Martes, 21 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

La pollera colorá interpretada por los acordeonistas del EncuentroMatilde Lina cantada por una argentina. La murga de Panamá interpretada en acordeón con las enseñanzas de un vallenato. O el tango brasileño tocado por un insigne concertista colombiano. No es un sueño, y mucho menos un deseo. Estamos en el sexto Encuentro Internacional de Acordeones organizado en Valledupar por la Fundación de Reyes y Juglares Vallenatos: una cita que zarandea las perspectivas musicales de una ciudad.

El acordeón es un íntimo amigo del Valle. Comparte escenarios con casi todos los cantantes famosos de esta tierra, desde Martín Elías hasta Peter Manjarrés, y hasta tiene sus jerarquías que terminan subiéndose a un trono durante el transcurso de un año.

Sin embargo, el acordeón es mucho más que el modelo Tres Corona. Mucho más que los cuatro aires que animan el Festival Vallenato. Y eso justamente nos ayuda a entender el Mundial de Acordeones que organiza cada año la periodista Lolita Acosta con el fin de romper fronteras musicales (y culturales).

En esta sexta edición, el encuentro de saberes realizado en la Academia del Turco Gil abrió la puerta a un diálogo que se instauró de manera alegre y despreocupada. Max Zapata (representante de Panamá), Lucrecia Longarini y Néstor Acuña (oriundos de Argentina), Lácides Romero y Francisco Rivera (procedentes de Bogotá) y el Rey Vallenato infantil Sebastián Sepúlveda participaron en esta experiencia con una emoción palpable.

Tras una serie de conciertos organizados en diversos puntos de la ciudad, el evento culminó el viernes 25 de julio con una gala de tres horas en homenaje al recientemente fallecido acordeonista argentino Ildo Patriarca, un gran músico e instrumentista que asombraba por el uso de su mano izquierda y su enorme nivel musical en lo rítmico y armónico.

En la Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez, las distintas delegaciones se lucieron una a una después de la presentación de la obra de teatro “Voces de la Tierra” en clave de acordeón realizada por el Teatro Estudio Universidad de Cartagena. El acordeón fue el instrumento elegido para expresar el dolor padecido por una mujer y llamar la atención sobre el fenómeno de la violencia de género.

Luego, la música folclórica de Europa y Brasil se impuso gracias al virtuosismo del Dúo Nuevo Mundo integrado por el acordeonista Lácides Romero y el clarinetista Francisco Rivera. El panameño Max Zapata interpretó un repertorio que expuso sus grandes aprendizajes en la Academia del Turco Gil y concluyó con la ya conocida –y embriagadora– Murga de Panamá (el mismo Max Zapata la interpretó el año anterior y recibió la mayor de las ovaciones).

El espectáculo fue creciendo con una maravillosa intervención del solista Néstor Acuña quien, además de excelente acordeonero, es un prodigioso pianista. Su prestación nos preparó poco a poco para la entrada de la cantante argentina Lucrecia Longarini, la reina de la noche.

Lucrecia hizo y deshizo todo en su entorno. Irradió alegría y felicidad, amor por su tierra y agradecimiento por el recibimiento en Valledupar. De su garganta salió una Matilde Lina renovada y emocionada, que Lácides Romero se encargó de acompasar.

Y después de una brillante presentación del Rey Vallenato infantil Sebastián Sepúlveda (que se anuncia como uno de los grandes Reyes de Colombia), “La pollerá colorá” de Wilson Choperena cerró el telón con el aporte de todos.

La fiesta musical fue intensa y vibrante. Tan intensa que el público –y especialmente el artista Francisco Ruiz–, se organizó para que los músicos siguieran cantando toda la noche en una verdadera parranda vallenata…

 

PanoramaCultural.com.co


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