Sábado, 24 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

 

En nuestro anterior artículo, titulado “¿Comienza una “nueva era?” reflexionábamos sobre el shock que para buena parte de la sociedad acarreó la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, cuya toma de posesión se produjo el pasado 20 de enero.  Al final de ese mismo artículo planteábamos la siguiente disyuntiva: mientras el discurso del nuevo presidente ha girado en torno al proteccionismo arancelario para favorecer la industria nacional frente a las exportaciones y la presión de empresas de otros países, los mercados -quienes realmente dirigen el mundo- apelan por la libertar de comercio, la desregulación y la deslocalización.

Una de sus primeras tareas al frente de la Casa Blanca ha sido reunirse con los representantes de las grandes corporaciones empresariales estadounidenses, a quienes ha ofrecido una importante bajada de impuestos para los productos hechos en la Unión, así como “un impuesto fronterizo muy elevado sobre el producto cuando llegue", para la producción realizada en el exterior. Igualmente, durante sus primeros momentos en el despacho oval firmó un decreto para retirar a Estados Unidos del Tratado Comercial del Pacífico, anunciando que renegociará el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. Todo ello supone reafirmarse en su política proteccionista contraria a la globalización.

En todo caso, las reacciones frente a la nueva etapa presidencial por parte de detractores y seguidores no se han hecho esperar.  Entre los primeros, es necesario señalar la Marcha de las Mujeres en Washington, con una asistencia superior a las 500.000 personas -una de las protestas más numerosas que ha vivido el país- y cuyo eco se ha repetido en todo el mundo, produciéndose  673 manifestaciones en 87 países en territorios de los cinco continentes. Fue la denominada Women's March Global. La orden de Trump para cerrar la frontera de EEUU a inmigrantes y refugiados de siete países predominantemente musulmanes, llevó a miles de personas a reunirse en los aeropuertos de las principales ciudades, o en las calles de menor tamaño y en muchos casos con el respaldo de las autoridades locales, con objeto de manifestar su rechazo a la medida.  Esta elección y las primeras medidas están suponiendo un despertar de la sociedad civil que a juicio de algunos observadores, no se veía desde los tiempos de la guerra en Vietnam.

Por su parte, la extrema derecha europea no tardó en manifestar su adhesión a Trump durante los primeros días, incluso las primeras horas posteriores a las elecciones presidenciales del 9 de noviembre. A su juicio, dicha elección constituía una oportunidad para un cambio de rumbo. Si bien todas las declaraciones de los lideres ultraconservadores europeos presentan un tono parecido, citaremos como ejemplo las emitidas por Nikolaos Mijaloliakos, dirigente del partido griego de orientación neonazi, “Amanecer Dorado”: “El triunfo de Trump es el principio de un cambio... La victoria de las fuerzas que se oponen a la globalización, que luchan contra la inmigración ilegal y que están a favor de la limpieza étnica en los estados".

Las anteriores declaraciones enlazan con las emitidas por los mismos líderes a raíz del denominado Brexit, salida del Reino Unido de la Unión Europea, aprobado por referéndum el 23 de junio pasado, que, en su opinión, supondría el primer paso en el desmantelamiento de la misma. Como dijo el propio día de la toma de posesión de Trump la dirigente del ultraderechista Frente Nacional francés, Marine Le Pen, vivimos el final de un mundo y el nacimiento de otro, lleno de esperanzas del que el Brexit constituyó el primer golpe. Tanto para ella como para el resto de participantes en el Congreso del Grupo del Parlamento Europeo, Europa de las Naciones y las Libertades (ENF), que se celebró el 23 de enero en la ciudad alemana de Coblenza, 2017 será el año del despertar de los pueblos de la Europa continental.

Estas declaraciones son propias de lo que el Catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, Timothy Garton Ash (Debate sobre la Libertad de Expresión, 2016),  denomina ola de populismo nacionalista, y muestran unantiliberalismoen el que se unen el ruso Putin, el austriaco Norbert Hofer, el turco Erdoğan, por mencionar algunos mandatarios, o líderes políticos como la citada Le Pen o Nigel Farage, el dirigente del “Partido por la Independencia de Reino Unido”, que ha sido uno de los primeros contactos internacionales del recién elegido presidente.

Por mucho que nos desagrade el discurso xenófobo, racista y autoritario del citado populismo, es preciso reconocer que el malestar que ha llevado a su encumbramiento tiene causas reales, derivadas -como señala el citado Timothy Garton (Liberales del mundo, hacedlo mejor, diario español El Pais, 27-10-16)- del capitalismo liberal globalizado. Desde esta columna nos hemos manifestado repetidamente contra los males de dicha globalización, que ha provocado el hundimiento económico de sectores cada vez más amplios generando malestar social y político. La habilidad de este populismo -no confundir con el también denominado populismo que ha supuesto en América Latina el triunfo de partidos de izquierda– ha sido el culpar al “otro”, al “diferente”, de todos los males, en lugar de a las oligarquías que los han generado.

¿Qué deben hacer entonces los partidarios de un mundo globalizado, propio del denominado internacionalismo liberal, para frenar este avance ultraconservador? Según el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el Brexit y la victoria de Trump son una señal de alarma para todos los que creen en la democracia liberal. “Eso significa que debemos finalmente ponernos las pilas y devolver la confianza, recuperar un sentimiento de orden y dirección". De hecho, la pérdida de empleos y el auge del descontento de las clases medias al que nos referimos en el artículo citado al comienzo, puede desembocar en una ruptura con el orden económico del que ya se han manifestado los primeros síntomas.

No es por ello casualidad que este año, en el foro de la ciudad suiza de Davos, donde se reúnen los gurúes de la economía mundial, se haya hablado con insistencia de la denominada Renta Básica Universal. ¿Frente al schok que ha supuesto la presidencia de Donald Trump, la globalización se ha visto obligada a mostrar un rostro más humano? Es pronto aún para saberlo, pero surge una pregunta: ¿Frente al auge del denominado “populismo nacionalista” y la elección de mandatarios de extrema derecha, los postulados de la globalización neoliberal son un mal menor, que estaríamos incluso dispuestos a asumir para frenar su avance? ¿Tal vez esté dispuesto el neoliberalismo a desarrollar una política económica más inclusiva que recupere los postulados de Adam Smith y mantenga el denominado “estado del bienestar” que anteriormente quería derribar, para frenar el avance de la ultraderecha? El tiempo nos dará la respuesta y esperemos que las anteriores hipótesis resulten acertadas.

 

Antonio Ureña García

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Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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