Martes, 25 de abr de 2017
Valledupar, Colombia.

 

El tema de moda es la corrupción, y su protagonista es Odebrecht. El país ha estado en intenso debate, como siempre, con el tema que de sobremesa le sirve a la prensa, en este caso han sido las coimas, mordidas, torcidos, ceveyés, cace, Dulce diez, o como carajos la gente quiera llamar a esa práctica corrupta de pagar al mandatario y su cohorte para poder contratar con las entidades públicas.

El caso Odebrecht ha tocado, incluso, las puertas de la presidencia, esa puerta por donde han entrado los bandidos más grandes del país, algunos con investidura presidencial, ministerial, senatorial o la que les han dado las mafias enquistadas en el poder y que, como arácnidos, con el perdón de las arañas, tejen la malla corrupta que enloda las contrataciones de los dineros públicos.

Todos los colombianos hemos oído y discutido por casos como el Guavio, la famosa “guavionada”, el caso de los Nule, la contratación paramilitar en los municipios y EPS, Refricar y una lista interminable de casos sonados por los montos, por los involucrados y por el notorio deterioro que le han hecho a Colombia, el último y más sonado en éstos días es el de Odebrecht, pero yo quiero llamarlos a la reflexión sobre la cantidad de Odebrechtcitos que pululan en las alcaldías de ciudades y municipios pequeños.

Estos Odebrechtcitos son fenómeno común en la contratación que hacen las alcaldías municipales, en donde se da doble contratación, contratación a dedo, sin el lleno de requisitos, contratación indebida, contratos hechos a la medida para el solo proponente, en fin, el foco de corrupción que se vive en los municipios pequeños del país sumados es más grande que el de Refricar, Odebrechts, Los Nule, El Guavio y otros sumados también.

Colombia está infestada de Odebrechtcitos que reparten mordidas, en las oficinas municipales y que a veces ni siquiera reparten, sino que les imponen (desde el despacho de alcaldías, secretarías y gerencias) el pago de la coima para poder contratar, antes se hablaba del “dulce diez” ahora no hay porcentajes, la cosa funciona aumentando, sobrefacturando, contrataciones ficticias, doble contratación y otras artimañas que se han inventado para dilapidar los recursos del estado y lograr el enriquecimiento rápido y sin esfuerzo a costa de los recursos de los pueblos.

En tanto los organismos de control no ven, no escuchan, no dicen nada, no actúan acorde a la Ley, sino que entran en esa danza de corruptela y buscan su mordida propia. Sin embargo, vemos en grandes titulares de prensa frases como la de “Los Tres Mosqueteros”, paladines de la justicia que se darán la pela por ponerle el pie en el pescuezo a los criminales de guante blanco que desangran las arcas del estado, y que, como sanguijuelas sustraen los dineros de los municipios y entidades públicas. Pero esos entes de control son selectivos, solo le meten mano a casos emblemáticos que la prensa ha destapado, es decir son selectivos y no tocan los casos medios y pequeños que cubren a todo el territorio colombiano.

Es hora de que La Contraloría, La Fiscalía, La Procuraduría inicien una cruzada, en primer lugar, pedagógica, donde le enseñen a la comunidad la forma de vigilar sus propios recursos, el uso de la página de Contratación pública Simat, para que estén alertas sobre qué se contrata, la forma cómo lo hacen, ver los pliegos, mirar los proponentes, revisar las licitaciones y ver los contratos para que la ciudadanía se entere, documento en mano sobre la forma en que se están manejando sus recursos.

Se me ocurre que estos organismos de control deberían abrir líneas de comunicación directa con el ciudadano y que cualquier persona pueda denunciar los hechos, sin necesidad de trámites y papeles y firmas y que la denuncia realizada por la persona sea el resorte que dispare la alerta y todo el mecanismo de los entes fiscalizadores para atrapar a los corruptos y ponerlos tras las rejas.

Se necesita vigilancia, primero la que hagan los propios ciudadanos y los entes de control, luego se necesita fortalecer la denuncia ciudadana y que esta denuncia surta efectos en los entes de control. Solo así se puede controlar el desangre de los recursos públicos y conseguir el beneficio colectivo de los colombianos.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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