el Amazonas y de ahí se expandió hasta llegar a México.

Lo que si podemos asegurar es que el consumo del chocolate tuvo una enorme importancia tanto en tiempo de los aztecas como de los mayas. Se cree que incluso Moctezuma tomaba cacao mezclado con agua.

Origen del chocolate

Los amerindios gustaban de brebajes y pociones que desde el punto de vista del gusto occidental pueden parecer chocantes e incluso repulsivos. Se bebía, por ejemplo, un preparado de cacao con flores secas molidas, que llaman xochayo-cacaua-atl, y una bebida de cacao con ají llamada en tiempos coloniales chil-cacau-atl.

Ninguna de aquellas bebidas fue del gusto de los españoles. Los indios tomaban el chocolate sin azúcar ni miel, aunque a menudo echaban especias aromáticas sobre el espeso líquido, o lo mezclaban con harina de maíz o incluían en la receta una mezcla de pimienta americana.

Era natural pues, que los españoles se negaran a tomarlo, cosa que sí estaban dispuestos a hacer si se le ponía azúcar.

Para su preparación como bebida hubo siempre varias recetas. El primer chocolate se hacía con ingredientes distintos. La primera descripción es del médico español Francisco Hernández, que dice: “Utilízase igual cantidad de semilla de ceiba que llaman pócotl y de cacao, a la cual añádese una cantidad de maíz.”

Evolución del chocolate

En 1520 se envió a España cierta cantidad de chocolate y se mejoró la forma de prepararlo. Surgieron procedimientos que hacían del viejo brebaje una bebida atractiva que llegaría a ser muy valorada.

En 1606 los italianos, con Antonio Carletti a la cabeza, empezaron a beberlo, y poco después era conocido en Francia, donde a finales del XVII se generalizó su consumo merced a la afición desmedida que por él sintió el caprichoso Luis XIV.

En la España de Cervantes los frailes lo encomiaron tanto que en algunas comunidades de religiosos no se entendía forma mejor de agasajar al visitante que ofrecerle un tazón del humeante y exótico producto.

Se comenzó a fabricar a cierta escala en el siglo XVIII. A Inglaterra había llegado a mediados del XVII, y se sabe que en 1657 ya existían allí fábricas de este producto. El escritor holandés, C. Bontekoe lo puso de moda en Alemania. Por aquella fecha se extendió la especie de que era perjudicial para la salvación de las almas.

La creencia se inició en América Central. Se aducía que el chocolate era una tentación del diablo para predisponer mejor las almas a las tentaciones y se recomendó abstenerse de su consumo para no pecar…, a menos que se tuvieran más de sesenta años, edad considerada a la sazón ajena a las tentaciones de la carne.

Resulta curioso que fuera en los conventos españoles donde más predicamento y favor tuvo el producto. Hasta finales del XVIII el chocolate se hacía a mano: la máquina fue introducida por el francés A. Doret, posibilidad que revolucionó su industria hacia 1819 ya que con aquel artilugio se aceleraba hasta siete veces su producción, con lo que bajaron considerablemente los precios y se generalizó el consumo, que llegó ahora a las capas populares que antes no habían podido acceder a él.

En la actualidad, es un alimento tan importante y que cuenta con una gran fama que incluso en muchas ciudades se pueden encontrar museos del chocolate para poder conocer sus orígenes y su historia.

La primera tableta de chocolate

Hacia 1820 el suizo Luis Cailler fabricó la primera tableta de chocolate. En Suiza nacería el chocolate fundido hacia 1879 de la mano de R. Lindt. La fundición del chocolate acababa con un gran inconveniente: el de su dureza, circunstancia que hasta entonces había supuesto una dificultad ya que lo hacía inmasticable.

Se le quitó también el regusto amargo que dejaba el producto natural tradicional, y a partir de 1880 el chocolate no cesó de conocer mejoras, innovaciones y ventajas que lo han convertido en una de las golosinas más apetecidas.

 

José Luis Hernández

Sobre el autor

José Luis Hernández

José Luis Hernández

La Lupa literaria

José Luis Hernández, Valledupar (1956). Abogado, docente y amante de la literatura. Ofrece en su columna “La Lupa Literaria” una perspectiva crítica sobre el mundo literario y editorial. Artículos que contemplan y discuten lo que aparece en la empresa especializada, pero aplicándole una buena dosis de reflexión y contextualización.

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