Miércoles, 28 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Cuando los conquistadores españoles arribaron por primera vez a las costas colombianas no se percataron de la pluralidad lingüística de sus habitantes, pues venían acompañados por intérpretes educados en Santo Domingo, aunque naturales de las costas colombianas. Estos habían sido tomados como esclavos por aventureros que, en busca de rápida fortuna, se arriesgaron ilegalmente por las áreas costeras septentrionales, mucho antes que se iniciara en serio el proceso de colonización permanente.

La violencia ejercida para realizar esas actividades de saqueo y captura de esclavos, creó un clima adverso y hostil, y, muy pronto, amerindios y españoles comenzaron a conocerse y a señalarse como enemigos.

Al momento del contacto el actual territorio que ocupa el departamento del Atlántico se llamaba Macana, y trae la siguiente toponimia que no difiere mucho de la actual:

La región de Tubará, está relacionada con los Tayrona, que como se sabe eran grupos étnicos relacionados con los Muiscas. De esta manera Tubará tiene un origen precolombino, a este respecto se puede decir que la zona está en el área de influencia del gran poblamiento Muisca conformado por los Zenúes y los Tayronas. Los primeros habitaban en la depresión Momposina y los segundos en la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía de Perijá.

Los actuales municipios de Malambo, Baranoa, Tubará, Usiacurí, Puerto Colombia, Juan de Acosta estaban habitados al momento del contacto por la población de los Mokaná, atlántico dep. Territorio MacanáHeredia (1533): "Todos los indios de estas provincias se llamaban con un común nombre de Macanaes y todos se originaban de los que habían venido a poblar allí en canoas la costa abajo desde Maracapana (Venezuela). En esta otra descripción de los amerindios Mokaná se describe su ubicación (Beltrán, 1562). Tomó asiento entre los indios Macanaes que están al este de la ciudad de Cartagena por la costa del mar y hasta el río grande de la Magdalena y algunas leguas tierra adentro.

A la llegada de los españoles en 1529, comandados por Jerónimo de Melo, se encontraron con la existencia del más importante caserío de la región, el cual llevaba el nombre del cacique Pedro Malambo que lo dominaba. El cacique a su vez había tomado el nombre de unos árboles bastante abundantes en la región de la Costa Atlántica.

En 1533 el Conquistador Don Pedro de Heredia llega a Malambo y queda extasiado con las artesanías en barro elaboradas por los habitantes indígenas. Esta población abundante fue evangelizada, la cual estuvo a cargo de San Luis Beltrán, bajo la encomienda de Alfonso López Ayala de 1562 a 1569. Debe resaltarse que Malambo fue la tercera encomienda en importancia en Tierra Adentro.

Los grandes movimientos étnicos que se provocaron por la guerra de conquista por parte de los europeos, durante los primeros años del siglo XVI y que produjeron un reordenamiento del espacio y confrontaciones interétnicas de grandes magnitudes, aún permanecen confusos y oscuros para la investigación. Por esta razón toca acudir a fuentes históricas y orales, para tratar de mostrar la versión del amerindio de este genocidio.

Los conquistadores españoles, para justificar sus propios derechos a la conquista de los americanos, crearon en su imaginario un supuesto carácter guerrerista de los nativos sin tratar de comprender el sentido ritual de sus guerras, este mecanismo psicológico de proyectarse en el "otro" le permitía olvidarse o dejar a un lado, que ellos mismos eran los agresores. "Muestrase la gente de esta tierra ser belicosa y tener guerras unos con otros, porque en este pueblo donde nosotros estamos (Calamar), que es pueblo de calidad y el otro grande (Turbaco), los hallamos todos cercados, la mayor parta de ellos, de cabezas de muertos puestas en palos. Lo que de ello hemos podido alcanzar es que son de sus enemigos".

En la localidad de Calamar Fernández de Oviedo describe esta misma costumbre de colocar los cráneos de los enemigos en los postes de cerca que rodean las viviendas "[...] Avia en aquel pueblo de tragoaco ciertas casas suntuosas é mucho mayores que las otras, que decían ser de indios señores caciques principales; delante de cada una dellas estaba una estaca á manera de ceto, y en cada estaca una cabeca de un hombre, que decia ser de enemigos indios que avian muerto en sus batallas. Y era muy grande el numero destas cabecas lo qual usan estas gentes é assi entre aquellos indios ponen tales ysinias de cabecas de hombre por trofeos é adornamiento de sus casas: é aquel tienen por más honrado, que mas cabecas ha cortado é tiene puestas, por mostrar su ferocidad é señorio. Estos indios deste pueblo son enemigos de otros que dice zarnaco."

En otras descripciones se señala cómo los amerindios fabricaban artefactos de adorno con restos humanos, en este caso dientes. “En el área del río. Un indio muy feo, e'traia por gala muchos dientes e'muelas de hombres que el avia muerto metidos por sus orejas propias".

En cuanto a las armas utilizadas por los amerindios se resalta por los cronistas españoles que tanto hombres como mujeres eran guerreros y utilizan como principales armas el arco y las flechas envenenadas, macanas, largas lanzas y hondas. "[...] La isla de Codego... Son belicosos y usan arcos y flechas. Tiran todas las flechas con yerba de mala y pelean las mujeres también como los hombres. Yo tuve presa una moza de hasta 18 a 20 años que se afirmaba por todos, que había muerto 8 hombres cristianos antes que fuese presa".

En otro comentario leemos: "[...] Traen los indios mene un carcax lleno de muchas flechas, tan largas como 3 palmos y los arcos muy pequeños, pero recios; y pelean assi mesmo con una caña é lancas y hondas y como viven en partes ásperas, echan galgas ó piedras grandes á rodar”.

Otro aspecto que describen los españoles era el uso de barricadas protectoras de los poblados amerindios con espinas y difícil de sobrepasar, para proteger los asentamientos "En el río Magdalena, los españoles hallaron los indios con albarradas y palenques hechos fuertes; combates entre ambas partes, estos indios de una generación que llaman aruacanas, hallaron 2 pueblos; passados de alli indios pemeos tienen pueblos de 30 ó 40 buhuios, es gente domestica; é assi passaron un pueblo con gente , la qual huyo, é se dieron alcancaron y fueron pressos, el qual venian desnudos, con arcos y flechas y con un calabaco de cal, y un fardel de hierbas que traia de aquella que meten en la boca los indios".

Los americanos desarrollaron varias estrategias para defenderse de los españoles, una práctica muy usada era quemar el asentamiento y huir al monte, en la localidad de Tubará ocurrió esto último. "[…] Gente rica, valiente y robusta, como se echó de ver en la resistencia que hicieron, defendiendo su pueblo con tan valiente bríos, huyeron del pueblo, y rancheando las casas, sacaron gran suma de oro, sin hacer daño á las mujeres y niños”. (Fray Pedro Simón,1892:20). El historiador Armando Arrieta en el Cuadro 2 de su libro Los Mokana,, sintetiza las diferentes reacciones que frente Heredia el conquistador español tuvieron los amerindios en los territorios que actualmente corresponden a los departamentos del Atlántico y Norte de Bolívar; que de una u otra manera enfrentaron a Heredia, siendo los más sobresalientes en tener una actitud de guerra, huir del lugar, someterse y tributar, y el rancheo.

Lo que es claro es que los españoles venían con intención de robar y saquear buscando oro, a este respecto el Cacique Zipacuá, quien los actuales Mokana lo consideran su directo antepasado estaba alarmado por la presencia de Pedro de Heredia y sus soldados, al respecto Fray Pedro Simón (Tomo IV 1892:21) nos trae el siguiente relato: "Zipacuá avispadisima del incendio y robo de oca, dió muestras el recibimiento que les dieron, ya cerca del pueblo, todos los de él, enbijados con flechas y macanas, con voces desatinadas que parecian infernales, si bien hicieron alto á tiro de escopeta de los nuestros, sin dispararse de una parte ni de la otra con que dió lugar á que el gobernador con la lengua, les pudiese dar á entender no haber sido ellos los ocupados en la maldad de la aldea, sino sus amigos los de mahates, y tomando el Zipacuá la vuelta de su ciudad, despacho 400 viejas cargadas de maiz, carne de monte, y habiendo visto sus casas, y gran templo de su adoración, halló en él un puerco espin de oro fino , que romanodo peso 5 arrobas y media ; carnapacuá 8 patos de oro".

 

Álvaro Baquero Montoya (Antropólogo y sociólogo) y Ada de la Hoz Siegler (Licenciada en Educación con Especialización en Ciencias Sociales Económicas)

Acerca de esta publicación: El artículo “La historia de los Mokaná y el encuentro con los conquistadores” ha sido extraído de la investigación realizada y publicada por los profesores Álvaro Baquero Montoya y Ada de la Hoz Siegler bajo el título “La historia de los Mokaná. Un capítulo de la historia en la región del Caribe Colombiano”.

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