Lunes, 19 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Una fachada de la érmita Santa Ana de los Tupes en San Diego Durante este mes de septiembre, todas las atenciones son para el Patrimonio Cultural y, la exposición mensual de la Alianza Francesa de Valledupar no podía abstraerse del gran esfuerzo producido por la Fundación Aviva en pro del patrimonio histórico en el Cesar.

Así pues, el público valduparense está invitado a inaugurar este martes 03 de septiembre a las 6.30pm –con un cóctel de bienvenida–: la exposición  ‘Santa Ana de los Tupes, una Ermita Patrimonial’, que ofrece una mirada sobre la restauración de un monumento de gran importancia histórica en la región.

Dicha muestra ilustra pertinentemente el eslogan del V Mes del Patrimonio: “Las restauraciones patrimoniales y su divulgación generan turismo cultural”, y tiene como fin concientizar sobre la importancia de éste bien dentro del patrimonio regional.

La exposición –inaugurada en noviembre del 2012 con la apertura del Centro de Memoria de San Diego– está conformada por  12 carteles de 1m20 de largo por 70 centímetros de ancho y evidencia a través de ellos la relevancia de la ermita dentro del patrimonio de San Diego (y el departamento del Cesar).

El proyecto que encabeza el Centro Municipal de Memoria de San Diego busca declarar la ermita ‘Bien de interés cultural del ámbito local’ con lo cual quedaría garantizada su salvaguarda como un valioso documento de pasado y memoria.

La Ermita de Santa Ana de los Tupes incorpora elementos formales y constructivos característicos del lenguaje arquitectónico del período colonial como lo podemos observar en la sencillez estructural, en la sobriedad de sus volúmenes y en la escasa presencia de elementos decorativos. Esta edificación tiene lo propio de las ermitas coloniales primitivas: planta rectangular, de un solo cuerpo, techo a dos aguas, una sola nave, con imágenes coloniales españolas o vernáculas.

La citada ermita posee valores arquitectónicos, culturales y religiosos, que ameritan su valoración como referente de la identidad e idiosincrasia local. Si bien se desconoce la fecha exacta de su construcción, ya estaba edificada en 1775. Igualmente, está conformada por elementos formales y constructivos característicos del lenguaje arquitectónico del período colonial como se observa en la sencillez estructural, en la sobriedad de sus volúmenes y en la escasa presencia de elementos decorativos.

Esta edificación conserva el estilo de las ermitas coloniales primitivas: planta rectangular, de un solo cuerpo, techo a dos aguas, una sola nave, con imágenes coloniales españolas o vernáculas.

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