Martes, 24 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Se dice que la oposición política es un grupo de personas o partidos políticos con pensamiento diferente al grupo que ostenta el poder y que por lo tanto hacen críticas y cuestionamientos a los desaciertos del mandatario empoderado.

Hay diferentes formas de hacer oposición de acuerdo al grado o intensidad de las críticas y cuestionamientos. Podíamos decir que hay una oposición irracional y es la que va lanza en ristre contra todo lo que hace el gobernante criticado, esta oposición no le da méritos al mandatario, es una oposición despiadada y cruel, el mejor ejemplo de ésta es el que vemos ejercer por el Centro Democrático contra el presidente Santos. Es una oposición que da palos por dar, que se atraviesa y golpea en busca de dividendos políticos, es una oposición enceguecida, irracional que denuncia y demanda en estrados judiciales todo lo que sale del gobierno de turno.

Hay otra oposición, ésta más racional, que si bien critica lo que considera mal hecho o mal utilizado lo hace con argumentos, esgrimiendo siempre pruebas incontrovertibles que demuestran la veracidad de su dicho, esta oposición solo utiliza  el recurso de denuncia o demanda judicial en casos de extrema corrupción, esta oposición muy a pesar de buscar dividendos políticos es cuidadosa en el enjuiciamiento de los actos denunciados, es decir nunca se aventura a lanzar falsas acusaciones, pues siempre que acusa o critica lo hace con la certeza de tener la razón.

Sin embargo, hay una oposición racional que con mucha prudencia hace las críticas en forma responsable, esgrimiendo pruebas y que no busca el perjuicio del personaje cabeza de la administración de turno, sino que su objetivo principal es iluminar el camino de ese funcionario  que lleno de soberbia cree que los bienes y el tesoro público del ente que dirige es de su propiedad y que por desconocimiento de las normas administrativas o por ansías de perpetuar a su grupo en el poder reparte entre sus amigotes y allegados el bien que es de todos los ciudadanos. Otras veces dichos administradores llegan al poder con inusitadas ganas de enriquecerse y mandan por la calle del medio una especie de buldócer para abrir el camino de la corrupción donde medra el mandatario, sus amigos y allegados, lo hacen con tal cinismo que pierden el temor a la justicia y además irrespetan a las comunidades que asisten impávidas a la expoliación de los recursos de la comunidad.

A todas estas, esta última oposición jamás pone una denuncia o demanda judicial, sólo hace llamados de advertencia para que el funcionario enderece el rumbo hacia formas legales de administración. ¿Pero qué ocurre? En los dos últimos casos algunas personas que por ignorancia no conocen que la oposición es un derecho constitucional que tiene el ciudadano de expresar su pensar a través de la crítica y la denuncia para defender los intereses de su colectividad, se ofenden y atacan a las personas que hacen la oposición, pues piensan, o les hacen pensar, que se le está atravesando a la gestión y logros de las administraciones criticadas.

Los miembros del grupo, sus amigos, familiares y allegados, que se alimentan de las sobras del hartazgo de quien ostenta el poder, atacan, denigran, amenazan veladamente al opositor que osa criticar, pues buscan amedrentar la oposición apabullándola con muestras de un poderío nacido de la ignorancia y del poder mal entendido. En este caso, el desquiciamiento de los empoderados llega a extremos rayanos en la desvergüenza y acentúan los actos de corrupción con la creencia de que castigan a la oposición sin darse cuenta que marcan el camino a la judicialización del mandatario.

A todas éstas vale la pregunta: ¿Qué es la oposición? La oposición que practico y que me parece justa y al mismo tiempo racional es la descrita en último lugar porque creo que la oposición no es otra cosa sino un servicio gratuito de prevención para que los mandatarios de turno no caigan en las garras de la corrupción y se atengan al dicho de: “En guerra avisada, no muere el soldado y, si muere, es por descuidado”.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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