Martes, 23 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

En muchas ocasiones llegan pacientes a mi consulta porque quieren superar problemas en sus relaciones sexuales: “ya no disfruto, no tengo ganas, no quiero” … etc, y sin embargo, estas personas siguen sintiendo amor por su pareja o, por lo menos, ganas de luchar por la relación. ¿Qué puede pasar para que una pareja deje de disfrutar de las relaciones sexuales?

Antes de entrar en el tema, es necesario saber que el ser humano busca la felicidad y el bienestar, y en este sentido, múltiples estudios han concluido que unas relaciones sexuales satisfactorias producen los siguientes beneficios:

- La relación sexual adecuada, actúa sobre el sistema nervioso y el metabolismo del ser humano, favoreciendo un estado de equilibrio y de bienestar físico y psicológico.

- Un efecto de rejuvenecimiento.

- Previenen la aparición del estrés y de los trastornos psicosomáticos (fobias, ansiedad, alergias, alteraciones digestivas, etc.).

- Protegen contra enfermedades como el infarto de miocardio y la hipertensión.

- Disminuyen la frecuencia del cáncer de útero en la mujer y del adenoma de próstata en el hombre.

- Evidentemente, consolidan la relación de pareja.

Por lo general, el concepto de pareja estable se asocia más al diálogo y la convivencia que al mantenimiento de la euforia sexual. Esto no quiere decir que la estabilidad sea sinónimo de sexo pobre, pero es cierto que en una pareja estable, la sexualidad tiene muchos enemigos y pocos amigos, y para mantener la solidez de este aspecto de la pareja, debemos esforzarnos día a día por mantener un sexo de calidad y gratificante.

Es en el transcurso de la vida en pareja, y no en los encuentros sexuales puntuales, cuando percibimos las dificultades sexuales en forma de disfunciones. Pero, ¿qué es una disfunción sexual?

Se trata de la alteración de una o más fases de la respuesta sexual humana, es decir, las fases de deseo, excitación, orgasmo y resolución. No hablamos de problemas puntuales o transitorios, sino de alteraciones mantenidas en el tiempo, y todas aquellas que, independientemente del tiempo, pueden generar alteraciones emocionales que pongan en riesgo la pareja.

Las tipos de disfunciones más frecuentes en el hombre son:
1. Eyaculación precoz: respuesta orgásmica o eyaculatoria antes de lo deseado.
2. Eyaculación retardada: respuestas orgásmica o eyaculatoria que tarda demasiado en aparecer, si bien se mantiene la erección.
3. Impotencia: dificultad para mantener la erección con la rigidez suficiente para lograr la penetración vaginal.

Los tipos de disfunciones más frecuentes en la mujer son:
1. Anorgasmia: imposibilidad para lograr un orgasmo.
2. Vaginismo: espasmo muscular que provoca gran dolor durante la penetración.

Además de los anteriores, existen dos tipos de disfunciones que pueden afectar por igual al hombre y a la mujer, como son:
1. La falta de deseo sexual: se trata de un bajo nivel de interés sexual, que en la mujer toma el nombre de frigidez.
2. La aversión sexual: rechazo de cualquier acto sexual, incluyendo reacciones de miedo, ataques de pánico, fobia, asco…

Las personas que sufren una disfunción sexual deben buscar ayuda profesional. Cuando una disfunción sexual es tratada a tiempo y se emplea la terapia adecuada, su evolución es muy positiva en poco tiempo.

De no hacerse, el problema puede volverse crónico y se complica a medida que va pasando el tiempo. Como hemos dicho, el sexo no es imprescindible en una pareja, pero sólo si las dos partes lo entienden de la misma manera. De no ser así, acabará causando una ruptura emocional…

Por otro lado, no es necesario que exista una disfunción para que queramos mejorar la calidad de nuestra vida sexual. Ahí van algunas de mis recomendaciones:

1. Dedicar un tiempo el uno para el otro.
2. Decirse halagos, ya que esto mejora el estado de ánimo y genera más apetito sexual.
3. Buscar situaciones diferentes, o utilizar algún juguete o película, la lectura de algún libro, para mejorar la sexualidad. Siempre hay que alimentar la imaginación.
4. Dar importancia y cuidar las preliminares al coito.
5. Dar alguna sorpresa a la otra persona.
6. Separar el afecto del deseo, de tal forma que el ser cariñoso no sea interpretado como una invitación a tener un contacto sexual.
7. No esperar a que el otro “empiece” o “haga”; la responsabilidad de tener una sexualidad sana está en manos de los dos (o más…).
8. Respetar y aunar los gustos de ambos. Si a alguien no le apetece una determinada situación sexual, difícilmente va a disfrutar y va a hacer que disfrute la otra persona.

El estrés, las preocupaciones y la falta de tiempo son enemigos de una sexualidad sana y placentera; pero ahora es el momento; siempre es el momento. Disfruta de tu pareja.

MAIRA ROPERO

Más información: consulta la web.

Bien estar
Maira Ropero

Maira Ropero (Valledupar). Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana especializada en Psicología Clínica (Universidad Autónoma de Barcelona, España) y Coach de vida. Máster en Programación Neurolingüística y Doctora en hipnosis clínica.

Su columna semanal “Bien estar” ofrece reflexiones para mejorar la salud mental y disfrutar de cada instante. Es un espacio idóneo para el crecimiento personal y el fortalecimiento de un liderazgo inspirador.

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