Domingo, 25 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Una de las costumbres más antiguas de la humanidad es el hábito de fumar. Desde tiempos remotos el hombre ya tenía la costumbre de fumar. Los asiáticos fumaban haschich (variedad de cáñamo), opio y otras sustancias narcóticas. Los Escitas y tracios (pueblos iranios e indoeuropeos) quemaban sobre carbones encendidos, hojas y semillas de hierbas aromáticas para aspirar el humo. Pero el tabaco era desconocido entre esos pueblos y también en Europa.

El tabaco llega a Europa de la mano de Cristóbal Colón. Al desembarcar Colón en la isla de Santo Domingo, los indígenas le ofrecieron en señal de paz y amistad unas extrañas y largas hojas de color oscuro y de aroma penetrante. Al explorar la isla, dos tripulantes de Colón, vieron cómo los aborígenes aspiraban por la boca unos rollos de hojas secas encendidas. Uno de los marineros, Rodrigo Jerez, los probó y le gustó tanto que, al regresar a su patria, llevó consigo algunas hojas.

La costumbre de aspirar tabaco no era cotidiana entre los aborígenes, el uso del tabaco estaba enmarcado dentro de las ceremonias religiosas, ya que consideraban al tabaco con poderes mágicos.

El tabaco fue importado de América a Europa como medicamento, pues se le atribuyeron al principio propiedades medicinales. En 1519, un fraile carmelita francés al regresar de un viaje al nuevo continente, llevó de regalo a su rey semillas de tabaco, explicándole el uso y formas de cultivo de la planta, el rey no les dio importancia y las dejó enmohecer.

El tabaco ya era conocido en España y Portugal hacía el año 1560. En Portugal, se sembró semillas de tabaco en el jardín botánico del palacio real, brotaron hermosas flores que despertaron la admiración del embajador de Francia, Juan Nicot, de visita en el jardín real. Al regresar a su país llevó consigo hojas de tabaco como regalo para la reina Catalina de Medici, a raíz de esto se la llamó "Hierbas de la reina", "Nicotiana" o "hierba del embajador". Nicot sembró algunas semillas de tabaco en su residencia y convencido de sus virtudes terapéuticas, empezó a estudiar sus aplicaciones consiguiendo sorprendentes mejorías del resfrío. En corto tiempo se conoció en Europa el poder de la nueva planta para curar jaquecas, llagas, gota y hasta mordeduras de perro rabiosos.

El tabaco entró así al viejo continente como medicamento, se usaba en el tratamiento del tortícolis, de la constipación intestinal, en las enfermedades de la piel, asma, bronquitis y muchas otras dolencias.

En el año 1665 en Inglaterra, durante una epidemia de peste para poder entrar a clase los estudiantes debían fumar tabaco como desinfectante. Por una disposición del duque de Guisa, se llamó nicotiana al tabaco, aunque la palabra tabaco siguió usándose corrientemente.

A la par de considerar al tabaco un medicamento, se comenzó a fumar las hojas de tabaco por placer. La costumbre de fumar tabaco se difundió rápidamente, no como cigarrillo, este apareció mucho más tarde. Se aspiraba tabaco en polvo o se lo fumaba en pipas de formas variadas.

Más adelante, al finalizar el siglo XVII, las autoridades se dieron cuenta por primera vez de lo peligroso que podía ser el consumo de tabaco. La venta de tabaco durante el reinado de Luis XIV, se hacía bajo receta médica. Se declararon severísimas penas contra el fumador, una de ellas era el corte de ambas manos a quien fuese sorprendido fumando tabaco.

Todas estas advertencias nada podían hacer, ya el vicio de fumar se había propagado e instalado en la sociedad europea de modo tal que fue imposible evitarlo. Las medidas adoptadas en contra del tabaco, fueron abandonadas y el tabaco fue uno de los productos más difundidos en el mundo con una extensa industria que produce grandes beneficios a costa de la salud de la población. 

 

María Solórzano

 

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