Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Diomedes Díaz y su hijo Rosa Elvira El lugar escogido para que Rosa Elvira Díaz Mejía, hablara de su papá, no pudo ser otro que el mismo donde él nació el 26 de mayo de 1957: Carrizal.

Allí, en la vieja casita rodeada de tunas y cardones donde Rafael Díaz y Elvira Maestre, le dieron alegrías al sentimiento del amor para que naciera Diomedes, ella comenzó a hilvanar la mochila de los recuerdos donde aparece que ella fue su primera hija, producto de la unión con Bertha Rosario Mejía Acosta. De esta manera, Diomedes estrenó el título de papá cuando contaba con 17 años, tres meses y 12 días.

En esa larga charla en territorio guajiro, se sentía de cerca la fuerza del cariño del papá que dibujó con cantos esos lugares que hoy son conocidos a través de sus cotidianas historias y donde destacó a sus amados viejos, a sus familiares, sus amores, sus amigos y una que otra travesura como cuando su papá le pegaba sus pencazos y su mamá para consolarlo le daba un pedazo de panela.

Estando en ese trance del ayer dice que le gustan todas las canciones de su padre. “Las canciones de mi papá para mí son medicina”. Entonces, hace la explicación científico-emocional: “Cuando estoy enferma las escucho y me pongo bien porque mi papá les impregnaba su magia natural y espiritual”.

También lo de su nombre Rosa Elvira, tiene su historia. “Mi papá se puso de acuerdo con mi mamá, y si nacía niño se iba a llamar Diomedes Rafael y si era niña, Elvira Rosa, pero mi papá una vez empezó a componerme unos versos y para que le rimaran me puso Rosa Elvira. Y así me registraron”.

En ese momento interviene en la charla Bertha Rosario Mejía, madre de Rosa Elvira y cuenta detalles de los amores con Diomedes.

“Había asistido a la caseta de Rosario Maestre, en La Junta, con motivo de los carnavales. Estando sentada y, sin darme cuenta, Diomedes se me acercó y, como yo tenía puesta una blusa de canastica, me estampó un beso en la espalda. Le reclamé, y me dijo que le había provocado porque yo le gustaba”. Y continúa diciendo: “Todo siguió de coqueteo en coqueteo, cuando vinimos a darnos cuenta estábamos enamorados y emparejados. Con decirle que ‘Medes’, como siempre lo llamé, no podía ir a mi casa, nos veíamos a escondidas porque mi mamá, Eugenia María Acosta, no lo aceptaba, debido a que era un pelao parrandero y no le veía ningún futuro”.

Entonces Rosa Elvira, sonríe y su mamá dice que no va a contar más detalles de esos amores que ella destacó como “algo verdadero, con esa inocencia de antes y que se hicieron más fuertes porque eran prohibidos”.

Después de ese comentario que no estaba en el libreto, Rosa Elvira continuó hablando de las hazañas musicales de su padre y sacó a relucir la canción que le regaló.

“Cuando yo tenía un año, me cuenta mi mamá, me compuso la canción ‘Los areticos de oro’ e incluyó a mi tío Martín Maestre, quien iba a ser mi padrino. Estando ya grandecita la conocí y me dio mucha emoción escucharla y hasta me la aprendí”.

Enseguida, Rosa Elvira comenzó a tararearla:

Compadre Martín me le lleva

ese regalito a su ahijada

y me le da un abrazo a su mamá

y un saludo a la abuela.

Compadre me lo va a llevar

un regalito por lo pronto

estos areticos de oro

que se los manda su papá.

En este momento sublime de la añoranza y fijando su vista hacía la vieja casita donde nació el autor de sus días, no tuvo otra salida que dejar que varias lágrimas se escaparan. Esa canción grabada en el año 1979 por Daniel Celedón y Norberto Romero, hizo su efecto sanatorio en su corazón porque enseguida sonrió. El motivo era un nuevo recuerdo. “Mi papá, como sabía que esa canción me encantaba, me sentaba en sus piernas y me pedía que se la cantara”.

En ese instante, ni ahora hay palabras para explicar ese momento donde el sentimiento de padre e hija era como flores con pétalos de amor en medio del desierto.

Al darse cuenta que la alegría y la tristeza se habían juntado puso fin a ese tema y manifestó que tuvo grandes y pequeños detalles de su papá que la hicieron feliz y también al haber compartido sus primeros años al lado de sus hermanos Rafael Santos, Diomedes de Jesús, Luis Ángel y Martín Elías.

La despedida

Díez días antes del fallecimiento de ‘El Cacique de La Junta’, ella lo visitó y platicaron largo rato. “Compartí con mi papá un rato de pechiche y le pude decir cuanto lo amaba. Lo besé y lo abracé y ese momento quedó pegado en mi corazón porque Diomedes Díaz Maestre, fue un padre que nos quiso a todos y que indiscutiblemente tiene la fanaticada más fiel del mundo”.

Entonces, dice que él se despidió de la vida en medio de los triunfos por la nueva producción musical ‘La vida del artista’ donde se enmarca todo lo que significó para el folclor vallenato.

Al regresó de Carrizal hacía La Junta, sonaron dos canciones de Diomedes. Ella, las escuchó atentamente, pero de un momento a otro bajó el volumen del radio de su vehículo y anotó. “A mis hermanos cantantes les corresponde seguir el legado de nuestro papá. Ellos, saben su responsabilidad y sé que saldrán adelante porque mi papá desde el cielo los guiará”.

Entonces, al llegar a su casa la estaban esperando para hablar del tema que nunca tiene final, Diomedes Díaz, y donde esta encantadora mujer tiene un papel protagónico porque es la mayor de esa familia tan bonita.

 

Juan Rincón Vanegas


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