Faulkner-García Márquez, al rescate del Ser

Literatura

Jairo Tapia Tietjen

09/07/2018 - 07:15

 

William Faulkner y Gabriel García Márquez

 

“No hay lugar en este mundo para el amor ni para la religión, únicamente para simularlos”.

 (William Faulkner, 1897-1962)

De la separación entre la conciencia y el conocimiento nace la creencia en el destino. La obra de Faulkner atiende la conciencia inmediata y no reflexiva en un plano distinto al de la conciencia pura en la línea de Dostoievski que toma el curso de los acontecimientos presentidos y luego realizados para ser captados después que todo se haya terminado.

Ciorán afirma que la ironía quiere que ciertos espíritus subviertan el género narrativo: conducen a él problemas heterogéneos a su naturaleza, lo diversifican, lo pervierten y lo recargan hasta hacer quebrarle su arquitectura.

Es un presentimiento difícilmente comprensible y explicable del que solo esperamos el alivio que nos procura la llegada del acontecimiento, y a la vez nos hace creer en lo inevitabilidad del destino, tal como en algunos episodios de la narrativa de Gabriel García Márquez (1928–2014), para exponer la realidad de la violencia, la historia, trascendencia y compromiso veraz con su tierra a través de la ficción.

En su narrativa, Gabo presenta desde Isabel viendo llover en Macondo, Los funerales de la Mama Grande, El coronel no tiene quien le escriba, Chile, el golpe y los gringos, Doce cuentos peregrinos, y en forma insuperable, Cien años de soledad, la relación entre la realidad histórica y la contingencia del mito en un destino ineluctable.

El sureño Faulkner y el costeño Gabo supieron desplegar el sutil ingenio y la facultad de síntesis para construir las líneas esenciales de algunos destinos. Conducen con serenidad a sus atribulados personajes para que confiesen sus más íntimos secretos, tal como entramos a testificar en Mientras agonizo o Palmeras salvajes, sobre la corriente de conciencia que sacude a seres primitivos y pobres golpeados por un comportamiento irracional, que como se devela en Santuario, los mantiene en  vaga sensación de culpa que los conduce al aislamiento y la aniquilación. Toda una consumada arquitectura en la construcción de atribulados personajes que se convierten en eco sonoro de sus entornos regionales.

Hay quienes atribuyen a ambos narradores la tendencia de desarrollar la contingencia del fatalismo en personajes que nos hacen compartir sus experiencias presentes que se encadenan junto a sus sentimientos envueltos en un sistema de opresión alrededor de sucesos inmersos ilógicamente en el absurdo fundamental de hechos aparentemente relatados a medias y en un desorden que es fruto constante de la evocación del pasado a través del presente, tal como en sus diversos relatos donde la conciencia la determina la memoria en un pasado que identifica lo real en la complejidad de su imaginario.

Narradores comprometidos que, al decir de Cioran, los ha convertido en arqueólogos que profundizan hasta las raíces de lo inasible, explorando en las capas de lo real y el sueño , desenvolviéndolos ante nuestra vista con asombro y desconcierto, aumentando ese vacío de ídolos caducos, salidos de la ausencia de un principio de vida, en la universalidad superficial  que presagia un porvenir grosero y terrible de periferias morales que anula el ejercicio pleno de la vida de seres alienados por la sociedad y sus distracciones finales.

Nuevas narrativa

Las novelas cortas del siglo pasado en Norte y Suramérica tienen como rasgos característicos su gran calidad y su incesante búsqueda de nuevas técnicas expresivas. En ello los autores del boom latinoamericano fueron acompañados por sus pares O’Hara, Hemingway, Wolfe, McCullers, Capote, Updike, Roth, O’Connor, siendo breves al emplear la sátira como otro de los medios que atribuyen al hombre la responsabilidad moral, al que ridiculizan por no ponerse a la altura de las circunstancias, sin voluntad y con flaquezas plena de egoísmo y preocupaciones por las futilidades sin importancia. Así, dentro de la tradición de Mark Twain, de fuerza satírica y la inmutabilidad del desierto moral, confluyen conciencias que rechazan las leyes temporales, del lenguaje y las de causa y efecto, donde el relato se estructura como una sinfonía, introduciéndole una serie de motivos con elaboradas variaciones, para finalmente producir un clímax que intenta dar respuesta al exorcismo de las fuerzas oscuras de la vida.

Son escritores que se han rebelado frente a un mundo conformista, lleno de hombres manejados que se acomodan al proceso tecnológico, en busca permanente de sensaciones, que buscan el caos, la vida frenética y que son incapaces de mostrar una reacción ante la falta de ética de un mundo materialista donde sigue Dionisos renegando de Apolo.

Mediante una reflexión filosófica, una novela puede adquirir un plus de significación pues la novela es la historia de una conciencia o de la relación de los sentimientos con quien los experimenta y les da de esta manera el Ser, pues ella describe de hecho lo que la ontología define según postulados de estudios teóricos, a partir de Sartre en El Ser y la Nada, tal como demuestra Thomas Mann en La montaña mágica, al introducir un puto de vista del autor en la novela y en la búsqueda de una significación de valor general.

 

Jairo Tapia Tietjen

Esp. Estudios Literarios, UNAM

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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