Martes, 28 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Respecto a la tierra guajira se pueden encontrar muchas descripciones, algunas poéticas otras críticas, sin embargo, hoy, por motivo de sus 51 años, he elegido hablar de ella como una dama que, a pesar de los años, de las pruebas, de los retos, de las crisis cotidianas, se alza como un cactus y frente a lo adverso del desierto se mantiene fuerte y reverdecida.

No importa si las arrugas le comienzan a salir, creo que la dama inclinada puede imponerse ante cualquier situación por caótica que parezca, solo y sí solo, pasa algo fundamental para reinventarse y alzarse como la verdadera reina territorial que encabeza a Colombia y esto corresponde al empoderamiento ciudadano, al amor que le demostremos y que nos lleve a trabajar por ella con ética y lealtad, a querer a nuestros semejantes y a protegerla de los ataques que diariamente recibe, porque en esta tierra no solo existe la corrupción también hay una generación que batalla incansablemente por superar el rezago de las bonanzas facilistas y se ha atrevido a pensarla, amarla y a proyectarla.

De este modo, es importante mencionar que la Guajira es un departamento pluri-étnico y pluri-cultural, la mayoría de la población es indígena, y según registros el 36.5% es menor de 14 años, el 64% menor de 29 años, lo cual indica hasta el momento dos cosas, que en 10 años la población actual puede representar aproximadamente el 85% de población activa socialmente, en cuanto a la posibilidad de representarse y representar a sus congéneres en función de una transformación cultural, esto es fundamental tenerlo en cuenta, por la importancia que cobra la formación de nuevos talentos y la herencia histórica/cultural que mantendrá la memoria y vida de los pueblos, es decir, la música, la gastronomía, la tejeduría, entre otras prácticas.

Esta caracterización sociodemográfica y cultural, abre un panorama de posible transformación y reconstitución de tejidos sociales a través de estas nuevas generaciones.  La Guajira es un departamento que siendo por décadas el pilar de desarrollo económico del país, presenta unas brechas sociales y económicas que al mantenerse pendientes, socavan el espíritu natural de la población guajira en cuanto a su disposición, solidaridad, lucha, fraternidad y humildad. 

En este sentido, es importante mencionar que, si bien el territorio cuenta con riquezas en términos de biodiversidad y/o recursos naturales, vallenatos, arte, tejeduría y artesanías, surge la pregunta: ¿Por qué no se potencializan a favor del desarrollo? ¿Estamos como ciudadanía tejiendo esperanzas para la Guajira? ¿Seguimos culpando al sistema corrupto de todo mal, pero no transformamos nuestra indiferencia social?

Para finalizar, propongo una reflexión sobre atrevernos a mirar con lupa y detenimiento los temas de turismo y artesanías, considero que no son una receta absoluta de solución, pero si corresponden a un escenario esperanzador que permitiría lograr impactos sociales, culturales, ciudadanos y económicos de beneficio para la población.

Y respecto a esto menciono las siguientes cifras, según los datos consolidados por la empresa- Artesanías de Colombia -, aproximadamente el 53% de la población artesanal de la Guajira habita en contexto rurales y el 78% es población indígena. Del total de la población artesana, el 93.3% son mujeres artesanas que oscilan entre los 31 y 55 años, lo que deja ver un potencial para establecer estrategias de rescate y transmisión de conocimiento entre generaciones; el 61% de ésta población aprendió el oficio de forma tradicional; el 48% son maestras artesanas y tan solo el 2.3% son aprendices, lo que reafirma la idea de enfocar acciones para dar sostenibilidad al desarrollo de la actividad artesanal del Departamento, dicha actividad se concentra en el oficio de la tejeduría.

Por lo tanto, los procesos de apoyo y fortalecimiento de la actividad artesanal deben alinearse con la naturaleza local de los oficios, de las unidades productivas y de los artesanos del Departamento, lo que implica cierta complejidad, pues en ella convergen particularidades relacionadas con el origen de los artesanos, su saber, sus técnicas y su forma de organizarse social y productivamente pero que puede permitir un consolidar un valor agregado (atractivo) para fomentar el turismo comunitario, alternativo o étnico, como una ruta competitiva y sostenible para el territorio, desde la organización robusta y colectiva, no exclusivamente de casos específicos.

Es hora de convencernos que en la Guajira se pueden hacer muchas cosas y no solamente se debe pensar en el gas, el carbón o la sal, sino en otras oportunidades que la riqueza del territorio nos ofrece.

Feliz cumpleaños mi Guajira linda.

 

Fabrina Acosta Contreras

@Facostac 

Evas&Adanes
Fabrina Acosta Contreras

Mujer natal de la hermosa tierra Guajira, nieta de Rita Contreras mujer de 105 años leyenda viva de Villanueva, es Psicóloga, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia, actualmente cursa la Maestría en estudios de Género y violencia intrafamiliar, y ha realizado diversos diplomados en gerencia social, trabajo con comunidades indígenas e infancia.

Creyente absoluta del Arte en todas sus manifestaciones, considera que la literatura es el camino a la libertad pacifica de los pueblos. Amante fiel de la lectura y firme aprendiz del arte de escribir. Eterna enamorada de las tertulias y del arte en general, encuentra en ello el camino adecuado para el desarrollo social.

Es creadora y directora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual, se proyecta como una empresa social de alto impacto para el desarrollo de la Guajira y lidera diversas actividades como la iniciativa cultural denominada: Foro Concierto La Mujer en el Vallenato.

Autora del libro Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres, como poseedor de la magia de sus vivencias en diferentes culturas donde descubrió historias femeninas que metafóricamente tejen ese universo de la Mujer sin Receta; Autora del libro Evas culpables, Adanes inocentes.

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