Jueves, 30 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

El gran desierto se avecina, dice la obra vallenata de Julio Oñate Martínez. Como compositor y agrónomo pensaba en la naturaleza, no en la política, pero las cosas cambiaron. La Guajira es un desierto políticamente hace muchos años. La cosa es tan antigua como el sol, y claro tan caliente como él, no solo es La Guajira, pero como dizque por allí comienza Colombia, sentimos los males desde arriba, como si fuera un eterno dolor de cabeza. Ni siquiera el MOE, Misión de Observación Electoral, quiere estar presente ese día para dar paliativos. ¡No palos!

El domingo fue día de elecciones atípicas, como en esa tierra de encantos, todo allí es atípico.  Su clase dirigente, casi siempre de Riohacha y Uribia es la misma. Desde los abuelos que fueron congresistas, gobernadores, alcaldes, hasta los nietos que siguieron el camino. Igual en el Cesar, con pocas variables. Incluso de allá vinieron a gobernarnos Manuel German Cuello y Jorge Dangond Daza, para apenas recordar dos nombres y lo hicieron bien, según dice la historia. Hay una razón, aquí encontraron otra gente, la misma provincia.

La vaina tiene sus asuntos geográficos, para comprender mejor las diferencias. Si el Cesar iniciara en Fonseca y terminada en Codazzi, seriamos reyes. Pero Incluiríamos Chimichagua y Chiriguaná, los primeros algo inocentes, los segundos políticamente parecidos a los guajiros: Siempre un caos.

Quienes nacimos allá, desde niños aprendimos que Abuchaibe era un rey en el congreso, pues en cada posesión presidencial estaba ahí, pensé que era por ser guajiro, luego me explicaron era estricto orden alfabético de apellidos.  

Hoy, si usted logra conversar diez minutos con alguien de González, o Rio de Oro, sur del Cesar, y encuentran algo en común, lo aplaudo. Allá ni saben quién es Alejo Duran y menos “Colacho” Mendoza. Igual sucede con un villanuevero, al conversar tranquilo con alguien de Uribia. Son micromundos distintos. A propósito, el viernes en Valledupar se lanzó el libro “Allá en la Guajira arriba” del escritor Oscar Perdomo Gamboa, un muchacho de Ibagué que sabe más del Almirante Padilla que nosotros!

En la Guajira, al contrario de conversatorios, encuestas y acuerdos para candidatos de cualquier cosa, simplemente hacen camisetas, avisos, pasacalles, paredes, vallas y anuncian: Luchito va! O Pedrito, Samuelito, Santico, el que sea. Cualquiera que termine en tico sirve.

No es que la clase política en general sea más corrupta, es igual al promedio nacional, pero siempre está apoyada por conveniencias de los “tinieblos” capitalinos que se llevan los grandes contratos todo el tiempo y de todas formas. Ellos con sus corbatas, su lenguaje callado e hipócrita se camuflan como decentes y envuelven a los nuestros que no son tan santos. Vaya a cualquier corregimiento del sur, que son los que conozco. Cero acueductos, cero parques, cero escuelas nuevas, ni siquiera gas domiciliario para evitar talas del mismo desierto que crece como lo analizó el compositor vallenato ya referenciado.

Las denuncias de la eterna pobreza se han hecho por cantos, desde Beto Murgas con su “Grito en La Guajira”, hasta Romualdo Brito, “Yo soy el indio” cuando gritaba. Solo nos dan mala fama, con sus periódicos embusteros..

Y claro, Escalona dijo, ahora me voy pa la Guajira, donde no haya bachilleres.

Con estas elecciones de noviembre, ¡votamos o nos botan! Menos mal que ya celebramos el día de los Fieles difuntos (¿hay infieles?) y el día de Todos los Santos, de manera que el domingo no se sabe por quién rezar, si es que recuerdo alguna oración.

Reconozco que jamás he votado en La Guajira, desde niño vivo en Valledupar, pero quiero a su gente como mía, allá conocí el mar, la luna y el sol. En cada guajiro me siento, con excepción de sus políticos, que al decir verdad no los conozco, solo los leo en la prensa: Sí, en esos periódicos embusteros que dice Brito.

Ay, Guajira, que el Dios, cualquiera sea tu Dios, se encargue de ti. Yo como cualquier palabrero decente espero un buen acuerdo.  O cambiamos o nos cambian.

 

Edgardo Mendoza Guerra

Tiro de chorro 

Tiro de chorro
Edgardo Mendoza

Edgardo Mendoza Guerra es Guajiro-Vallenato. Locutor de radio, comunicador social y abogado. Escritor de cuentos y poesías, profesor universitario, autor del libro Crónicas Vallenatas y tiene en impresión "50 Tiros de Chorro y siguen vivos", una selección de sus columnas en distintos medios. Trata de ser buena gente. Soltero. Creador de Alejo, una caricatura que apenas nace. Optimista, sentimental, poco iglesiero. Conversador vinícola.

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