Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Richie Ray y Bobby Cruz con Alfredo Gutiérrez y Fausto Pérez

 

Dos niños se conocen en Nueva York hacia la década de los 50, en afines ambientes musical y escolar. Se trata del Conservatorio musical de Brooklyn, donde Richie pulía su virtuosismo en el piano de donde parten sus habilidades aventajadas de compositor y arreglista de muchos kilates.

Más adelante, en 1963, inicia una dupla musical de muchas campanillas e impacto en  la historia de la música latina en la capital mundial de los negocios: Ricardo “Richie” Maldonado Morales, nacido en Nueva York el 15 de febrero de 1945, y Roberto “Bobby” Cruz Ramos, originario de Hormiguero, Puerto Rico, en 1937. La constancia y deseo de superación de Richie y Bobby los ha llevado a figurar, desde 2002 en el International Latin Music Hall of Fame, y a fundar, desde 1980, varias iglesias propias con el nombre de “Casa de Alabanza”, y sus mensajes religiosos, centrando sus actividades, desde 1971 en San Juan, Puerto Rico.

La base fundamental de esta triunfante nueva música latina neoyorquina integra viejos sones, el danzón y la rumba cubana, denominados “complejos genéricos” por muchos estudiosos. Aspecto relativamente simple de donde se habrían derivado también el mambo, la guaracha y la propia salsa, que Richie y Bobby, con algunas intervenciones de Chivirico Dávila, en un principio,  denominan en su álbum musical “Los durísimos”, con el subtítulo “Salsa y control”, que junto a otros, establecería el Latin boogaloo como la locura rítmica que conmueve a varias generaciones melómanas desde el epicentro de la jungla de cemento.

Tal  género musical con distintas variantes, nos haría reflexionar hacia una musicología y una historiografía que mantiene sus raíces comunes e históricas, con funciones similares y caracteres regionales que establecen diferencias, así como se distinguen la ruralidad y lo urbano de un porro o una cumbia, un “guateque” o fiesta campesina y las evoluciones estilísticas del mambo o la timba.

Richie Ray y Bobby Cruz destacan prontamente con el brillante sonido de las trompetas, y con atrevidas incursiones y mezclas de las armonías y melodías tropicales del acervo popular, con las clásicas de Bach, Chopin y Mozart, en sus aclamadas interpretaciones con ritmo de mambo, con jazz, montuno y timbal. Brillan los resultados espectaculares entre la vanguardia de la época, en especial con El sonido de la bestia (1980), donde se aprovechan los recursos que brindan los maestros del pasado, para el deleite de su propia expresión estética y la proyección sociocultural en sus valorados trabajos en Jala jala y Boogaloo, Ahora vengo yo, Renovando la salsa, Abriendo surcos, Adelante juventud, y A su nombre gloria.

Estas obras cimentaron la fama y genialidad de un arreglista con presencia imborrable de la barriada y sus escalas sociales desde Spanish Harlem hasta el South Bronx. Es el clímax del ritmo  que alcanza Richie y Bobby con sus primeros instrumentistas, en el bongó Manolito González, Mike Collazos en el timbal, y las trompetas de Chaparro y Cheatman, y luego en Puerto Rico con Cocolia Rodríguez y Maelo Rodríguez con las trompetas, José Hidalgo en las congas, el bajo de El Che Amitín, y las timbas de Charlie Cotto.

“Tú que decías / que ya no servía / oye tú que decías / que ya no salía

ahora mismito mi amigo / yo te vengo a saludar / escucha, escucha,

oye sonar  las trompetas / oye los cueros sonar/ Ricardo viene de frente,

con su sonido bestial / Heey, que ahí viene Richie, viene virao,

como bestia, tocando un tumbao . . .

Junto a ellos, otros contribuyen a interpretar y conjugar la experiencia social con metáforas que invocan el amor y el baile, pero también las resistencias y reivindicaciones ante su drama existencial colectivo. Sobresalen sus pares Louie Ramírez, Charlie y Eddie Palmieri, Jimmy Sabater, Bobby Valentín, Joey Pastrana, Ray Barretto, Joe Bataan, Tony Pabón, y tantos pioneros que se inician en bailes y fiestas, en los que se habla y canta en inglés, español y spanglish, el inglés de la calle. Así es como dan vida a la Pachanga, punto de encuentro de dos generaciones: la vieja guardia cubana de Mario Bauzá, Arsenio Rodríguez, Israel “Cachao” y Orestes “Macho” López, Miguelito Valdés, Machito, de Cuba, y los puertorriqueños, Rafael Hernández, Augusto Cohen, Noro Morales, Tito Rodríguez, al lado de sus condiscípulos de otras latitudes latinoamericanas como Andy González, Charlie y Eddie Palmiery, Richie y Ray Maldonado, Joe Cuba, Johny Colón, Rubén Blades, Cheo  Feliciano, Franky Dante…  

Este contacto transgeneracional tuvo su madre nutricia en La Casa Alegre de Al Santiago, desde 1955, sitio de reunión musical, almacén y productora discográfica, que aglutina el gusto de tantos inmigrantes que necesitaban saber y escuchar música y noticias frescas de su lejana tierra, lo cual se ampliaba con la radio latina Wbnx, divulgadora de dichos ritmos. Según la musicóloga María Teresa Linares, se aprovechó el tronco común del Son, para comenzar un ritual entre paisanos que verían cómo Jimmy Sabater y Ray Barretto, graban respectivamente con el  nombre de salsa sus creaciones Salsa y bembé y Salsa y dulzura.

Hacía poco se había extinguido el furor de la pachanga con sus populares charangas basadas en el saxofón, guitarra eléctrica, violín, trombones, vibráfono y trompetas, con la amenaza de la transitoriedad como cuando Joe Quijano advierte:

“Negrita / báilalo ahora / de pronto llega otro ritmo / y quién sabe si este    

ritmo durará / durará, durará …”

Y en efecto, irrumpe otro ritmo con la llegada de José Mangual Jr, Pello El Afrokán, Eddie Palmieri, Pete Rodríguez, Johny Colón, la TNT, Raffy Leavitt, Richie y Bobby, la Sonora Ponceña, Tony Pabón, Joe Bataan y Jimmy Sabater, entre otros, e irrumpen con el Boogaloo (que llega a nuestro país con Colombia’s boogaloo, en 1967), lo cual consiste en una guajira con blues a dos escalas en sincronía con el  el son y el pop más el Latin soul, y los ritmos acompañantes de Mozambique, el Shingalín y el Watusi.

El propio Richie nos lo explica: “El Boogalooconsiste en dos escalas, la mayor que es la normal, y la menor que suena un poco diferente. Estos elementos están presentes en el Rithm and blues, paralelos a los otros, y nosotros los fusionamos, tocando la guajira en un tempo más rápido para que se bailara más a gusto”.

Igual éxito alcanzó La Perfecta de Eddie Palmieri con la aclamada Azúcar, dedicada en El Palladium de New York a los seguidores afroamericanos en 1965 y todo el boom que era respaldado por el sello disquero de Ralph Mercado y las emisoras, hasta el momento en que la marea cambia hacia el predominio transicional de una salsa suave glamorosa y amerengada, ajena a la salsa dura del Barrio, rica en percusión, de ataque continuo e incisivo, de solos intensos, virtuosas improvisaciones en la letra y el canto que tanto sigue gustando a un público fiel e internacional.

 

Jairo  Tapia  Tietjen

WikiLetras
Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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