Sábado, 29 de abr de 2017
Valledupar, Colombia.

Los procesos de paz son decisiones históricas de los pueblos y no de los gobiernos de turno, son una apuesta desde la misma necesidad de tener un espacio libre para poder convivir y sobrellevar las diferencias y reconocer libre de prejuicios que el otro es igual a mí en esencia y no en apariencia.

Los pueblos llegan a la decisión de la paz cuando están saturados de la guerra, cuando entienden la inutilidad de la guerra, cuando deciden cambiar el proyecto de la venganza y el odio, y le apuestan al futuro, cuando deciden que lo que van a vivir es una cosa distinta al dolor y la usurpación de sus ideas en la que han vivido hasta entonces.

Los proceso de paz muestran que no hay pueblos condenados, que de verdad el hombre cuando quiere puede vivir en armonía y total sincronía con el universo y lo puede hacer en el momento que tome esa decisión histórica y crear una nueva realidad.

Un proceso de paz requiere una reivindicación, una transformación profunda de la sociedad, una inclusión social que es la contraparte de la exclusión que es la generadora de violencia y  a gran escala una guerra. Por eso debe darse necesariamente una nueva manera de gobernarse y compartir puntos de vista para llegar al consenso y no al disenso, porque de lo contrario no tendría sentido sentarse a la mesa a ver quién es que más hala la cuerda.

La paz sin duda es mucho más difícil que la guerra, porque en la guerra se calla al otro, se intimida, se anula al otro, mientras que en la paz se escucha al otro y viene la confrontación de saber escuchar y respetar al otro sin necesidad de opacarlo, sino de reconocerlo en la diferencia y ponerse de acuerdo, es ahí donde está la esencia de la paz, cuando el otro piensa diferente a mí y no puedo hacer nada para cambiar su perspectiva del mundo, mientras que en la guerra el tirano impone su voluntad a sangre y fuego y nadie pone en tela de juicio las decisiones tomadas, solo se acatan y se ejecutan.

Por eso todo proceso de paz es difícil de sobrellevar y llevar a buen puerto, porque en él se juntan los miedos, los odios, los rencores, la codicia, el poder que dan las armas, las más bajas pasiones y los egocentrismos encarnados en la dialéctica de que el otro es el malo y yo defiendo a los buenos.

El dilema de la justicia, si castiga o absuelve, la inconformidad de una parte de la sociedad que no está dispuesta a perdonar porque tienen el dolor en la piel y el zumbido de las balas todavía les roba el sueño.

Cuando la sociedad toma la decisión histórica de construir la paz, a partir de ese momento nace una nueva sociedad, se fundamenta un nuevo modelo de pensamiento, se reinventa la democracia, se organizan las instituciones, se desarrolla un nuevo patrón en la economía, se proyecta un nuevo estado y se derrumban la anarquía.

Tomar la decisión de construir la paz, es dejar atrás la venganza generacional, y permitir que las nuevas generaciones no sientan ese dolor y tengan la mente abierta para poder confrontar al otro y no enfrentarse al otro, porque es en el corazón y en el alma donde nace la verdadera razón de cambiar, porque cuando la venganza deja de ser el proyecto de vida y el odio la identidad de un pueblo se inicia una nueva era en la historia del hombre. Muchos países lo han logrado, Colombia no puede ser la excepción.

El gran reto en todo proceso de paz, es desprogramar el odio, la muerte, desarmar los corazones, quitar las vendas de los ojos, mirar otros horizontes, abrir la mente a otro discurso y esa desprogramación no se logra de la noche a la mañana, cuando durante años, se estuvo convencido de lo contrario, y dentro de los acuerdos de paz, es donde nace la real intención de negociar un conflicto armado, porque sobre ese acuerdo es que se construye la bitácora que dará como resultado la reinserción a la vida civil de manera gradual, para poder asimilar un nuevo estilo de vida y esa adaptación toma tiempo, incluso años.

Reconstruir la valía personal en individuos que han perdido el sentido y el valor  de lo humano, es de entrada un gran logro de paz, porque vuelve a tener sentido la vida y por ende la respeta. Entender ese esfuerzo personal de arrepentimiento es el primer paso de la sociedad, porque es en el perdón donde se anida la paz.

Debemos entender que la paz no mengua los conflictos, sino que los hace visibles para poderlos identificar y empezar a darles solución y en ese esclarecimiento es donde salen a flote sentimientos encontrados y donde se sopesan las responsabilidades, una parte le compete al estado, por el abandono, por la corrupción, por las desigualdades sociales y económicas y la exclusión; otra parte le toca afrontarla a la sociedad civil por ser cómplice ya sea por acción o por omisión  y la otra le toca asumirla a la insurgencia por estar del otro lado asumiendo funciones de Estado que no le corresponde.

Ahora, debemos entender que la paz es un proceso humano, para plantearse otro tipo de sociedades y  resolver conflictos a nivel general, tomando como base los conflictos pequeños para que no avancen y romper la cresta de la ola antes de que se convierta en una ola gigante.

Por eso la paz toma forma y sentido cuando la ley del odio y la injusticia institucional dejan de ser importantes para los gobernantes, se le da a la sociedad las herramientas para que ella misma se transforme y no haya mediadores ni protagonistas, sino que el mismo pueblo tiene el poder y la fuerza para transformarse en una nueva sociedad.

Uno de los grandes retos de la paz, es aprender a vivir con la verdad, y que esa verdad no trasgreda la intimidad de los implicados, que al encontrase en la calle, el rencor ya no esté dibujado en el rostro y la venganza ya no sea la vestimenta que llevan sus cuerpos. Entendiendo que al estar inmersos en una nueva sociedad de cero conflicto armado, no signifique esto que no se den diferencias ideológicas y roces culturales propios de un pueblo rico en contrastes, pero que todas esas diferencias ya no sean el fulminante que detonen las armas, sino el acercamiento y el respeto por la diferencia.

La paz es una decisión histórica, donde la guerra no tiene cabida, porque en la paz, se cuenta la historia y en la guerra nadie vive para contar las atrocidades del hombre por culpa de no reconocer que somos humanos, una especie en vía de extinción contra natura.

 

Eber Patiño Ruiz

@Eber01 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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