Lunes, 26 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

La investigación de documentos de archivo (Archivo Nacional en Bogotá, Archivo del Palacio Episcopal de Santa Marta, y Archivo Histórico del Magdalena Grande) y la lectura más profundizada sobre la historia de la ciudad reveló que Santa Marta había estado muy involucrada en el negocio y el uso de esclavos desde el siglo XVI en adelante, tanto de manera legal como ilegal.

Cabe recordar que además de inicios tumultuosos –Santa Marta fue desde sus comienzos objeto de ataques tanto desde la tierra, por poblaciones indígenas vecinas, como desde el mar, por piratas y corsarios de diversas naciones europeas–, la ciudad fue un importante puerto para el comercio ilegal (incluida la trata de esclavos) y el contrabando en la costa del Caribe.

Así, según Enriqueta Vilar Vilar, entre 1609 y 1640 el número de esclavos introducidos a Santa Marta con derechos pagados fue de 800. Esta cifra, nos previene la historiadora, se debe entender en aquella época incrementada por lo menos cuatro veces: en una carta escrita al rey el 28 de agosto del 1631 por el Señor Juan de Orozco, tesorero de Santa Marta, el mismo afirmaba que por 400 esclavos que entraban a la ciudad, sólo 100 solían ser declarados. Más adelante, en la primera mitad del siglo XIX, la venta de esclavos y la libertad de esclavos llegaron a componer más del 50% del volumen total de operaciones comerciales registradas en la notaría de Santa Marta. Es más, la práctica de la esclavitud en aquella ciudad, en varios momentos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, superó a la de Cartagena

En este orden de ideas, la “Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá, por Francisco Silvestre”, publicada en 1788, provee las cifras del primer censo, realizado en 1778. Cartagena tenía una población esclava de 6.63% de su población total mientras que Santa Marta y Riochacha contaban respectivamente casi 10% y 12% en la misma época.

Obviamente es necesario destacar que estas cifras no tratan de Santa Marta como ciudad, sino como provincia. Ello indujo a imaginar que la concentración de esclavos en la provincia de Santa Marta se concentrara en la frontera con la provincia de Cartagena. Así podría ser. Sin embargo, los mismos datos demuestran una tasa aún más alta de población esclava en la provincia de Riohacha, más al norte. Ahora, estas dos provincias eran también conocidas por el contrabando de toda suerte que se daba en sus costas. Estas cifras entonces sugieren una fuerte correlación entre contrabando y comercio ilegal más generalmente, y la tasa de población esclava, por lo menos en aquella época.

Además, es interesante notar que de las tres provincias, la de Santa Marta era dónde menos había progresado el mestizaje comparativamente. Eso contraría lo que generalmente se presume ahora, es decir que Cartagena es la ciudad donde menos se mezclaron las razas. Sea lo que sea, cincuenta años después, otras cifras, relativas a la población de ciudad de Santa Marta, sugieren que la población de esclavos en aquella época era todavía significativa con relación a la población total. Así, en un período de 10 años desde 1825 hasta 1834, la proporción de niños manumisos, nacidos de madres esclavas y bautizados en la parroquia de la Catedral misma varia del 7.85% (la tasa la más baja en 1828) hacia el 16.9% en 1831), con una tasa promedia de 11.55%.

Con estos datos se corrobora la existencia de esclavos hasta en el centro mismo de la ciudad aún después de la independencia. La realidad histórica de la esclavitud, por lo tanto, aparece como un punto ciego en la memoria social y histórica de los samarios. Tal vez, aunque este hecho histórico no se recuerde del todo, está, no obstante, integrado a una narrativa dominante de una mezcla apaciguada y armoniosa de “las tres razas” (europea, africana e indígena), como se sugiere en los primeros versos del propio himno de la ciudad:

I

“Magdalena, Tierra prometida,

Es tu nombre, camino fluvial,

Don Rodrigo Galvan de Bastidas.

desde Iberia te vino a encontrar.

II

Ni el Tairona aguerrido y valiente,

con su sangre lo pudo evitar,

y orgulloso se fue hasta tu frente

que es la Sierra más alta del mar.

III

Desde el mar al Cesar tu ribera

fue testigo de cruentas acciones:

Pocabuyes, Chimilas, son fieras

con sus flechas y sus corazones.

IV

Desafiante un velero negrero

al Bantu trajo cual mercancía,

se mezclaron las razas primero

y hoy conviven en plena armonía…”.

(las itálicas son mías).

Hace falta destacar la convergencia a primera vista entre estas narrativas oficiales, y las populares tanto como las de las élites. También se deberán discutir las maneras de los pocos casos en que la gente común y corriente recuerda la existencia de esclavos y de prácticas de esclavitud en Santa Marta. Cuando esto sucede, de inmediato, los califican en términos apaciguados, especialmente desde un marco comparativo con Cartagena de Indias. Sí bien puede ser que la esclavitud asumió rasgos mucho más duros en aquella ciudad, eso, sin embargo, plantea la pregunta no sólo de la historia comparativa de la esclavitud en Santa Marta, sino que también la memoria de este hecho dentro de la población es oriunda de aquella ciudad.

Sí la esclavitud se produjo tan armoniosamente, ¿de dónde viene esta impresión tanto general como fugaz, especialmente cuando la gente no aparenta recordar nada de este acontecimiento? ¿Cómo se puede tratar del tema de la memoria social de un hecho histórico?

 

Véronique Benei

Antropóloga y escritora 

Acerca de esta publicación: El ensayo “La esclavitud en Santa-Marta: una mirada antropológica” hace parte de un mayor estudio realizado por la antropóloga Véronique Benei y publicado con el siguiente título: “Olvido y memoria en Santa Marta: el punto ciego de la esclavitud”.

.::Historia de la Cumbia en Colombia - India y Negra::.
.::La Cumbia Sanjacintera: de las Gaitas al Acordeón::.