Martes, 12 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.
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Hablar de educación sexual en las escuelas y colegios tiene cada cierto tiempo su apogeo en los medios de comunicación, máxime por el reciente escándalo suscitado por los famosos manuales escolares, que produjo la caída de la exministra de educación Gina Parody, que dejó entrever lo mal preparado que estamos como sociedad para hablar de un tema que nos compete a todos.

A la hora de tomar las riendas del asunto, nadie quiere asumir la vocería, como si hablar de sexualidad fuera un tema prohibido y después se rompen las vestiduras de lo ya pasado: un aborto de alto riesgo, un embarazo no deseado, abandono de los padres y vergüenza pública y por ende más pobreza.

Hablar de sexualidad en la escuela

En nuestro país con la gran diversidad cultural que hay, es muy difícil unir un solo discurso que propenda por una buena formación con respecto a la educación sexual. No es lo mismo el pensamiento de un Wayuu en la Guajira, por sus costumbres, por sus ritos y herencias ancestrales, que una escuela en el Amazonas o en el Vichada con su cultura propia alejada de las grandes urbes.

Ahí es donde todo esfuerzo por unificar en el Ministerio de Educación la Ley 1620 del 15 de marzo de 2013 que sancionó el presidente Santos llamada “Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el Ejercicio de los Derechos Humanos, Sexuales y Reproductivos y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar' se convierte en una utopía de grandes proporciones.

El mayor obstáculo, en palabras de la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF Cristina Plazas, es la falta de comunicación abierta entre padres e hijos, primero porque no hay confianza recíproca para hablar de ciertos temas claves en la adolescencia como los cambios físicos, emocionales y psicológicos, porque se asume que es normal tener estos cambios, que se está creciendo, que se está preparando para la vida adulta, pero entre todos estos cambios, hay uno que es el dolor de cabeza para maestros y padres de familia, y es asumir la educación sexual como pilar fundamental que es donde está el grueso de dificultades por los embarazos no deseados en adolescentes y el alto riesgo de contagio de enfermedades venéreas.

Temor

Siempre he sido un crítico de la educación sexual impartida en las escuelas y colegios, por docentes que tienen reparos muy grandes a la hora de abordar el tema, pues no están preparados para asumir dicha confrontación generacional, porque un maestro de escuela con cincuenta años encima, ya se podrán imaginar qué tipo de información moral tiene con respecto a la sexualidad. Dicho sea de paso, los prejuicios que tienen por la moral católica, ni hablar si es de otra religión, cuando el solo hecho de tocarse los genitales, es ya un pecado a los ojos de Dios.

Esa es la realidad que hay que ver detrás de semejante problema social, sumado ahora el desborde o destape de la comunidad LGBTI, donde la ley y las instituciones siguen todavía en pañales, no preparadas para asumir este tema que incomoda a muchos, tanto a padres de familia, iglesia, docentes y legisladores.

Tabú

Sigue siendo un Tabú, o dicho de otra manera más simple; una prohibición social hablar de la sexualidad, no sólo en las escuelas y colegios, sino a nivel de reuniones familiares o tema de amigos al sabor de unos tragos. Pronunciar la palabra Sexo, es ya para muchos, un tema prohibido, no entendido, difícil de discernir y expresar; un tema del que nadie parece tener la razón y por ende nadie tiene la última palabra. Es incómodo para la mayoría de la gente, hablar de ciertas verdades que están ahí, pero que no se pueden decir abiertamente, porque nadie quiere mostrar la otra máscara, de su gusto por hacer el amor, de sus fantasías eróticas; vergüenza que descubran lo lujurioso que es o lo impotente que se siente no complacer a su mujer como debería ser, sintiéndose frustrado y un matrimonio a punto de colapsar. Esos egos machistas y feministas, son la otra verdad, de la que no queremos que nadie descubra.

Por eso es muy difícil hablar de lo que no se entiende y cada quien emite su concepto de lo que vive o experimenta, de ahí que es muy comprensible que una monja o un sacerdote dentro del salón de clase no hable de masturbación, de pastillas anticonceptivas, de condones, de cremas anales y vaginales, de vibradores y de cada cosa que hay hoy en el mercado Sex shop, para experimentar otras sensaciones y tener otras experiencias. Primero porque una monja no puede hablar de lo que no conoce, y si lo conoce no estaría bien hablarlas por su condición, lo mismo un sacerdote por ser el representante de la moral en la sociedad. Ahí descubrimos el verdadero nudo del asunto, no hay una correlación con lo que se dice desde el gobierno y lo que se dice en al aula de clase.

Vergüenza

Más que vergüenza, me atrevo a decir que vivimos en una sociedad solapada, de dientes para afuera desdeñamos lo sexual, pero nos encanta la pornografía, las minifaldas, los escotes, los senos grandes y caderas insinuantes. Si se trata de nuestra esposa e hijas, reprochamos cualquier comportamiento en la forma de vestir y de actuar, pero si es la vecina, nos encanta gatearla por la azotea, darle la más vulgar de las miradas al pasar por la acera.

Esa es una verdad que no es de ahora, siempre ha sido así, que nuestra hija se convierta en prostituta es una desventura, pero si es la hija de la señora de al lado, nos encantaría probar esa carne fresca. Esa es la doble moral perversa de la sociedad, que no admite otra verdad que no la toque personalmente.

Vergüenza sí nos debería dar, al negar lo que es propio de cada ser; su sexualidad, su disfrute, su placer por la carne; desconocer que si no fuera por el acto sexual no podríamos reproducirnos como especie; que ya no es solo tener hijos, sino disfrutar de todo lo que siente el cuerpo por el flujo de hormonas que todo ser humano tiene adentro y que están ahí para eso, para dejar sentir sus efectos cuando son alteradas positivamente.

Hablar de sexo en cualquier parte del mundo, siempre será un problema social.

 

Eber Patiño Ruiz

@Eber01 

 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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