Lunes, 29 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

“La paz une o divide a las naciones, y como todos anhelamos la paz, hay que asumir un justiprecio. No será fácil para los colombianos ver guerrilleros en el congreso y campantes en la comunidad, pero es un costo que hay que pagar”.

Las maniobras políticas en el país, han marcado la propensión de la sociedad, a rediseñar las escalas de valores morales y discutibles atributos éticos individuales sobre la base de una esperanzadora paz, procreada por la reinserción social y política de los actores que por más de 50 años han vivido en conflicto con el Estado y en el que el pueblo ha llevado la peor parte.

Es también notable el antagonismo y las coléricas críticas al proceso de paz por una gran mayoría de colombianos, algunos a la sombra de un apasionado liderazgo político que hace oposición democrática, otros curtidos de odio y rencor por las acciones terroristas y el desafortunado resultado humanitario y social derivado de la confrontación, incluyente también de asociaciones anti-subversivas paridas en mala hora con la aciaga intencionalidad de amparar intereses de  algunos particulares y delincuenciales.  Al final todos anhelantes de paz.

La labor de libre pensador inspira discurrir que no es la discrepancia abierta, irreverente y perturbadora lo que favorece la defensa de la democracia, y la obtención de una auténtica y sustentada requiere librar el camino de obstáculos y trampas y mentiras, solo es favorable la crítica objetiva con material constructivo que sin tragar entero aporte elementos pedagógicos tangibles,  practicables en la comunidad, para que digiera ésta novel etapa del conflicto llegando a su fin, así de forma aislada algunos desadaptados y retrecheros del proceso continúen ciertas acciones, pero que la paz empiece su germinación en el corazón de los colombianos, entre otras cosas porque ya despunta el hastío por el manoseo de los intransigentes y brota el escepticismo con las salidas en falso.

Se quiera o no aceptar, Colombia pasa un momento crucial, la realidad es que se legitimó con anterioridad las actuaciones y decisiones del ejecutivo, para que arriara banderas en la negociación por la terminación del conflicto, bajo un guión que se ha ido elaborando en la medida que avanzan los diálogos y que inexorablemente producirá efectos realistas, históricos y efectivos en la sociedad colombiana, obligando a tolerar lo que se consideraba intolerable; la reinserción social y política de guerrilleros a las comunidades.

Surgen pontificados sistemas pedagógicos para enseñar el modo conductual de sociedad y “desmovilizados”, en el afán de consolidar el proceso, pero sólo la concientización, entendimiento y puesta en práctica de las propias técnicas de perdón y tolerancia, reaprendidas desde la base del dolor y tristeza, como remedio y restaurador de los propios proyectos de vida injustamente truncados y sin explicaciones razonadas de la odiada arbitrariedad, podrían contribuir al convencimiento que la subsistencia nacional es más que un conflicto armado y la pugna de una minoría por el poder.

Podría medianamente el ciudadano del común empezar a confrontar el nuevo contexto, con la utópica expectativa que al final el resultado sea un serio impulso a la integración, el orden político, económico y social bajo el concepto de justicia y participación democrática y no la incertidumbre de un proceso entregado a la injusticia y desidia, en un acostumbramiento rutinario a la perversa condición de guerra y paz, o  la entrega de nuestra democracia a un régimen de probada crueldad y despotismo.

El ciudadano refrendará democráticamente lo que otros ya se han arrogado para él.

 

Alfonso Suárez Arias

@SUAREZALFONSO

Aguijón social
Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

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