Jueves, 29 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Para el común de los ciudadanos hablar de política se torna aburrido y no es tema de cultura general para el grueso de la población, máxime cuando cada uno tiene una manera diferente de ver lo que pasa en su mundo real, acompañado de polarización y defensa a ultranza de sus intereses particulares.

Pero más allá de un tema de discusión, la realidad está fundada en la ignorancia del pueblo y la apatía del mismo, por conocer más allá de las emociones viscerales que produce defender una teoría, hipótesis, tesis o postulado de alguien que sí entiende lo que es la teoría política y la función del estado en la sociedad.

Esa confusión de términos y palabras al parecer confusas por quien las escucha, es lo que hace que tocar el tema en una reunión social torne pesado el encuentro familiar o de amigos, que sin querer, el señor termine solo en el rincón de la sala escuchando los chistes flojos de uno de los invitados, porque burlarse del otro, disfrazándolo de humor es más aceptable que hablar de la importancia de las instituciones del estado y nuestra relación con ellas. Esa apatía a la hora de conocer y controlar el poder público, es la que ha asegurado el camino a la corrupción sin freno de los politiqueros de turno.

Pero otra idea tenía el filósofo griego Aristóteles en la concepción de la política, como el bien fundamental de toda sociedad de velar por sí misma y obtener el bien común. Hoy esa figura Aristotélica del bien común asentada en el principio de la democracia, es una distorsión y una negación de la misma sociedad que se rehúsa a creer que es ella la que realmente tiene el poder de elegir a sus gobernantes y controlar del mismo modo su poder.

Esta parece una historia de ciencia ficción, donde el pueblo es oprimido por el gobernante que ellos mismos eligieron y lo peor es que para un grueso de la sociedad eso parece normal y no discutible. Aquí cabe recordar el viejo adagio popular que reza “el pueblo tiene el gobernante que se merece”.

En esa tónica colectiva de no querer saber nada de política es que se mueven los cazadores de votos cada vez que hay elecciones populares, donde por medio de las emociones y las confrontaciones hacen ver al otro como el enemigo público, el acosador, el que no ha hecho bien su trabajo, el corrupto, el saqueador de los recursos públicos, el que tiene al pueblo en la miseria y el hambre; la respuesta es apenas medible en una sociedad ignorante del discurso y manipulada en sus emociones primarias, que sale a la calle a protestar en nombre de sus derechos, cuando se niega a cumplir con sus deberes como ciudadano.

Por esta razón, hablar de política como tema central en una reunión social, es negar a escucharse a sí mismo y reconocer que tiene poder y no un simple maniquí de los intereses de unos cuantos, si el tema es la compra de votos, la burocracia, el clientelismo, el favor y el beneficio personal, nadie quiere quedar en evidencia que es cómplice de la corrupción, porque, cuando el tema es conmigo, la charla es a otro precio y cuando es con el otro, que le caiga todo el peso de la ley, esa es la sociedad en la que vivimos, mentirosa, ventajosa, hipócrita y vengativa, para después rasgarse las vestiduras cuando le toca el turno de dar la cara por su acciones.

Por eso, es urgente que, desde la escuela, se den los primeros pasos en la ilustración del estado, para que el estudiante crezca con una visión amplia del poder que tienen como ciudadano que ejercerá el voto popular o será el próximo dirigente político.

Pero esa educación del estado debe ser sin colores políticos ni amañado a los intereses del sindicato de educadores, porque entonces se pierde el rumbo y la noción de país se desfigura y se encarna en el estudiante un vacío de poder, que fácilmente lo llevara a engrosar la lista de los desadaptados sociales que piden lo que no están dispuestos a dar, y no dejan que los otros aporten al cambio social, en otras palabras, serán los próximos sindicalizados que solo defienden sus intereses particulares con la figura de que es en razón de la lucha por los derechos de todos.

Hablar de política como el arte de manejar los bienes públicos debe ser un tema de interés general, debe estar enmarcado dentro del contexto social como una herramienta de control y no de polarización a favor de uno y otro, que se llaman asimismo como los salvadores, los mesiánicos, los que pueden hacer las grandes transformaciones y reformas, olvidando en el fragor del discurso, que al llegar al poder, hay otros intereses de por medio que no pueden obviar, y que realmente no puede hacer todo lo que prometieron en la plaza pública, y así será cada vez que hay elecciones populares. Pesa más el favoritismo y el clientelismo, que la verdadera intención de cambiar un viejo modelo corrupto que se dio en la conformación de la República Romana.

Queda entonces la pregunta abierta: ¿hablar de política es un simple tema de conversación o una discusión? Juzguen ustedes mismos.

 

Eber Patiño Ruiz

@Eber01 

 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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