Artes plásticas

El Polizonte, una obra viva nacida del conflicto colombiano

Redacción

03/10/2012 - 09:50

 

El Polizonte en La Guajira (Manaure) / Foto: Mila RodriguezEl arte conceptual nos ha llevado a olvidar la tradicional relación entre artista y objeto. La obra ya no puede considerarse como el fruto de una creación personal sino una idea que trasciende a través del tiempo gracias a la reacción o participación del entorno.

En esa línea, descubrimos en el 14 Salón Regional de Artistas del Caribe en Valledupar una obra que nació en las redes sociales a causa del contexto político y social de Colombia.

Su autora, Milagros Rodríguez, una artista radicada en Barranquilla, padeció  en primera persona las amenazas de grupos paramilitares y decidió exiliarse al exterior. “Fue una cuestión de supervivencia”, explica antes de describirnos  el miedo que vivió y su necesidad de encontrar un equilibrio.

A principios del año 2004, Mila decidió irse. Su estancia al exterior duró casi dos años y le sirvió para ahuyentar la amenaza de una acción violenta, pero no le permitió olvidar la angustia de un conflicto todavía inacabado.

“Cuando volví, ya no sentía el riesgo –explica Milagros–, pero seguía teniendo un trauma. Por eso creé el Polizonte”.

Efectivamente, el Polizonte surgió más tarde como respuesta a un contexto de miedo extremo, como una forma de expresar lo que ya no podía comentarse en voz alta, y fue tomando poco a poco la apariencia que hoy todos conocen: la de un personaje que narra sus vivencias en la red social de Facebook.

“El Polizonte se volvió como mi alter ego”, expresa Milagros. “Es como un escudo, una capa protectora”, añade. Gracias a él, la artista siguió relacionándose con el entorno y canalizando esa energía creadora que el conflicto trató de silenciar.

El ritual se estableció paulatinamente. El Polizonte –materializado en un muñeco ataviado de una bolsa negra de plástico– hizo sus primeras intervenciones artísticas en Bogotá. Salieron fotografías que lo posicionaban en lugares simbólicos y situaciones dignas de reflexión.

El Polizonte fue abriéndose a los demás y la gente empezó a viajar con él. Algunos se lo llevaron de paseo a Uruguay, otros a Perú y México. Cada escala le permitió ampliar las perspectivas de su personalidad.

Por eso, el Polizonte ya se considera un personaje independiente. “Cuando la gente habla de él ya no lo relacionan conmigo”, comenta Mila y eso es el fruto de un proceso de asimilación. No obstante, la artista no olvida que en un principio la gente vio el Polizonte como algo perturbador: la bolsa negra le daba un aspecto de muñequito de vudú.

“Ahora, la gente lo ve con mucha más apertura, lo consideran un personaje divertido –manifiesta la artista–, y aprovechan Facebook para evadirse”.

Según Milagros, las redes sociales han tenido un papel importante para sobrellevar el silencio impuesto. “Siento que las redes son de vital interés”, explica Mila para describir el aislamiento que conoció en la ciudad de Barranquilla después de su exilio.

Sin embargo, el trauma ha sido superado y el Polizonte vive una nueva fase. Milagros le está creando una serie de imaginarios muy personales como unos santos y escapularios a los que el muñeco está obligado en creer (el santo de la amapola, de los paramilitares, el secuestro y las minas antipersonales). Todo una fabula que va ligada a las vivencias de una época difícil.

Cuando le preguntamos lo que ocurrirá con el Polizonte, Mila prefiere mantener una reserva. “No sé en qué va a desembocar”, dice. Y es que el Polizonte ya es libre. Se ha hecho grande. Camina y viaja solo. Además, en estos días se expone en la sala de exposiciones de la biblioteca Rafael Carrillo (y en Internet), para los que buscan respuestas claras y directas…

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