Martes, 23 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

Permítanme un paréntesis antes ya incluso de comenzar esta crítica. Existe una epidemia en el mundo de los aficionados al cine. Una enfermedad desbordante, que hiere la sensibilidad de la mesura, la honestidad, la reflexión y cae en el peligroso agujero del cinismo y la trivialidad.

Plaga que se materializa con las opiniones de los fanáticos profesionales, la mayoría amantes de los súper héroes y los cómics –sí, esto es cierto-; son los que ponen el grito en el cielo o amenazan de muerte cuando alguien critica El caballero oscuro; los que no duermen cuando Pacific Rim obtiene pésimas opiniones; los que, tal y como comentaba el escritor Alan Moore en su última entrevista, toman la ficción cinematográfica (o en papel) del súper héroe y la transforman en realidad con pueril formato alegórico; los que, desde el principio, sin haber visto el resultado final, no “permiten” que ídolos ¿sagrados? como el Robocop de Verhoeven tengan un remake.

A todos ellos, siento decirles que la versión dirigida por el brasileño José Padilha mantiene el nivel del original en una brillante vuelta de tuerca, siguiendo distintos y sugerentes caminos para llegar a la misma meta, y se convierte, por virtud propia, en una de las mejores películas de ciencia-ficción de la historia del cine.

2028. EEUU es el mayor proveedor mundial robots que sustituyen al soldado/policía de carne y hueso para restablecer la paz y el orden… excepto en el propio suelo norteamericano, donde los senadores no se ponen de acuerdo a la hora de introducir máquinas con armas de fuego en las calles.

El CEO de la compañía que los construye, Raymond Sellars (Michael Keaton en un gran acierto de casting), no se da por vencido, y para agradar a los políticos y la opinión popular construye un robot a través de un policía herido de gravedad, el recto y valiente Alex Murphy (Joel Kinnaman, de la excelente serie The Killing). El doctor Norton (Gary Oldman, intenso, compasivo, genial) trabajará en la creación del híbrido con el beneplácito de la mujer de Murphy, Clara (Abbie Cornish, dulce y conmovedora).

Hay que reconocer que los trailers de Robocop (2014) no han ayudado mucho a hacerse una idea acertada de lo que íbamos a ver, vendiendo el producto más como una puesta al día en lo referente a efectos especiales que como lo que verdaderamente ofrece: el lado luminoso de la fantasía USA gracias al guión de vocación trascendental, adulto, que soporta una fábula muy competente sobre la humanización de las máquinas y la automatización de los humanos. ¿Que se muestra violencia de forma menos cruda? Pues sí, pero tampoco significa que por eso sea mejor o peor que el clásico de 1987, y no voy a entrar de lleno en el tópico generalizado de que una obra tiene que ser ultra violenta para dedicarle atención. Puede funcionar o no.

En la película de Padilha, a cambio, tenemos uno de los momentos más entumecedores y gratamanente insanos de un blockbuster sci-fi en los últimos años: la secuencia en la que vemos por primera vez cómo a Murphy le retiran su parte robótica mostrándonos lo que ha quedado del hombre que fue. La identificación con el personaje es total, y la emoción se mantiene en todas las escenas de Murphy/Robocop con su familia.

El nuevo Robocop –nuevo de verdad- acierta en ir elaborando y desarrollando a fuego lento los distintos discursos con los que nos encontramos durante el metraje. Asuntos como la manipulación de los medios de comunicación, la esencia del ser humano (y la pérdida de esas características), el lastre de los recuerdos, la codicia de las grandes empresas…

Créanme, la crítica a la sociedad contemporánea que rezuma la película va más allá de la visión de Verhoeven. Es cuestión de hacer las cosas bien, temática y estéticamente. Y en esto último también se da un (lógico) gran paso. La acción es vibrante, con secuencias bien pulidas y claras, a pesar de un par de momentos en los que Padilha no atina con el uso de la cámara en mano.

Vayan al cine sin remordimientos, olviden prejuicios y no piensen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Este Robocop actualizado y vitaminado es un potente film que da motivos para tener esperanzas en los remakes, uniéndose así al privilegiado grupo donde se encuentran La mosca (1986) o La cosa (1982).

 

Miguel Ángel Mesa


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