Miércoles, 28 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Derek Walcott, Premio Nobel 1992 Los orígenes de la literatura caribeña en lengua inglesa se remontan a los siglos XVIII y XIX, en los que se encuentra una literatura fundamentalmente imitativa de la literatura inglesa, dado que las personas que escribían en esta época eran, sobre todo, colonos ingleses establecidos en las islas de manera más o menos permanente.

Así, la experiencia caribeña se contempla, durante esta época, fundamentalmente desde la perspectiva colonial y desde modelos literarios ingleses. En la primera mitad del siglo XIX cabe destacar dos textos importantes, ambos de autoría femenina: The History of Mary Prince, A West Indian Slave, Related By Herself (1831), la autobiografía de la esclava Mary Prince, el primer texto caribeño en prosa escrito por una mujer y la única autobiografía de esclavitud caribeña que se conserva, aunque probablemente existieron otras. Se trata, además, del primer testimonio femenino sobre la esclavitud, ya que las autobiografías que habían aparecido antes en otros territorios esclavistas eran de autoría masculina.

Unos años más tarde, la jamaicana Mary Seacole publicaba también su autobiografía, Wonderful Adventures of Mrs Seacole in Many Lands (1857), en la que da cuenta de su intensa actividad como enfermera en Jamaica, Panamá, Colombia y, finalmente, en la guerra de Crimea, donde estableció un hotel para los oficiales británicos y pasó mucho tiempo cuidando a los heridos y moribundos. Mary Seacole desafió los roles de género tradicionales viajando sola por medio mundo, practicando la medicina y estableciendo su propio negocio. Su autobiografía presenta a una mujer negra autoafirmativa e independiente en un contexto tanto colonial —el Caribe— como metropolitano —Gran Bretaña— dominado y controlado por los hombres blancos.

Ya en las primeras décadas del siglo XX destaca un nombre que ocupa un lugar de honra en las letras caribeñas: el jamaicano Claude McKay. McKay cultivó la poesía y la novela, aunque es en sus novelas donde consigue su mayor valor literario. En Home to Harlem (1928), Banjo (1929) y, sobre todo, en la clásica Banana Bottom (1933), aborda uno de los temas más productivos de las letras caribeñas: el dilema de la persona negra que debe tratar de preservar su identidad en un mundo donde la norma imperante es blanca. La figura de McKay es significativa por otro motivo, ya que fue el primer escritor importante del Caribe anglófono que se exilió por motivos profesionales, un camino que en esta misma época siguieron muchas otras personas.

Las décadas de los años 30 y 40 del siglo XX constituyen una preparación para la gran eclosión de la literatura caribeña que va a tener lugar en los años cincuenta. El movimiento literario que se inicia durante estas décadas está firmemente asentado sobre los acontecimientos económicos, sociales y políticos de la época. La Primera Guerra Mundial, la Revolución rusa y la depresión económica de finales de los 20 parecen haber ejercido una gran influencia sobre la literatura, así como el comienzo del nacionalismo cultural y político que finalmente desembocará en la independencia de los países caribeños.

Desde el punto de vista literario, lo más destacable de estos 20 años es la proliferación de revistas literarias en casi todos los territorios. En estas revistas se publicó una parte muy considerable de la literatura caribeña de los años treinta y cuarenta. Algunas de ellas tuvieron una difusión muy limitada o duraron muy poco tiempo; unas estaban muy integradas en la vida local mientras que otras tenían una vocación pancaribeña e internacional. De todas estas revistas destacan cuatro por su repercusión en la vida cultural caribeña y por la importancia de las plumas que participaron en ellas: Bim, en Barbados; Focus, en Jamaica; Kyk-over-al, en Guyana, y The Beacon, en Trinidad. Esta última marcó el comienzo del desarrollo del género del cuento en el Caribe, un género que hoy en día continúa teniendo un gran auge. La revista seleccionaba para su publicación solo aquellas obras que contenían personajes, escenarios, situaciones y hablas propias de la región, y rechazaba aquellas obras que imitaban modelos extranjeros y, por lo tanto, carecían de autenticidad. Esta política editorial revela el profundo compromiso de las autoras y autores de la época con la definición de una identidad cultural distintiva que solo se podría conseguir mediante la ruptura con la tradición inglesa.

Entre los miembros del denominado "grupo de The Beacon" (The Beacon group) figuran tres nombres de gran relevancia en el canon literario caribeño: C.L.R. James, Alfred Mendes y Ralph De Boissière. Estos tres autores fueron los únicos miembros del grupo que publicaron novelas, y también fueron de los primeros, junto con Claude McKay, que abandonaron el Caribe para convertirse en escritores profesionales en el extranjero.

Resulta paradójico que el llamado "período boom" de la literatura caribeña, acontecido en la década de 1950, fuera un fenómeno principalmente británico, con base en un Londres que contaba con una importantísima comunidad intelectual caribeña. Muchas autoras y autores eligieron el exilio debido a las oportunidades limitadas que ofrecía el Caribe para el desarrollo de una carrera literaria: en los años cincuenta había muy pocas editoriales y el público lector con posibilidades de acceso a los libros era muy escaso. Así, resulta aún mucho más admirable la profusión de creatividad y la cantidad de obras publicadas durante la década. Esta eclosión no tuvo lugar solo en la literatura en todos sus géneros —poesía, teatro y narrativa— sino también en las demás artes, sobre todo en escultura y pintura. El interés creciente por parte del público lo fomentaron y lo dirigieron nuevas instituciones que se fundaron para impulsar la cultura autóctona: compañías de danza y de teatro, escuelas de artes y oficios, etc. Al mismo tiempo, florecían también el calipso y el steelband, y Louise Bennett estudiaba y difundía el folclore y la historia oral de Jamaica.

En todas estas manifestaciones culturales diaspóricas el centro lo constituía la sociedad caribeña: intelectuales y artistas pugnaban por conseguir el autodescubrimiento y la autodefinición, y este interés iba en paralelo a la conciencia política cada vez más extendida que estaba forjando la independencia. Los movimientos sociales y políticos son claves para comprender el verdadero sentido de la literatura de la época, ya que, a pesar de las muchas autoras y autores que se exiliaron voluntariamente, todos ellos permanecieron vinculados al Caribe y examinaron en sus obras los procesos de cambio social que se estaban dando. El exilio masivo suscitó un debate sobre la responsabilidad de la persona escritora hacia su comunidad. Así, mientras Kamau Brathwaite manifestaba su temor de que el exilio alejara a los escritores de sus raíces y los condujera a la incapacidad para explorar el territorio físico, social, moral y emocional que constituía su lugar de origen, George Lamming —en The Pleasures of Exile (1960) — se mostraba convencido de que, desde su exilio, los autores permanecían firmemente anclados en la cultura caribeña con un sentido de responsabilidad hacia esta idéntico al que preconizaba Brathwaite.

Por tanto, toda la literatura de los años 50 es muy sensible a la condición social y cultural del Caribe contemporáneo. A menudo, la exploración del yo personal o de la experiencia individual está ligada a la exploración de la interdependencia de los mundos personal y público, y a la exploración de la relación del individuo con la estructura de valores heredada que domina su sociedad. Los escritores tenían un sentido de compromiso social y político muy fuerte, que heredaron después las siguientes generaciones. Este período de la literatura caribeña se contempla como el canon literario de la región. Los siguientes autores son algunos de los que nutren los cursos de literatura caribeña en las universidades: Sam Selvon, George Lamming, Andrew Salkey, Wilson Harris, Edgar Mittelholzer, Kamau Brathwaite, John Hearne, Jan Carew, V.S. Reid, Derek Walcott (Nobel de Literatura en 1992) y V.S. Naipaul (Nobel de Literatura en 2001).

Significativamente, todos estos autores son hombres, con educación superior, de clase media y, salvo escasas excepciones, establecidos en Inglaterra durante este período. Sus obras contribuyeron a fijar un canon y una agenda crítica que aún hoy se sigue aplicando, y que muchas veces limita el estudio de la producción literaria caribeña en su conjunto, ya que resulta inaplicable a otra clase de escritura, como, como por ejemplo, la de las mujeres. Entre las obras más destacables de este período se encuentra The Lonely Londoners de Sam Selvon (1956), uno de los primeros experimentos narrativos en criollo como lengua de la narración y no solo del diálogo. Selvon utilizó una versión modificada del habla de Trinidad para narrar las duras experiencias vitales de un grupo de inmigrantes caribeños en Londres y sus dificultades de adaptación e integración en una sociedad racista que está muy lejos de considerarlos, como ellos esperaban al llegar allá, ciudadanos británicos.

En 1953, George Lamming publicó su célebre novela In the Castle of My Skin, uno de los máximos exponentes de la novela de infancia, que experimentó un gran auge en este período. La novela de Lamming, situada en su Barbados natal, es una exploración del proceso de crecimiento de un niño barbadense en paralelo a los cambios que llevan a la isla de ser una sociedad feudal basada en el sistema de plantaciones hasta los inicios del movimiento independentista. La alienación y la desposesión que se ponen de manifiesto en este proceso de cambio están también presentes en The Hills Were Joyful Together, que publicó el jamaicano Roger Mais en el mismo año, aunque Mais no sitúa la acción en la Jamaica rural sino en los suburbios deprimidos de Kingston.

En esta década comienza también a publicar sus primeras obras V.S. Naipaul, un autor que se exilió para no volver nunca a residir en su Trinidad natal. Esta obra temprana, a diferencia de la mayor parte de su obra posterior, está ambientada en el Caribe en su totalidad. A esta etapa pertenecen las novelas The Mystic Masseur (1957) y The Suffrage of Elvira (1958), y la colección de cuentos Miguel Street (1959). En estas obras, Naipaul describe la sociedad de Trinidad en su diversidad racial y cultural, pero con una lógica atención al grupo étnico de origen asiático al que él mismo pertenece. Más tarde, en 1961, la novela A House for Mr Biswas marca un cambio en la orientación de su producción literaria, que adquiere una mayor complejidad y un tono más filosófico y alegórico, al analizar la busca de la identidad propia por parte del individuo poscolonial a través de la simbología de la casa en construcción como espacio de identidad.

Naipaul, que recibió el Nobel de Literatura en 2001, es uno de los autores caribeños más prolíficos —también posiblemente el más polémico, debido a su ambivalente relación con la cultura caribeña—, y su producción literaria se extiende de manera regular hasta la actualidad.

En las décadas de los 60 y 70, al mismo tiempo que los autores canónicos se consolidaban, otros nombres nuevos hacían su aparición —entre ellos Michael Anthony, Austin Clarke, Roy Heath, Marion Patrick Jones, Earl Lovelace, Merle Hodge y Shiva Naipaul—, y todos juntos establecían una presencia sólida de la literatura caribeña en el mercado editorial internacional. En este período se produjo un fenómeno de recentralización de la actividad cultural y crítica en el Caribe, y no en el exilio como había sucedido en los años 50. Se inician así la búsqueda y la definición de una estética caribeña y tienen lugar hondos debates sobre la experimentación lingüística y formal en la literatura, sobre todo en relación a la nueva generación de escritores. Esta intensa actividad dio lugar a que la década de los 70 se conozca como "la década de la crítica". Se produjo un cambio de orientación crítica, pasándose de las falsas nociones de universalidad a una mayor apreciación de los contextos culturales y políticos de la región.

A mediados de los años 70, se produjo una eclosión de voces nuevas en la poesía dub y performance, tanto en el Caribe como en Gran Bretaña. Esto fue debido en parte a la nueva apreciación de la obra de poetas como la jamaicana Louise Bennett, que propició una mejor recepción de la poesía oral como literatura. También influyó mucho Kamau Brathwaite, con su trilogía The Arrivants (1973), construida como poesía experimental y que exploraba las posibilidades de usar ritmos y formas musicales negras (cantos de trabajo de la época de la esclavitud, espirituales, mento, ska, reggae, steelpan, calipso, jazz, blues).

En este período surge el debate sobre la clasificación de la producción literaria diaspórica. Aunque, como vimos, en décadas anteriores un número significativo de autoras y autores caribeños se habían ido asentando en Europa o Norteamérica, y aunque hay presencia y textualidad negras documentadas en Gran Bretaña desde hace muchos siglos, es en esta época cuando encontramos por primera vez una serie de escritoras y escritores, británicos de nacimiento o nacidos en el Caribe y residentes en Gran Bretaña, que se comienzan a identificar como británicas y británicos, algo que nunca hicieron ni podían haber hecho los autores caribeños que llegaron a Inglaterra en los años cincuenta. Esto no quiere decir que la etiqueta "literatura afrobritánica" (o Black British literature) fuera aceptada universalmente —al contrario, siempre ha sido un término muy debatido— pero, no obstante, se puede afirmar que fue en este período cuando nació la literatura afrobritánica contemporánea.

Entre sus pioneros estaba el poeta y activista Linton Kwesi Johnson, que publicó una innovadora colección en Londres en 1975 bajo el título Dread Beat and Blood. Su poesía se caracteriza por el uso del criollo jamaicano, una fuerte estética de representación (o performance), la influencia formal y temática de la música reggae, recursos estilísticos como el uso de las referencias bíblicas y un contenido altamente politizado. La poesía de Johnson está firmemente asentada en las realidades de la vida en un contexto urbano británico, en vez de en el concepto abstracto de la "Babilonia" rasta —es decir, la cultura occidental capitalista— que muestran otros poetas dub. El radicalismo de su trabajo, sobre todo en cuestiones lingüísticas, abrió caminos para la consolidación de una nueva generación de poetas negras y negros en Gran Bretaña a partir de los años 80, como Valerie Bloom, Jean Binta Breeze, Benjamin Zephaniah, John Agard, Grace Nichols o Jackie Kay, entre otros.

Además, las décadas de los 80 y de los 90 se caracterizaron por la eclosión de la literatura escrita por mujeres, tanto en el Caribe como en la diáspora. La publicación en 1970 de la primera novela de Merle Hodge, Crick Crack Monkey, sirvió de inspiración y modelo a muchísimas autoras, que reconocen que esta fue la primera obra literaria que apeló directamente a su experiencia personal y les permitió identificarse con una protagonista.

Crick Crack Monkey narra la historia de Tee, dividida entre la seguridad que le proporciona el mundo rural tradicional representado por su tía paterna Tantie, y la alienación que siente en el mundo de clase media y valores occidentalizados que representa su tía materna Beatrice. Cada una de estas mujeres simboliza un conjunto de valores de clase, raza, lengua y género, y Tee debe escoger uno de estos dos modelos en conflicto. Al final, Tee terminará por pertenecer a ambos mundos a la vez pero a ninguno de ellos por completo. La novela refleja así la alienación cultural derivada de la yuxtaposición de dos sistemas de valores opuestos y relacionados jerárquicamente, un tema que Hodge aborda también en su segunda novela, For the Life of Laetitia, publicada en 1994.

Además de las características generales de la literatura caribeña que se han ido mencionando, la literatura escrita por mujeres muestra rasgos específicos, el más destacable de los cuales es la incorporación de la perspectiva de género. Las escritoras ofrecen textos que tienen mujeres como eje central, en un intento de compensar la ausencia o la tergiversación de la experiencia femenina en la literatura de autoría masculina, que en muchos casos se nutre de imágenes estereotipadas y representaciones arquetípicas que poco tienen que ver con la realidad de las mujeres caribeñas. Así, algunos de los temas recurrentes abordados por las autoras son la sexualidad femenina, las conflictivas relaciones entre mujeres y hombres, la maternidad y los vínculos afectivos entre las mujeres.

El desarrollo de la literatura femenina caribeña está especialmente vinculado al género del cuento y la poesía, aunque en los últimos años se ha producido un incremento en el número de novelas. También fueron fundamentales las antologías que, a partir de los años 80, permitieron visibilizar la creación literaria de las mujeres. Dos de las antologías pioneras en este sentido, que coinciden en incluir trabajos de autoras de diferentes ámbitos lingüísticos del Caribe con voluntad integradora y pancaribeña, son Her True-True Name, editada por Pamela Mordecai y Betty Wilson en 1989, y Creation Here: A Cafra Anthology of Caribbean Women's Poetry, compilada por Ramabai Espinet también en 1989. En estas antologías encuentran cabida no solo autoras contemporáneas sino también escritoras de décadas anteriores, como las autoras criollas de Dominica Jean Rhys o Phyllis Shand Allfrey, que muchas críticas reivindican como precursoras de la literatura femenina caribeña.

Durante las últimas décadas se han dado a conocer una gran cantidad de nuevas escritoras y escritores de novela, muchos de los cuales escriben y publican en la diáspora europea o norteamericana. La diversidad de estas autoras y autores, tanto en los temas como en su tratamiento literario, es demasiado inmensa para recogerla en esta breve panorámica. Baste decir que sus intereses literarios van desde la articulación de la identidad, tanto caribeña como diaspórica en narrativas de infancia, hasta la revisión del pasado colonial y esclavista y de sus repercusiones en el Caribe contemporáneo, pasando por la novela de detectives; y todo ello en estilos que abarcan desde formas de narrar más o menos convencionales, hasta narrativas polifónicas y posmodernistas. La aceptación creciente de la literatura caribeña por parte del público lector y el reconocimiento crítico cada vez mayor que tuvo lugar especialmente a partir de los años noventa tiene, como es lógico, mucho de positivo para la propia literatura de la región y también para las personas que tienen acceso a la riquísima aportación cultural que supone una tradición tan diversa e hibridizada.

No obstante, como indican Alison Donnell y Sarah Lawson Welsh, editoras de un importante manual de literatura caribeña anglófona (The Routledge Reader in Caribbean Literature) aparecido en 1996, esta circunstancia supuso también que la literatura del Caribe se viese absorbida por el canon poscolonial, ya que en estas últimas décadas la literatura poscolonial se ha establecido como un campo muy sólido de investigación académica en el mundo occidental, y es desde la teoría poscolonial como se suele interpretar la literatura caribeña fuera de la región.

Como consecuencia, las peculiaridades culturales del Caribe —como es la ausencia de una lengua nativa o de una cultura precolonial, o la extraordinaria diversidad étnica y cultural— corren el riesgo de ser homogeneizadas o incluso eliminadas en el seno de este marco global que es el mundo poscolonial. Por otra parte, en estos últimos años se ha dado una apropiación de las literaturas periféricas, entre ellas la caribeña, por parte del centro cultural que es occidente —piénsese en la reclamación de los premios Nobel no blancos del "Tercer Mundo" (los caribeños Derek Walcott y V.S. Naipaul, o el nigeriano Wole Soyinka) como parte de una literatura canónica "universal"—; a esto contribuye, sin duda, el hecho de que tantas autoras y autores del Caribe escriban y publiquen en un contexto de emigración. Así, Donnell y Lawson Welsh reflexionan que esta situación de la literatura caribeña en el centro representado por las instituciones académicas occidentales podría responder no tanto a una tendencia contemporánea a la globalización, como a un movimiento perturbador propio del neoimperialismo cultural. Esta usurpación cultural ya la puso de manifiesto en su día George Lamming, cuando en 1960 criticaba la apropiación por parte de Inglaterra de los autores caribeños de los años 50 y se preguntaba para quién escribían estos autores. Más recientemente, la escritora y crítica de Trinidad Merle Hodge ha denunciado también la falta de soberanía cultural de los países caribeños, invadidos por el turismo y por los medios de comunicación occidentales, y ha subrayado la necesidad de crear modelos culturales alternativos que sirvan para definir la identidad caribeña sin recurrir a patrones extranjeros neocolonialistas.

Es difícil anticipar qué rumbo va a tomar la literatura del Caribe —o cualquier otra literatura poscolonial— en los próximos años y cómo va a responder ante las presiones culturales y editoriales del mundo occidental. Lo que es evidente es que la cultura caribeña continúa siendo tan vital y creativa como lo fue en fases anteriores de su historia, cuando se supo enfrentar y sobreponer a la explotación económica y la denigración cultural que supuso el colonialismo más atroz. Por lo tanto, es de esperar que su reacción ante este nuevo desafío sea, una vez más, la de regenerarse y redefinirse desde la diversidad cultural que constituye probablemente su mayor riqueza.

 

Ana Bringas López

La Jiribilla

 

Acerca de la autora: Ana Bringas López es especialista en Filología inglesa y profesora titular del Departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Vigo, Galicia, España, donde imparte clases de Literatura en Lengua Inglesa. Su investigación de centra en la literatura escrita por mujeres y en las teorías feministas y postcoloniales. Sobre estos temas ha publicado diversos trabajos. Es integrante del Seminario de Investigaciones Feminismo y Resistencias de la Universidad de Vigo, en el marco del cual ha organizado diversos congresos internacionales, cursos, jornadas y seminarios sobre feminismo y postcolonialismo.

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