Sábado, 21 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Hubo una época en el que los límites de la costa caribeña eran un misterio para todo navegante. En aquel entonces, la intuición, los vagos relatos, las habilidades y las estrellas eran los únicos instrumentos del marinero para valerse en las altas y turbulentas aguas.

Ante semejante vacío, y en un contexto de seria rivalidad entre potencias europeas para el control del comercio, la corona española ideó un ambicioso proyecto de cartografía que se concretizó con una serie de expediciones científicas. El objetivo era crear el “Atlas de la América septentrional”.

Los comandantes Cosme Damián Churruca y Joaquín Francisco Fidalgo, ambos nacidos en España, fueron los encargados en 1792 de realizar el primer levantamiento del “Meridiano cero de América” en Trinidad y Tobago: una empresa ardua que requirió cerca de ocho años y que, más adelante, fue llevada a cabo por Agustín Codazzi.

Como bien lo presenta la exposición “Tiempos y estrellas” del Banco de la República, este capítulo de la cartografía americana abre una historia de más de tres siglos en la que las innovaciones tecnológicas y las actualizaciones del pensamiento vienen a consolidar un proyecto esencialmente defensivo.

Joaquín Francisco Fidalgo era maestro de la Academia de guardias marinas de Cádiz y había sido uno de sus mejores alumnos. En 1791, fue ascendido a capitán de fragata y quedó a cargo exclusivamente del levantamiento de las costas continentales.

En 1792, su actividad inició con la capitanía de la segunda división de bergantines mientras que la primera, dirigida por Churruca, fue destinada al Golfo de México y las islas del Caribe, donde la rivalidad creciente con los ingleses y franceses urgían una cartografía.

Desde 1794, Fidalgó dirigió el reconocimiento geográfico desde la Guajira colombiana hasta Panamá. También colaboró con la creación de una escuela náutica en Cartagena de Indias.

Entre sus trabajos –guardados en el Museo Naval de Madrid y disponibles en Colombia a través de esta exposición del Banco de la República–, deben recalcarse la Carta esférica de las costas de Venezuela y Nueva Granada, la cartografía de la Provincia de Goagira (o actual Guajira), la Isla de Margarita y las Islas de Trinidad y Tobago.

Aunque esta serie de expediciones aportó serios avances a la cartografía latinoamericana, su uso científico y su traslado a las áreas civiles fueron frustrados por culpa de los conflictos con Inglaterra y Francia.

A mediados del Siglo XIX, el esfuerzo de cartografiar toda la costa granadina fue reactivado con la compra de los esquemas y cartas de Fidalgo por el militar y estadista colombiano Tomás Cipriano de Mosquera (primer presidente de los Estados Unidos de Colombia en 1863), para quien mapear el territorio de la Nueva Granada representaba una prioridad de la República.

 

PanoramaCultural.com.co 

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