Domingo, 26 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

“El egoísmo social es un comienzo de sepulcro”, Víctor Hugo.

En los últimos meses he leído noticias que inspiran el título de esta columna, se ve a un fiscal que entrega reconocimientos a quien -el común considera- inmerecido, vimos en la época electoral candidatos y candidatas intentando de manera terca un aval o un respaldo del pueblo, otros que paseaban de campaña en campaña para asegurar una “atornillada” en el cargo; y así se puede observar el festival de egos que insisten y no desisten; poco les interesa el ataque social, el peligro de ser capturados o investigados, perder elecciones o ser “destituidos” de los cargos que imaginan a término indefinido olvidando que son de libre nombramiento y remoción; lo importante para los egos que no desisten es “estar” en el poder o “seudopoder”.

Estoy hablando del ego que no le hace bien a las democracias, a los pueblos, a la equidad social; esos egos de sujetos a los cuales, no les interesa el desarrollo de los territorios y la ciudadanía, porque su categoría de relacionamiento con lo otro es desde el individualismo-narcicismo y éste es el síndrome que tiene a nuestros pueblos en un estado refractario (espero que temporal o pasajero) y no absoluto. El ego que violenta y detiene el desarrollo; desarrollo que se disminuye a la idea de considerar que se logra, si se adquiere la camioneta de más de 100 millones, la finca con miles hectáreas, el yate, los lujos, las menciones en canciones vallenatas y las fiestas privadas que se confunden con megaconciertos.

El Caribe y La Guajira padecen una enfermedad que impacta la realidad política, social y cultural; un ego (desenfrenado) que impide acciones humanizadas y realmente democráticas, pareciera que el poder solo aplicara a un objetivo y es el del dominio y no el del servicio ¿se tiene el poder no para servir sino para dominar?

El ego que produce ceguera, terquedad y ambivalencia, en manos de ese panorama está la ciudadanía, pero alertas no mueren las esperanzas, aún estamos a tiempo de despertar y reaccionar. Creo que una minoría ya lo está logrando – el letargo está llegando a su fin- como diría Eduardo Galeano “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” y termino estas letras con una frase que mantiene mi fe en la causa “lo creemos, lo lograremos” despertad pueblo!

 

Fabrina Acosta

@Facostac 

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