Viernes, 26 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Si se buscan resultados inmediatos o tangibles, es posible que la respuesta sea “para nada”. Si se analiza el interrogante a la luz de las grandes devastaciones medioambientales que enfrenta el planeta y la apremiante necesidad de una actuación colectiva en favor de detener la debacle, se podría esperar la respuesta “sirvió de mucho”.

“¿De qué le puede servir a un planeta tan inmenso que yo apague las luces, aparatos y dispositivos de mi casa por una hora, cuando el daño data de tantos años y somos más de siete mil millones de personas en el mundo?”.

Resolver este interrogante ha sido el argumento más contundente para que esta iniciativa haya ganado tantos participantes en diez años que tiene de estarse llevando a cabo.  De igual manera, no entenderlo, ha sido el óbice para que las personas se unan a una actividad aparentemente tan simple e inútil como una hora de penumbra.

Solo basta echar un vistazo a las disímiles posiciones que se divulgaron a través de diversos medios de información la semana pasada, ad portas de una nueva de estas jornadas. En Valledupar, capital del Cesar, por ejemplo, donde se promovió la participación en la Hora del Planeta desde entidades públicas y privadas, así como desde colectivos e impulsos particulares.

No obstante, no faltó quien dijera que no iba “a apagar ninguna luz porque después Electricaribe no le iba a hacer el descuento en la factura, porque siempre es lo mismo, que menos mal que la intervinieron”; otros le endilgaban la responsabilidades de cuidar el Medio Ambiente a los mandatarios locales y hasta preguntaban si “¿acaso el alcalde Tuto Uhía nos va a garantizar la seguridad en esa hora de oscuridad, con el mundo de delincuentes que andan al acecho?”, como si los apagones –intempestivos- no fueran tan comunes en ciudad; incluso, se llegó a decir que una hora no servía para nada, cuando el daño era tan grande.

Lo cierto es que desde esas posiciones se antoja inútil una iniciativa con una connotación tan simbólica que involucra la toma de conciencia y la decisión personal a ser parte del cambio, pues más allá de qué tanta energía pueda ahorrarse en esos 60 minutos de apagón, que visto a nivel global suma mucho, lo que busca esta campaña es que la población mundial piense un poco en el daño que el uso innecesario de energía le está causando al medio ambiente, y –de paso- demostrar que es posible disminuir el uso de energías no renovables.

A este propósito se han sumado millones de personas, empresas y movimientos, registrándose una participación que superó las siete mil ciudades en 184 países y territorios, el pasado sábado cuando el mundo cumplió la cita, que nació hace diez años en Sidney (Australia), como resultado de lo que Andy Ridley, del Fondo Mundial para la Naturaleza[i], creador de la iniciativa, llama una frustración: “Nos dimos cuenta de que la gente era consciente de los desafíos medioambientales, pero no se movilizaba. En aquella época, en 2006, 2007, vivía en Australia y los políticos se quejaban de que la gente no estaba lo suficientemente implicada por lo que la Hora del Planeta nació como una idea para movilizar a los ciudadanos”.

Hoy es una movilización masiva alrededor del mundo, en la que –por supuesto- participa Colombia, con registros de actividades este año con ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Montería, Ibagué, Mocoa, Bucaramanga y Valledupar,  donde se sincronizó esta hora ‘sin luz’ con un ciclopaseo nocturno al que llamaron ‘Móntate en el cambio’, promovido desde la Oficina Asesora de Planeación Municipal.

El éxito de la convocatoria es atribuida a la convergencia de varios factores: “somos la primera generación que está conectada globalmente entre sí”, “somos la generación que tiene unas preocupaciones medioambientales, que también son compartidas globalmente”, precisa Ridley y añade otros aspectos la decisión de promover la hora del planeta desde un mensaje positivo, fijándose en las ventajas y no en las desastres, además de la conciencia de la gente y las herramientas tecnológicas que permiten la conexión global.

Juan Carlos del Olmo, secretario General del Fondo Mundial para la Naturaleza, en España, precisa que se han logrado mucho en estos diez años, pero también hace énfasis en que queda mucho por hacer y cita el Acuerdo de París[ii], que procura acciones que amortigüen el aumento de la temperatura media de la Tierra, así como lo indispensable de la voluntad política en favor del cambio. Precisó que más que apagar las luces “de lo que se trata es de dar visibilidad a la necesidad de activarse en favor del clima y del medio ambiente los 365 días de cada año”.

La convocatoria de La Hora del Planeta se suma a muchos otros llamados que se han hecho con miras a detener la afectación ambiental, tanto desde políticas amigables con el medio ambiente como desde acciones personales como apagar la luz, limitar el uso de equipos eléctricos, reducir el consumo de agua, el uso de materiales no biodegradables, entre otros.

Uno de esos llamados los hizo el papa Francisco, quien llamó a crear, desde la educación ambiental, una ‘ciudadanía ecológica’ que no se limite a informar sino que desarrolle hábitos, puesto que “solo a partir del cultivo de sólidas virtudes es posible la donación de sí en un compromiso ecológico. Si una persona, aunque la propia economía le permita consumir y gastar más, habitualmente se abriga un poco en lugar de encender la calefacción, se supone que ha incorporado convicciones y sentimientos favorables al cuidado del ambiente”.

Así las cosas, la invitación es entonces a “asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias”, puntualizó el Papa.

Todo esto, para decir que, aunque La Hora del Planeta sea una convocatoria de un día, su trasfondo es una invitación a cambiar los hábitos lesivos con el medio ambiente por comportamientos que sumen en la tarea de conservación de lo que queda y restauración de lo que sea posible restaurar.

“No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente. Además, el desarrollo de estos comportamientos nos devuelve el sentimiento de la propia dignidad, nos lleva a una mayor profundidad vital, nos permite experimentar que vale la pena pasar por este mundo”, dice Francisco.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya



[i] Fondo Mundial para la Naturaleza o World Wildlife Fund – WWF (en inglés) es considerada la mayor organización conservacionista independiente en el mundo, la cual tiene como objetivo misional detener la degradación del ambiente natural del planeta y generar las condiciones para que los seres humanos puedan vivir en armonía con la naturaleza, mediante acciones como la conservando la diversidad biológica del mundo, la garantía del uso sostenible de los recursos naturales renovables y la promoción de la reducción de la contaminación y del consumo desmedido.

[ii] El Acuerdo de París es un pacto establecido en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, por 195 países, mediante el cual se establecen medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento Global. 

 

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