Domingo, 26 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

María José Ospina / Foto: Davü Ortega

“La música es mi vida y mi vida es la música.

 Quien no entienda esto, no es digno de Dios.”

Wolfgang Amadeus Mozart.

Hablar de María José es abrir la puerta al universo musical. Ella es voz, composición, guitarra y talento; estoy segura que antes de nacer el 19 de Marzo de la iluminada época ochentera, ya Dios la había escogido como una de sus más consentidas adoradoras, tiene una dulzura que sorprende cuando empieza a cantar porque inevitablemente quien la escucha se pregunta de dónde sale esa potencia con destellos de perfección, no es una voz más, es una voz con propósito, una poeta con toque especial; le compone al amor verdadero, no es una temible fanática (religiosa), es una elegida para promover metalenguajes de amor tejidos en hermosas canciones, ella logra enamorar de un Dios que es real, que se consigue en las buenas acciones y convoca a descubrir nuevas formas de vivir.

A ella no le enseñaron ni a cantar ni a componer, ella desde niña tejió música en su vida, pertenece a la dinastía de los Ovalle de la bella tierra Villanuevera, ellos por todo su legado no requieren mayor presentación pues quien ama el vallenato ha deleitado los impecables coros de los hermanos Ovalle.  Además, es madre de Alma y Alan sus entrañables amores; hija de Elizabeth Ovalle, prima de la gran acordeonera Maria Silena Ovalle López y hermana de Daniela y de Imera otra de las voces que no deja duda que tiene mucho de Ovalle.

Maria José no es una corista más, es una artista integral que cuando toma su guitarra, respira y sonríe, se debe estar preparado para un espectáculo musical, entrega todo su ser cuando canta y desde muy pequeña se convenció que ese era su vehículo para dejar huellas, por ello su primera composición se la hizo a su querida madre a la edad de 10 años; ella es el ejemplo claro de la diferencia entre fama y reconocimiento, tal vez, hasta hoy unos pocos no sabían de ella, pero quienes la conocen en el mundo y en Colombia la definen como una artista completa, como una mujer que demuestra que el género femenino tiene múltiples capacidades y en cada una de ellas logra destacarse.

Hace un tiempo tuve el honor de conocerla, y cuando iba camino a su casa me dijeron prepárate para escuchar una de las mejores voces que hasta ahora hayas escuchado, no dudé de eso, porque me lo dijo Silena Lopez  en quien confío mucho y definitivamente fue así, desde ese día tejimos una hermandad con sello celestial y emprendimos una ruta de desafíos transformadores a través de los Foroconciertos “La Mujer en el Vallenato” uno de los programas de la asociación Evas&adanes; con un equipo maravilloso de mujeres que hacen vallenato original, clásico y del bueno; son ellas Lucy Vidal, Eliana Gnecco y Maria Silena Ovalle - las Evas musicales -  y así hemos transitado varios lugares y escenarios llevando un mensaje pacificador, incluyente y académico del poder que tiene el vallenato en la sociedad y en la vida de cada persona.

Maria José es la pequeña gigante que conmueve con sus composiciones y estremece con su voz inigualable; sé que muchas personas han bailado o dedicado sus canciones creyendo que las hizo un hombre, pero es momento de que el mundo se prepare para recibir a muchas mujeres que hacen vallenato e impregnan su sello femenino y original, la apertura se está dando y aunque ha costado se logrará, no en vano un cantante con el reconocimiento de Silvestre Dangond ha llamado a Maria José para que sea su corista, porque en ella hay talento del puro, y no me sorprende que dentro de muy poco el mundo esté tarareando una de sus composiciones en la voz de Silvestre, pues su ascenso apenas comienza y talento tiene y en cantidades para demostrar que no es casualidad cada uno de sus logros y que por ello la he llamado desde siempre la Esther de Villanueva para el mundo.

Mary, sé que siempre serás una misionera del amor a través de la música y Dios te va a seguir abriendo puertas para que día a día conozcan tu talento, por ello no olvides nunca el lugar al cual perteneces y aunque te toque entrar en la oscuridad, que sea tu luz la que encienda esperanzas, que logres salir ilesa y que sean otros los transformados; inicias una nueva etapa y en ella estaremos firmes desde la hermandad. No olvides esto: “Aclamad con júbilo al SEÑOR, toda la tierra; cantad con gozo, cantad alabanzas” Salmo 98:4.

Que viva la música tejedora de Paz y que vivan las mujeres como tú que la enaltecen con su talento. Adelante, querida Maria José.

 

Fabrina Acosta Contreras

@Facostac 

 

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