Viernes, 22 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

Miguel de Cervantes Saavedra

El periplo vital cervantino abarca dos siglos (1547-1616) en donde la vida literaria española  inaugura una época en la que el escritor se profesionaliza y el arte se ha hecho fórmula, según opinión autorizada de José Martínez Ruiz, "Azorín" (1873-1967).

Es cuando hallamos a Cervantes amante de la vida libre y errante, a un Quevedo inflexible en su propuesta de sonoridad verbal, a Lope de Vega de énfasis altisonante, a Herrera, Gracián y Alarcón, plenos de psicologismos, conceptismos barrocos, con evasiones hacia los clásicos, concisión expresiva, metáforas de oropel, incentivación de los sentidos, armonía, musicalidad, juegos verbales, ingenio conceptual y referencias mitológicas.

Cervantes se esfuerza por ubicarse al nivel de los virtuosos barroquistas de su tiempo, y publica su novela pastoril de juventud "La Galatea" (1585); con los defectos propios del género: un lenguaje impostado, convencionalismo ideológico saturado de platonismo y sentimental, prosa idealizante y renacentista, mas con la virtud temprana de la ironía en los personajes que llamarían pronto la atención sobre el autor en sus numerosas comedias, entremeses, además de ser el primero en emplear en castellano el término novela en "Nueve novelas ejemplares"(1613),gran acierto por su aliento picaresco  e imaginación desbordante, a la vez por su carácter realista, que confiere mucha popularidad a Cervantes.

Mas la suerte y la holgura vital muy pocas veces acompañan a este nativo de Alcalá de Henares, de padres curtidos en la brega por el pan diario, y quienes llevan a sus cuatro hijos a vivir y prepararse  para la subsistencia en Sevilla y Madrid, donde desarrollan resistencia la adversidad de un mundo rudo y prosaico, donde la pobreza no permite holguras y que muy pronto sumen a Cervantes en insoportable soledad sin afectos, como él mismo lo aborda en "Viaje al Parnaso", en la senectud del escritor, donde además de rasgos autobiográficos habla de la propia España, saturada de inequitativas necesidades diarias con la sensación de miseria, humanidad y emoción que Cervantes en "La Numancia" (1583), despojada de humor  y la conciencia del amor sacrificado, la pérdida de la libertad y el cubrimiento con dignidad de las necesidades físicas cotidianas. 

Otra cruz que lleva Cervantes es la inquina y maledicencia de muchos miembros de la República de las Letras de su tiempo; Lope de Vega, antes de reconocer el vigor y expresividad cervantina, ya había emitido un juicio adverso en una carta sobre los poetas de su generación y los que consideraba sus pares: Quevedo y Góngora. "...pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote". En su "Viaje al Parnaso", Cervantes se lamentaba de su escaso talento poético: "Yo que siempre me afano y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo...". 

Américo Castro sostiene que las precauciones  de Cervantes a decir lo que en realidad piensa  son fruto de sus adversidades, prisiones consecutivas, traspiés en  sus servicios a los poderosos y como empleado público; por ello su vejez  soporta la humillación de excederse en elogios a eclesiásticos, reyes y personajes encumbrados, traicionando su pensamiento a la  sensibilidad creadora que podría estar en conflicto con sus relaciones sociales, de supervivencia y de libertad.

No en vano la prudencia le hace dar pasos de plomo en sus relaciones infructuosas para conseguir patrocinio en las Cortes en Valladolid, casi empresa insalvable sino es por la ayuda del librero Francisco de Robles, antes de la muerte de Felipe II, en 1598,  apesadumbrado por haberle dejado a sus súbditos una herencia maldita de fanatismo oscurantista, pobreza, miseria  y guerras infinitas con Francia, Alemania y Turquía. Insoportable situación generalizada en todo el reino, que hace que Lope de Vega, burla burlando, nos mostrara en versos en su "Arcadia" (1592), la dura realidad trucada como se estilaba en  la novela pastoril:     

"Todo era amor  suave, honesto y puro,   /   todo limpio y seguro, /  tanto que parecía una misma armonía /  la del cielo  y la del suelo  / que aspiraba a  juntarse  con el cielo..." 

[Lope de Vega,  Al Siglo de Oro].

No hay quien desconozca  el buen manejo, la sobriedad del castellano en Cervantes; sus refraneros reviven el romancero español y sus recursos de palabras claras, llanas y significantes, expresan un realismo avanzado que abre sus puertas a la gran epopeya cómica de fina y espontanea ironía, presente en El Quijote, suma de divertimientos con el sentido humanista y virtud insuperables, con delicados matices de heroísmo en el caballero andante, su devoción a la cultura del Renacimiento, para convertirse  en símbolo de la oposición a las mezquindades sociales, la opresión y decadencia nobiliaria imperante, que anticipa las ideas modernas de libertad y justicia, y a la vez ingresa en la porfía de su paternidad con Juan Luis Vives, uno de los pocos que podrían dejar tal legado anónimo desde comienzos del Siglo de Oro europeo, no obstante no haberse solucionado el tradicional recurso de los libros de caballería, como en El Quijote, donde se pretende aparecer como una traducción de un original árabe del historiador Cide Hamete Benengeli, otro de los "entuertos" que aparecen en esta obra cumbre del pensamiento y la misma contenida energía con que los autores clásicos antiguos articulaban el cuerpo de la belleza y la inspiración.

Consideraciones finales

El proceso individual de la justificación creativa dentro del talante del barroquismo español del siglo XVII, sublime pero subalimentado, maniático pero empobrecido, limitarían  el concepto y función de una literatura  signada por la inmadurez social crónica de las comunidades, confirmada por la mentalidad conspicua y racional de los filólogos e investigadores postmodernos del sentido de la realidad y vivencias históricas, que en  Don Quijote de la Mancha, solo pudo surgir, después de diversas interpretaciones y síntesis del pensamiento y de la cultura europea, únicamente desde la perspectiva de la formación de la imagen del mundo del Renacimiento, siglo XVI.

El Renacimiento con su ambiente clasicista donde impera la oposición a toda clase de culto, con base en la Epístola a los Romanos, reconocen el magisterio de Petrarca y Dante, pese al castellano hablado en las Cortes de Toledo, donde se valora la elocuencia y la elegancia y concisión en obras como “Relox de Príncipes” de A. de Guevara (1480-1545 ), "Anales" de Jerónimo de Zurita (1512-80), y en latín del padre Mariana (1535-1624), caracterizadas por su exaltación a la herencia helénica y romana, las virtudes épicas, las construcciones precisas y brillantes, los hechos heroicos y sublimes, tanto como la evocación de la gloria y simpatía de sus héroes, como la muerte de los mismos.

¿Qué principios desea el humanismo renacentista para el hombre?

Básicamente rechaza el individualismo y también el totalitarismo; es abierto a la vida disciplinada, a los grandes hechos y luminarias del pasado; no coarta libertades y la acción personal; dominar la Ciencia con rigurosa aplicación de la ética; adopción plena del principio de igualdad en los derechos políticos y sociales, lo que encontramos en El Quijote, donde para algunos se revela en el caballero a la monarquía, y en Sancho, su escudero, la libertad  de acción  y expresión puras.

Mientras la Ciencia escudriña el mañana y los inminentes cambios del futuro, nosotros acudimos al pasado para comprender y explicar los valores sociales en decadencia y  la tecnología incontenible. Son las contradicciones entre ambos saberes y la vigencia inmutable que nos ocasiona desde hace siglos, la idea de ver en J.L. Vives al precursor, al poseedor del idearium que, desde el Renacimiento le da vida a El Quijote, Sancho, el Bachiller Carrasco, y la construcción de tan alucinantes personajes, solo atribuibles a un demiurgo y demótico que  sabe manejar su cosmología y sapiencia ante el reto de las implicaciones de una realidad literaria que exige el profesionalismo del autor para superar la crisis existencial   y realizar sus propias formulaciones acerca del arte o de la vida.

La obra de Juan L. Vives es el hipertexto que influencia claramente la obra en clave de sátira y humor en la ficción que se atribuye a Cervantes, de quien pocos olvidan su figura desgarbada, macilenta y de hombre con muchas batallas en la vida, tan alejado de la palabra escritor, pero que en vida supo guardar el secreto de quienes potencialmente le ayudaron a sacar adelante su legado literario, pero es quien reconoce su validez, anticipándose a las palabras de Bolívar:  “La diferencia entre la estupidez y la genialidad, es que los genios tienen límites...".

Tal vez lo inevitable se acostumbra a ser soportado, como decía Baudrillard (2002): "Es la cultura la que nos dona y la donación mental anticipa cualquier clonación biológica".

 

Jairo Tapia Tietjen  

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Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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