Domingo, 28 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Poncho y Emiliano Zuleta

En este reciente cambio de año, llegando a El Carmen de Bolívar me he llevado dos tremendas sorpresas: Primero me encuentro en la misma tarima a dos de los más grandes compositores de la música vallenata: Adolfo Pacheco y Emilianito Zuleta y luego, en el mismo hermoso atrio me encuentro a Poncho poniéndoles los pelos de punta y las gargantas a reventar a todo mundo.

En esta última ocasión supe que debía saldar una deuda de gratitud y admiración, equivalente para mí, a la que este año les hará la Fundación Festival de la Leyenda vallenata a la agrupación más representativa de la música vallenata: Los hermanos Zuleta.

Guiándome por los afiches promocionales de los festivales pasados, desde que se hizo aquél sentido “Homenaje a los que se fueron” en el XXVIII festival, de 1995, a Juancho Rois, Maño Torres y Eudes Granados, ya han pasado doce de estas emotivas distinciones y, hasta ahora, ninguna había sido (más allá de la inclusión del viejo Mile en la del XXXVIII festival) para la más grande y tradicional dinastía de la música vallenata, la de los Zuleta, iniciada musicalmente por el juglar Emiliano Zuleta Baquero, hijo de la mítica Vieja Sara y esposo de Carmen Díaz, y que ha tenido, además de en Mario, Héctor, Fabio e Iván, hijo de este último, a sus más reconocidos exponentes en Poncho y Emilianito, padres a su vez de Héctor Arturo y Carlos Alberto y José Enrique, quienes prolongan con lujo de detalles y reconocimiento creciente La herencia vallenata que corre en sus venas de cantantes, verseadores y acordeoneros de tradición.

En la edición número XLIX del Festival, su Fundación otorgará el homenaje a Los hermanos Zuleta, El pulmón y El gago de Oro; sin embargo, este homenaje debe ser visto y entendido como un homenaje a toda la dinastía, desde la Vieja Sara hasta Héctor y Coco y los que vendrán a prolongar los ya más de ochenta años de música arraigada en la idiosincrasia de toda una región que nos ha dado esta familia.

Mi gusto por la música de los Zuleta es heredado de mi familia y consolidado con el disfrute (y en ocasiones estudio) de sus letras y sus melodías.

En la dinastía de los Zuleta encontramos a auténticos juglares de nuestra música, aunque los ámbitos de desarrollo de su actividad hayan variado y mucho: El viejo Mile es, quizá, uno de los más reconocidos juglares y sobre cuya denominación no recaería ninguna duda en el mundo vallenato. Por tocar acordeón, componer y cantar, además de viajar desarrollando su oficio, a Emilianito y al difunto Héctor se les debe reconocer como verdaderos juglares. Poncho, para sólo fijarnos en la vieja escuela, visto como artista itinerante que divierte a la gente con sus canciones, apegándonos al diccionario es, también, un auténtico juglar.

Tomas Alfonso y Emiliano Alcides, desde su primera grabación, Mis preferidas, nos han regalado una cantidad enorme de canciones que han quedado grabadas en la historia musical del universo vallenato, tales como: La cita, El trovador ambulante,  La celosa, Río seco, Diosa de la serranía, Los maestros, El cóndor legendario, El firme, Río Badillo, Alma viajera, La muerte de Marily, Así fue mi querer, Cabañuelas, Amores que van y vienen, Y yo solo, Tardes de verano, Mañanita de invierno, Indira, Orgullosa, Ahí vas paloma, Alas de mil colores, Mi hermano y yo, La virgen del Carmen y un largo etcétera; sin embargo quiero evocar entre esos zuletazos que han hecho parte de la banda sonora de mi existencia a los que son compuestos por miembros de la dinastía en busca de resaltar sus dotes compositivas, fundamentales para mí como amante de la literatura, por la calidad de sus letras en las cuales nos han transmitidito la crónica de acontecimientos, mensajes de amor, historias tiernas y relatos jocosos de toda índole.

En estos zuletazos hay canciones que dan cuenta de la vida cotidiana, mostrándonos que la vida es más poética de lo que se cree incluso en situaciones prosaicas como lo son los males de salud y de ello nos han hecho partícipes los Zuleta, desde el patatús retrechero que le dio al viejo Mile y registró en el paseo El delirio, grabado en el LP Mis preferidas, el primero de los hermanos Zuleta en 1971, hasta la preocupación que nos muestra Emilianito en Mis muchachitos, en caso de llegar a morirse dejándolos chiquiticos, pasando por la defensa de Poncho frente a los ataques que le hacían por parrandero en El estudiante pobre, paseo donde prefigura la recompensa que tendrá porque vale más llegar a ser que el haber nacido siendo,  las supuestas Vacaciones de Emiliano que en realidad fueron un ir y volver del lado de su Carmen Díaz a quien en su canción homónima le asegura que si me caso en otro tiempo, me vuelvo a casar con Carmen.

Nos dan cuenta, también, los Zuleta de las curas con vegetales de El indio Manuel María que con sus plantas desconocidas le quita la clientela a los médicos, las pérdidas económicas del viejo Mile en La pimientica, las meditaciones de Mario a las orillas de El riachuelo que subía o bajaba su caudal haciéndole compañía, la transposición narrativa hecha por Emilianito con su padre para decir, por este, que ya No bebo más y, digan lo que digan, estoy contento con Carmen o la hecha por el Viejo con Emilianito para decir que Ana después de vieja se ha vuelto La camajana y tiene un trajecito que a él no le gusta, la tranquilidad con que el viejo Mile sigue trabajando a pesar de Los malos tiempos que a otros cultivadores llevan al fracaso,  El robo que al viejo le hiciera un embolador apenas llegando a Fundación, la adquisición de la finca El piñal donde el viejo Mile se crio y toditos lo iban a ver y la habladuría que de él tenían en El monte de la rosa, donde todas las mujeres bien temprano se enjuagan la boca con su nombre.

La costumbre casi en desuso de componer canciones derivadas de la piquería ha sido hecha universalmente famosa por esta dinastía, teniendo su más importante representación en la famosísima Gota fría. Los hermanos Zuleta grabaron dos de estas canciones, ambas de autoría de su padre y dirigidas a su tío Toño Salas. La primera de estas composiciones apareció en el álbum Mi canto sentimental de 1973 con el nombre de La piquería, precisamente, que parece haber sido compuesta después de El gallo viejo, que fue grabada en el álbum Pa´ toda la vida, de 1980.

El amor ha sido tema central de las canciones que componen e interpretan los miembros de la dinastía Zuleta, distinguiéndose por caracterizarse las canciones sentimentales de los Zuleta por mantenerse alejadas del llanto y la desolación que predominan en las letras actuales, incluso en canciones tan recientes como Aquella carta grabada en 1998, ¿Por qué? grabada en el 2002 y Dayana, grabada en el 2005.

De estas canciones sentimentales en el álbum Río crecido de 1974 fue grabada la canción Mi salvación de la autoría de Poncho Zuleta, cuyos  cinco versos iniciales son, para mí, memorables:

Parece que llegó a mi corazón

el tipo de mujer que yo quería.

Yo estaba esperanzado que algún día

pudiera conseguirme una mujer,

con esas cualidades y ese don…

Del mismo autor, fue grabada la canción Claudia en el álbum Siempre vallenato de 1996, un tema que pone de manifiesto la importancia de la interpretación dado a un tema puesto que esa misma letra sin la voz y el carácter de Poncho, quizá fuera una más de las tantas canciones lloronas a las que nos han habituado recientemente, cuando se le oye decir en el coro:

Porque yo sin ti, yo sin ti ya no valgo nada,

¡Tú me haces falta, tú me haces falta mujer hermosa! 

Emilianito, el más prolífico de los compositores de la dinastía aun siendo, comparativamente, creador de pocas canciones, nos ha regalado tres canciones sentimentales enormes: Mañanita de invierno del álbum homónimo de 1993, Indira del álbum Hermanos Zuleta/95 de 1994 y Aquella Carta del álbum La trampa de 1998.

Mañanita  de invierno no se sabe bien si es una canción de amor a Villanueva o a la mujer que comparte con Emilianito la nostalgia de su pueblo querido viendo aquella lluvia caer.

Mira que el cielo ya se vuelve a nublar 
y unas goticas ya empiezan caer, 
vamos pa’ dentro que nos vamos a mojar,
para que estemos bien solitos y yo así entregarte 
mi cariño pa’ que tú te sientas más mujer. 

Indira es una canción particular que muestra, además del amor desbordado del autor por su amada, una relación de mucha cercanía y confianza inusitada de este con su Dios, hecho que queda manifiesto en la última estrofa en la que le dice:

Dios mío no me vaya a echar mentiras, mentiras,

tu sabes que yo he confiado en ti, en ti,

bajá y decímele a Indira

que ella es lo único en la vida

que puede hacerme feliz.

En Aquella carta se puede evidenciar el equilibrio compositivo que mantiene Emilianito entre lo académico y lo tradicional, dando muestras tanto de su formación académica, exenta de rebuscamientos innecesarios y vacuos, como de la sencillez propia de sus maestros.

Cuando estuve al lado tuyo, 
fui un hombre honesto fui un hombre bueno,
pero tú fuiste lo que nunca pensé que iba a ser 
el patrimonio inútil pa’ mí, de todo mi recuerdo. 

Porque tú…

Porque tú cambias como cambia la luna, 
tú te transformas ni las olas del mar. 
Pero esa carta eran mentiras tuyas 
porque en seguida me volviste a buscar.

Una de esas probables ramas para la clasificación de las composiciones dela música vallenata es la que yo he dado en denominar: La reflexión del autor sobre sí mismo y su oficio es, ampliamente, cultivada por la dinastía Zuleta, de tal forma que ellos nos han permitido conocer no sólo los concurrentes a las viejas parrandas sucedidas en casa de la Vieja Sara y demás y los cambios en la consideración tenida a los músicos vallenatos de parranderos andariegos a nobles portadores de una herencia invaluable, sino las penas y afugias sufridas por estos en el ejercicio de su profesión.

En el LP "Mi canto sentimental" de 1973, el tercero álbum de estudio de Poncho y Emilianito, aparece la canción La herencia, compuesta por Emilianito y que es la primera de ellos que nos muestra su conciencia de ser los portadores de un patrimonio cultural hoy ya declarado como bien inmaterial de la humanidad el cual se debe preservar a como dé lugar.

No es una herencia material

a la que me refiero yo,

es una herencia musical

la que mi padre me dejó.

 

Y desde que yo vine al mundo

oyendo el acordeón los ojos se me abrieron

y desde entonces llevo con orgullo

la gran herencia que olvidar no puedo.

En el álbum Rio seco Poncho nos regala su primera visión sobre esta herencia que Dios y su padre le han dado en la canción Buen comportamiento, grabada en 1974 y en la que nos cuenta las satisfacciones que ha podido ir cosechando de su dedicación al folclor vallenato.

Con mucho orgullo vivo complacido

Por este don que Dios me ha encomendado

Y es el folclor que en mis venas yo guardo

Como un tesoro abrumador de idilios.

En Los maestros, álbum de 1976, Poncho ya nos habla en El andariego del vallenato como lo más grande que ha dado su provincia y pide a sus colegas dejar de lado algunos actos de egoísmo para seguir brindando cariño y canciones llenas de sentimiento a sus seguidores y en el álbum Ídolos, también de 1976, es el viejo Mile quien nos deja ver en la canción El regreso la importancia sagrada de su acordeón que no puede dejar de tocar a pesar de las prohibiciones etílicas que le han traído sus achaques.

Y sin embargo tengo aquí el mismo entusiasmo

Y tengo el mismo espíritu pa´ tocar mi acordeón,

Porque la música pa´ mi es lo más sagrado,

Por eso la ejecuto sin tomarme un trago de ron,

porque yo la ejecuto es con todo mi corazón…

En esa reflexión constante sobre su folclor Emilianito nos regala dos canciones que, al contrario de la alusión constante hecha por sus colegas a la gran felicidad que les causa ser exponentes del folclor, nos hablan de las ganas insospechadas, quizá frecuentes, de colgar el acordeón.

Quizás cuantas noches he visto salir 
la luna radiante por la madrugá,
quizás cuantas noches sin poder dormir 
 y a veces con ganas de irme a acostar.

 
Se sufre, se goza y se vive feliz, 
hay ratos solemnes y otros de agonía 
y muchas veces tristes…
y así la gente dice que todo es alegría.

(Mi hermano y yo, álbum Pa´ toda la vida, 1980)

 

Pero no saben lo que llevaba dentro de mi alma, 
por qué tomé yo esa decisión.
Tantos tormentos, tantos pesares, 
acaricie tantas madrugadas.

Yo tuve fuerza, tuve coraje

y mucho tiempo para pensar 

*

Pero yo ansiaba algo distinto,

cambiar mi vida y formar un hogar.
Le di a mi gente todas mis fuerzas,

mi juventud, toda se ha ido, 
pero no quiero que a mí me toque 
llegar solito a mi vejez.

(El retiro, álbum El Zuletazo, 1992)

Además la canción El jilguero, grabada en el álbum homónimo por Jorge Oñate y Álvaro López en 1988, dedicada al mismo Oñate, Emilianito nos ha regalado en su discografía dos canciones dedicadas a dos de los más grandes en su oficio: En la primera, Aun colega, del álbum Vol. 15 de 1981, deja ver su respeto y admiración por Colacho Mendoza.

Es difícil componer una canción

y ponerle el sentimiento que uno quiere,

componerla con todito el corazón

y buscarle una apropiada melodía.

 

Por eso es que yo hago esta composición

dedicada para Nicolás Elías,

que nació fue pa´ sabe’ tocá acordeón

y esa es la nota que emociona el alma mía. 

La segunda canción es en parte un lamento por las penas ajenas, pero más que todo una voz de aliento, una conmiseración con su amigo y colega Diomedes en medio del difícil tránsito del presidio que por varios años debió sufrir.

Hay un cantante que vive sumido en la oscuridad,

ninguno puede meterse en las cosas que le manda Dios.

Tan buen cantante que nadie en la vida lo puede negar,

pero la suerte le mandó el destino que nunca pensó.

*

Toda las cosas que suceden en la vida

las hace Dios para probar a los humanos.

Un pájaro en la jaula no canta lo mismo

que en la espesura profunda de una montaña.

Yo apuesto con cualquiera que el día que salga,

hasta le cambia el plumaje al trupial herido.

La última canción a la que me refiero en este aparte de la reflexión del artista sobre sí mismo y su obra es una de mis canciones favoritas en todos los repertorios y ritmos que he conocido. Tardes de verano, del álbum homónimo de 1994 es una especie de revelación del germen poético que, además, es una gran declaración de la enajenación y el desbordamiento causado al entendimiento por la belleza inabarcable de un bonito atardecer a la orilla del mar.

Después de una gira larga por Montería 
me presente a Cartagena una tardecita 
y a Bocagrande llegué cuando el sol moría 
y me puse a contemplar sus playas bonitas.
Y entonces se entusiasmó la memoria mía 
al verme enfrente a sus aguas tan azulitas.

 

Apuesto a que nadie duda ni desconoce 
cuando un ser humano siente satisfacción,
mirar desde lejos aquel bonito horizonte 
y ver el instante cuando se oculta el sol. 
Y ver cuando ya se está acercando la noche 
y así es como nace una bonita canción.

La reflexión más aguda y sobrecogedora que nos da Emilianito en sus canciones he decidido dejarla como cierre de este homenaje personal a su dinastía por abarcar en sus versos todo el sufrimiento, la impotencia y la indignación frente esa informe violencia que tanto nos abruma y que es tan difícil de superar por sus intrincadas redes y ramificaciones. En esta canción, Mi pobre valle, del álbum Nobleza y folclor de 1997, año en el que esta misma canción lo coronaría Rey de reyes de la canción inédita vallenata, Emilianito llega, incluso a ofrecer sus manos,  lo único que tiene en la vida, como ofrenda para poder ver de nuevo a su Valle querido transformado en un lugar de paz y progreso.

Yo no quisiera ver mi vida en peligro 
porque no quiero morirme todavía, 
pero al tratarse de mi Valle querido 
con mucho gusto hasta mi vida diaria. 

Lo que sucede es que ya yo no resisto 
la guerra sucia que nos tiene nerviosos, 
quisiera hacer como hizo Jesucristo

que dio su vida por salvarnos a nosotros. 

Si yo pudiera sacrificar mis manos, 
lo único que yo tengo ay para poder vivir, 
y ve algún día mi Valle transformado 
colmado de esperanza y un lindo porvenir. 

En la potencia y el sentimiento de la voz de Poncho y en la inconfundible y exquisita nota de Emilianito, así como en sus composiciones esmeradas y bellas, se conjuga y se perpetúa la tradición que la UNESCO a bien ha querido preservar con la declaración de la música vallenata tradicional del Magdalena Grande como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad en necesidad de Salvaguardia Urgente, por lo que adicionalmente al más que merecido elogio hecho a toda la dinastía la misma Fundación Festival de La leyenda vallenata y todos los demás entes competentes deben tomar las decisiones necesarias y encaminar los esfuerzos precisos para hacer frente a las amenazas que aquejan a esta música tradicional, empezando por el desconocimiento de sus valores y la falta de difusión de este más allá de los ámbitos festivaleros y de programaciones nostálgicas, para así poder demostrar que el verdadero vallenato seguirá adelante, a pesar de todo… o, precisamente por ello.

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

@luiskramirezl 

A tres tabacos
Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños.

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