Miércoles, 26 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

El 27 de marzo, Día mundial del Teatro, quizás estuvimos –y sigamos– recordando aquel comienzo de la historia cuando el hombre espantado por los misterios que rodean la creación y su insignificancia, clama ante los dioses para que desciendan a la tierra y le explique qué hace él allí.

La danza sagrada y la invocación religiosa en palabras metafóricas -que ahora conocemos como poesía-, poco a poco se popularizan y la vemos en las representaciones egipcias y griegas, formas de pureza expresiva en su forma fatal y trágica que vuelve mágica la realidad  en sus fuentes primigenias.

De esta primera etapa conservamos aún las obras pioneras de Hesíodo con su “Teogonía”, que es la génesis griega a partir del “caos”, donde nace el Averno y la Noche Negra, el Éter y la Luz del Día,  finalmente la Tierra que engendra al hombre; el cielo estrellado, refugio eterno de los dioses, y las altas montañas y colinas, refugio de divinidades y las ninfas, a la vez que el mar proceloso de torbellinos profundos, y el Amor  que penetra el corazón y el deseo de todo dios y de todo hombre.

Otro formidable representante fue Esquilo y su “Prometeo Encadenado”, quien es el primero en reconocer que sus padecimientos se deben a él mismo por socorrer a los mortales, y que no sufran más por sus padecimientos pues más adelante podrían convertirse en sufrientes mortales.

Sófocles, con “Edipo Rey”, quien clama que lo hubieran dejado morir desde niño para no infligir tanta pena y dolor a sus padres. Así mismo encontramos a Eurípides con “Electra”, sujeto al dilema de vengar la muerte de su padre, sacrificando a su propia madre. Finalmente, Aristófanes con “Las Ranas”, con el diálogo entre Eurípides, Baco y Esquilo, donde el primero advierte que los atenienses comprenden mejor las cosas a través del estudio de sus obras teatrales, pues desarrollaron la reflexión  y el examen.

La segunda etapa teatral  es cuando el hombre se aleja del cielo y vuelve su vista y análisis hacia sí mismo. Es cuando se instala en el centro del teatro de operaciones, como llama Artaud al teatro, un teatro sin la antigua magia del teatro isabelino, y que en el siglo XVIII se desarrolló ampliamente en la Europa pre-Napoleónica, en donde la Poesía ya no cumple un papel de relevancia, el cual es destacado por la acción, la intriga, la historia y los conflictos que envuelven a los seres humanos.

Es un teatro literario que se degrada y transforma en psicológico, teatro  prisionero de las tradiciones polvorientas, aburguesado, al cual el surrealismo no  logró quitarle el ser una  fotografía fiel de la vida; es una empresa para divertir y tema de espectáculo y falsamente realista; Voltaire en  esa época, que no era ciertamente un autor de éxito, se quejaba del público: En adelante, se optará  por imprimir las piezas en lugar de hacerlas representar, y el teatro desapareceré por completo“.

La obra de teatro  no solamente es un texto, pues está compuesta de gritos, lamentos, sorpresas, golpes variados de teatro, juegos de luces fantásticas y  belleza mágica de los trajes, diversas voces en toda la escala de la emotividad, acrobacia, pintura y decorados. El teatro en dificultades  viejo y moderno quizá se deba a las fórmulas matemáticas proporcionadas por Aristóteles, que han venido a reemplazar la locura divina, donde el teatro se debilita, se asfixia y rebaja a su propia negación, que desde hace algún tiempo han tornado a la escritura teatral primitiva, a las bellezas del No japonés, del teatro antiguo Egipto, de la India y la ópera china, y la dramaturgia del México antiguo.

La época actual es encarnación del misterio de la poesía que se transfigura ante los ojos de los espectadores. Es un Teatro del absurdo o teatro total o moderno, el cual  despierta imágenes dormidas, y las hace surgir en el movimiento y en el espacio, le da vida, volviendo a la vida. Lenguaje concreto independiente de las palabras, satisface a todos los sentidos, donde la palabra también tiene lugar propio pues el teatro con sus colores, la revolución técnica, y la popularización de la ciencia y la filosofía, su atmósfera maravillosa viste la palabra con  vestimentas  suntuosas y lo muestra  desde un lugar con mayor prestigio, desde donde en alturas vertiginosas se mira desde arriba, donde antes estaban Cristo y los dioses del Olimpo, para que el hombre recobre su papel activo, que había perdido desde hace siglos, pero que aún mantiene al teatro en los últimos lugares de la expresión artística actual , donde pueda honrar su vocación: “el don total de sí para poder asumir a los demás”.

 

Jairo Tapia Tietjen

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Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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