Lunes, 25 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

“El egoísmo social es un comienzo de sepulcro”, Víctor Hugo.

En los últimos meses he leído noticias que inspiran el título de esta columna, se ve a un fiscal que entrega reconocimientos a quien -el común considera- inmerecido, vimos en la época electoral candidatos y candidatas intentando de manera terca un aval o un respaldo del pueblo, otros que paseaban de campaña en campaña para asegurar una “atornillada” en el cargo; y así se puede observar el festival de egos que insisten y no desisten; poco les interesa el ataque social, el peligro de ser capturados o investigados, perder elecciones o ser “destituidos” de los cargos que imaginan a término indefinido olvidando que son de libre nombramiento y remoción; lo importante para los egos que no desisten es “estar” en el poder o “seudopoder”.

Estoy hablando del ego que no le hace bien a las democracias, a los pueblos, a la equidad social; esos egos de sujetos a los cuales, no les interesa el desarrollo de los territorios y la ciudadanía, porque su categoría de relacionamiento con lo otro es desde el individualismo-narcicismo y éste es el síndrome que tiene a nuestros pueblos en un estado refractario (espero que temporal o pasajero) y no absoluto. El ego que violenta y detiene el desarrollo; desarrollo que se disminuye a la idea de considerar que se logra, si se adquiere la camioneta de más de 100 millones, la finca con miles hectáreas, el yate, los lujos, las menciones en canciones vallenatas y las fiestas privadas que se confunden con megaconciertos.

El Caribe y La Guajira padecen una enfermedad que impacta la realidad política, social y cultural; un ego (desenfrenado) que impide acciones humanizadas y realmente democráticas, pareciera que el poder solo aplicara a un objetivo y es el del dominio y no el del servicio ¿se tiene el poder no para servir sino para dominar?

El ego que produce ceguera, terquedad y ambivalencia, en manos de ese panorama está la ciudadanía, pero alertas no mueren las esperanzas, aún estamos a tiempo de despertar y reaccionar. Creo que una minoría ya lo está logrando – el letargo está llegando a su fin- como diría Eduardo Galeano “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” y termino estas letras con una frase que mantiene mi fe en la causa “lo creemos, lo lograremos” despertad pueblo!

 

Fabrina Acosta

@Facostac 

Evas&Adanes
Fabrina Acosta Contreras

Mujer natal de la hermosa tierra Guajira, nieta de Rita Contreras mujer de 105 años leyenda viva de Villanueva, es Psicóloga, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia, actualmente cursa la Maestría en estudios de Género y violencia intrafamiliar, y ha realizado diversos diplomados en gerencia social, trabajo con comunidades indígenas e infancia.

Creyente absoluta del Arte en todas sus manifestaciones, considera que la literatura es el camino a la libertad pacifica de los pueblos. Amante fiel de la lectura y firme aprendiz del arte de escribir. Eterna enamorada de las tertulias y del arte en general, encuentra en ello el camino adecuado para el desarrollo social.

Es creadora y directora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual, se proyecta como una empresa social de alto impacto para el desarrollo de la Guajira y lidera diversas actividades como la iniciativa cultural denominada: Foro Concierto La Mujer en el Vallenato.

Autora del libro Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres, como poseedor de la magia de sus vivencias en diferentes culturas donde descubrió historias femeninas que metafóricamente tejen ese universo de la Mujer sin Receta; Autora del libro Evas culpables, Adanes inocentes.

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