Viernes, 22 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

Rita Graciela Fernández y José Atuesta Mindiola

La memoria es el alma de la historia. Quien habla con un abuelo es afortunado porque siente que el tiempo no pasa, el tiempo empieza. Esta sensación la experimenté al conocer a Rita Graciela Fernández Ruiz, hace ya cinco años cruzó la meta de los noventa y por la alegría que desborda su cuerpo tiene aliento para superar el siglo.  Conserva luz en la memoria para narrar pasajes de su vida y su familia. Ama la música vallenata, y con acento sonoro todavía tatarea algunos versos de la autoría de su padre, Fortunato Fernández Garrido. Este memorable acordeonero de la historia de la cultura vallenata, nacido en San Diego, en la década de 1880.  

El investigador Tomas Darío Gutiérrez en el libro ‘Cultura Vallenata, origen, teorías y pruebas’ (1992), hace referencia a Fortunato Fernández y lo ubica con José León Carrillo Mindiola, Abraham Maestre, Francisco “El Hombre” Moscote, Sebastián Guerra, Luis Pitre, Juancito Granados, Santander Martínez, José Antonio Serna y otros, como los acordeoneros de la primera generación del vallenato, porque nacieron entre 1840 y 1890.

Fortunato era hijo Miguel Fortunato Fernández (nativo de Riohacha) y de Maria del Rosario Garrido (de San Diego). Sabía leer y escribir, y desde joven trabajó en las haciendas ganaderas de los hermanos Casimiro y Adela María Maestre.  Una de las haciendas era “Villa Real” en Mariangola y la otra “El Sinaí”, muy cerca de Codazzi. Era hombre de confianza y muy apreciado en el trabajo, a veces le tocaba ir a las dos haciendas, y viajar a Valledupar para rendir informes a los patrones.   

Con las notas de su acordeón y el canto de sus versos vio florecer los caminos en los espejos del sol. En las velaciones de las fiestas santorales sus melodías eran coros de emoción para los feligreses. Fue padres de varios hijos; y cuando le pregunta por su numerosa prole, respondía “Tuve amores en varias cumbias”. En Mariangola tuvo amores con Julia Ruiz, y de esa unión nacieron tres hijos: Miguel, Luis Alberto y Rita Graciela. Julia parecía tener el alma sedienta a la magia del canto, porque antes de Fortunato, había tenido hijos con los músicos José Mendoza y Juan López.

Rita Graciela nació el 3 de abril de 1921, siendo muy niña pierde a su madre y su padre la lleva a San Diego y la deja al cuidado de Isabel María Fernández. Ahí vive con su tía, y el dolor de la ausencia la convierte en una niña silenciosa, pero cuando su padre Fortunato llegaba a visitarla le cambiaba la vida; disfrutaba de sus cantos y de los sones de su acordeón, y todavía en los aposentos de la memoria están guardados algunos versos, que ella orgullosa canta.

Unos de estos versos se encuentran en la canción ‘El curtidor’. Su padre  llegó al caserío de Tocaimo y se puso a trabajar de curtidor (proceso que convierte las pieles de los animales en cuero para diferentes usos),  y como no era experto en estas labores, le dio un fuerte dolor en la cintura y caminaba arrengado, con afán le pedía a su mujer de nombre Remedio que le buscara cura para el malestar.  

Fortunato llegó a Tocaimo

dándoselas de curtidor,

pero le atacó un dolor

que caminaba merenguiando.

 

Donde está la cura Remedio,

si no tengo cura me muero. 

También, tatarea este estribillo donde su padre refleja su vida parrandera y dotes de enamorador.   

Tengo un centavo que me hallé,

para las mujeres y pa´ bebé.

 

Tengo un centavo nada más

pa´ las mujeres y parrandeá. 

Rita Graciela, vive agradecida de Consuelo Araujo porque fue la primera persona en resaltar el nombre de su padre; cuando el festival vallenato se inició en la plaza Alfonso López, uno de los quioscos donde tocaban los concursantes en las primeras rondas tenía el nombre de Fortunato Fernández. Además, Rita Graciela fue testigo de que su padre le enseñó a tocar acordeón y componer versos a Juan Muñoz, que era su sobrino.  Y enseguida viene a la mente, las puyas, ‘Cuando el tigre está en la cueva’, ‘La vieja Gabriela’, y estos versos:

Mañana, mañana se va el correo

del Valle para Fundación,

ay tan bonito como toca

Juan Muñoz con su acordeón. 

Rita Graciela desde hace 30 años vive en Valledupar. Tuvo tres hijas y un hijo; tiene 15 nietos y 9 bisnietos. Ella es una morena delgada, alta y de fina estampa. Canta, baila y goza la música. En este Festival vallenato 49, el acordeonero ganador de la categoría infantil, Sergio Moreno Fragoso, es nieto de su sobrina Julia Ruiz. Al verla bailar, evoqué aquellos versos que yo escuché a una cantadora de tambora en Mariangola:

Aquí canta el alma mía

este tambor es mi sangre,

negro que no se entusiasme

no es de la raza mía.

 

José Atuesta Mindiola

El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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