Lunes, 22 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Daniel Betancourt / Foto: El Rinoceronte Ilustrado

 

Se necesita tierra, cielo, demasiado cielo para definirse como escritor (sobre todo un buen escritor). Hablo de esos seres que cuentan o fabulan su vida o la de los otros. Se necesita ser osado para usurpar el lugar de Dios. Eso de crear personas y mundos, es de cuidado.

Existen autores que construyen sus personajes con tal barro que superan a los que andan por la vida. En mi caso debo decir que, a mis veinte años, cayó en mis manos no sé porqué suerte, cábala, demonio o destino, un cuento de Edgar Allan Poe: Morella. La historia conmocionó mi espíritu y volví a él de manera permanente, sin explicación aparente, con el paso del tiempo comprendí que buscaba respuesta a las muertes tempranas de mis cuatro hermanos, ninguno de ellos bebió a plenitud de las dulces aguas de la infancia, de los cuatro, tres eran niñas.

Una a una por noche/mis hermanas colocan bebedizos en rincones distintos/para curarme de los desesperos/del delirio extremo/del tedio/de los malos ojos. (Tomado del libro “Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras”, Pluma de Mompox 2011).

Leí Morella y otros cuentos y poemas de manera esporádica en los años que siguieron moviendo la rueda de mi vida, sin orden ni disciplina, sin creer que un día zarparía al océano literario. <<Quién decide ir a la mar no sabe si alcanzará puertos felices o naufragará>>. Lo cierto es que ese cuento definió mi carácter como escritor, y sin ser trágico o sin declararme del todo amante del terror, creí que debía comprometerme con el oficio. Pero ¿qué es ser serio escrituralmente hablando? Cuando la vida es una comedia, una paradoja indómita. Yo que conozco las bases ciertas del humor, sobre todo del humor que se cuece en las calles del Caribe, quedé sorprendido por lo siguiente.

En el año 2014 conocí a quien me atrevo a llamar el “Mike Tyson” del cuento colombiano, David Alejandro Betancourt Vélez. —Sospeché de sus dos apellidos, pero no de él— un muchacho de mirada lánguida, que leyó un poema de mi autoría en Facebook y decidió hacerme un comentario amable. En contraprestación busqué algo suyo y mi sorpresa adquirió el tamaño de todas las catedrales del mundo; cuando leí el cuento “El Último Partido” (Revista Soho) quedé noqueado, había recibido un cross a la barbilla.

Es un cuento certero, sin despilfarro, un cuento del barrio y los amigos. ¿Te acuerdas Deivis, vale mía, qué apostaban en ese partido definitivo? Lo que ciertamente apostamos en las barriadas todos aquellos que acariciamos un balón: salchichón, gaseosas y plática, al colombiano la plata lo desvive y desvela. Después busqué con saña libros de su autoría porque creí que ese cuento pudiera haber destruido mi guardia más férrea, dada mi afición por el fútbol, el golpe que hizo temblar mis rodillas entró limpio a la mandíbula (Siempre sospecho de los amores a primera vista). Luego leí “Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos” (Eqinoccio, 2013) con mi Rosa bella debimos parar de manera constante la lectura para “morirnos de la risa”, el humor ripeante, la ironía que a veces dejaba su vestido de señora seria, la moral que se prostituía tranquila.

El Deivis como quizás le hubiese llamado el gran David Sánchez Juliao, anuncia la muerte de la Seriedad. El secreto de Betancourt, tal vez sea que le quitó sobriedad al lenguaje, le dio trago el muy malvado a las metáforas, a las hipérboles descaradas, a los símiles que se hacen los pendejos, tal vez limó el lenguaje de la esquina, el cotidiano, el de la gente que sostiene la vida y la patria por estas tierras, y lo pulió de tal forma que hizo posible que accediéramos a él sin la vieja prevención de no entender lo que desea comunicar quien escribe.

Por ahí derecho leí “Buenos muchachos” (Universidad de Antioquia 2011), “Una Codorniz para la quinceañera y otros absurdos” (Pulso y letras editores 2014). “Ataque de Risa” (2016) que insólitamente ganó doble concurso: el de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y el Jorge Gaitán Duran de la Gobernación de Norte de Santander. Los dos premios le fueron entregados en un acto de verdadera justicia literaria. Esa es otra de la buena vibra de David, los concursos no se le resisten, y detrás estoy seguro que no hay componendas, por eso llamó la atención a la creciente ola de lectores del muchacho de Marinilla-Antioquia, un anónimo del Colectivo Jorge García Usta, que circuló en redes sociales, acusándolo de plagiario, de delincuente literario.

La ira les creció cuando en 2016 el concurso de la Cueva de Barranquilla lo anunciara como ganador de la versión 2016. David Betancourt les respondió con altura, una nota que fue publicada en el blog del Periódico El Tiempo, a mí me hubiese gustado que aplicara aquella vieja máxima que dice que, A mucho bagazo, poco caso, pero comprendo que existe un cierto honor en el escritor que aplicó con sobrada razón la ley ética que permite defender a los hijos. El cuento que hizo estallar la envidia de sus nuevos mejores enemigos se titula: “Beber para contarla” y hace parte del libro de cuentos Bebestiario. El cuál leí de un trago, no por fácil, sino por cruel y divertido.

Es un libro realmente equilibrado donde un ingenioso Betancourt remeda obras famosas a través de sus títulos: “Beber para contarla”, “La rebelión de la rasca”, “La toma de la bastilla”, “Toco tu vodka” y “Confieso que he bebido”, éste es mi favorito, aquí a mi entender logra Betancourt la armonía y la sorpresa propicias en cada trazo, al cuento nada le sobra y siento, a momentos, que se hace música. Suerte Deivis, imagino que te guarda literariamente la vida, pero para no salar la vaina, guardo silencio.

 

Uriel Cassiani

@CassianiUriel 

Garras de leopardo
Uriel Cassiani

Poeta y escritor, gestor cultural, activista social y humano de las comunidades afros. Representante Legal de la Corporación Socio Cultural de Afrodescendientes Ataole, que agencia proyectos pedagógicos, culturales, artísticos y productivos en el Caribe Colombiano. Cofundador del Taller literario Mundo Alterno (2001), Integrante de los talleres de poesía Luis Carlos López (2001) y Siembra (2002).

En 2010 publicó Ceremonias para criaturas de Agua Dulce. En 2011 publicó el poemario Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras. Editorial Pluma de Mompox. Entre sus trabajos inéditos están los libros: Dosis personal (Poesía) Música para bandidos (Novela) Las fugas probadas de la memoria (Cuentos). Un Brebaje para Orika (Novela).

[Leer columna]

Artículos relacionados

Finalistas del Primer Premio de Crónica Ciudad de Valledupar 2012
Finalistas del Primer Premio de Crónica Ciudad de Valledupar 2012
Hace poco más de dos meses –el 2 de marzo–,  anunciábamos la apertura del Primer...
¿Para qué tantas bibliotecas en una sociedad que lee tan poco?
¿Para qué tantas bibliotecas en una sociedad que lee tan poco?
En cifras, el Cesar, departamento con 25 municipios, cuenta con 29 bibliotecas, una...
Literatura para bailadores
Literatura para bailadores
Hace algunos unos días asistí a una conferencia sobre gastronomía, y cuando el...
Las últimas palabras de escritores famosos: ¿mito o realidad?
Las últimas palabras de escritores famosos: ¿mito o realidad?
Me encantan las redes sociales porque, de repente, se ha puesto de moda citar a todos...
El poeta Oscar Delgado y los Atuesta
El poeta Oscar Delgado y los Atuesta
En Santa Ana (Magdalena), tierra del poeta Oscar Delgado, “las calles van y vienen sin...
.::21 de Mayo: Día nacional de afrocolombianidad::.
.::Grupo Bahía - Te Vengo a Cantar::.