Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

 

La Historia de la Literatura comienza desde el mismo momento en que la raza humana es capaz de procesar una información y transmitirla a través del lenguaje. Los pueblos mal llamados primitivos comienzan a observar una serie de fenómenos naturales, como  puede ser una tormenta de nieve o una sequía, el nacimiento de un nuevo integrante de la comunidad o la muerte de alguno de ellos, una enfermedad, o un rayo que parte un árbol consumiéndose rápidamente a causa del fuego que se propaga…

El hombre comienza a establecer relaciones entre los fenómenos y a buscar explicaciones sobre los mismos. Es el inicio de lo que hoy conocemos como mitos. Estos primeros esbozos de comprensión y aprehensión del mundo que lo circunda evolucionarán hasta convertirse en mitos cosmogónicos. Paralelo a toda esta construcción de un pensamiento mítico surge otra forma de relato: el pictórico.

El artista del paleolítico utiliza la representación plástica -pintura y escultura- como un medio de dominar la realidad. Representando un bisonte puede obtener su fuerza, pero también puede lograr una buena cacería. El pensamiento mítico y su representación oral o plástica, coadyuva a la unión y permanencia del grupo. El artista y el contador de historias pronto adquieren características cuasi sagradas, por lo que pronto son equiparados a sacerdotes o chamanes. El artista jugó desde la antigüedad un rol decisivo en su comunidad. Si la caza, y posteriormente la agricultura, habían sido malas, el chamán narraba los mitos cosmogónicos relacionados con el problema a resolver. De esta forma se estaba buscando una solución, a todas luces mágica.

Los mitos cosmogónicos siempre relatan los orígenes de la vida, de los elementos naturales, y su recreación permanente asegura el tiempo primordial necesario para la preservación de la vida, de la especie, del mundo. Pero también regenera el tiempo, lo purifica. Y por extraño que nos parezca a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, cuando hemos logrado llegar a la luna, cuando estamos conectados a los más lejanos y disímiles lugares del planeta vía satelital, cuando el computador e Internet juegan un papel decisivo en nuestras vidas, cuando diariamente nos paramos frente a un público de estudiantes para  reflexionar con ellos, o para contribuir en algo a su proceso de formación, nosotros aún seguimos ligados a esa regeneración del tiempo; es más,  la conmemoramos todos los años con la llegada del año nuevo. Y de una u otra forma, la recordamos a diario cuando utilizamos la palabra cronología. Y es que no se debe olvidar que Cronos es el dios del tiempo. El mito cosmogónico está íntimamente ligado al tiempo circular o tiempo sagrado o tiempo primigenio; es decir al tiempo de los dioses. Los mitos son entonces las primeras expresiones literarias producidas por la especie humana. Los mitos pronto dieron origen a las leyendas y cuentos. Pero,  ¿Cuál es la diferencia entre estos tres géneros? 

El mito siempre se refiere a un tiempo y a un personaje sagrado, es atemporal y verdadero, es un modelo ejemplar. Se refiere a la creación y sus personajes pueden ser dioses con apariencia humana o animal, pero pueden también representar elementos naturales como el rayo o el viento. Al ser ejemplar es normativo, y sirve para mantener la cohesión grupal, por lo tanto no puede transgredirse, ni olvidarse, ni ignorarse. El mito está presente en todas las actividades humanas. Por su parte la leyenda puede también referirse a un tiempo primigenio, pero también puede referirse a un tiempo histórico, y sus personajes son héroes, personajes que por alguna razón se han destacado dentro de su pueblo: un buen cazador, o que ha salvado a su pueblo de morir de hambre… que a su vez se convierten rápidamente en semidioses o dioses, son lo seres tutelares de la comunidad. No necesariamente los héroes tienen que haber sido seres de carne y hueso, pueden ser también de origen mítico; es por ello que las leyendas pueden ser sagradas o profanas. Los cuentos, en cambio, son los märchen, su función es la de divertir y pueden ser contados sin seguir un rito especial. En las comunidades amazónicas los mitos sólo se transfieren de hombres a niños, los cuentos se narran a toda la comunidad.

La característica de los mitos, leyendas y cuentos está basada en la oralidad. Este aspecto solemos olvidarlo muy a menudo cuando consideramos que la literatura sólo existe a través de la palabra impresa. Por lo tanto estamos borrando de un solo plumazo miles de años de historia del ser humano. Semejante olvido nos llevaría a borrar también La Ilíada y La Odisea, pero antes de estos cantos, estaríamos ignorando el período védico, cuyas producciones literarias se remontan a 2500 a de C, y donde se encuentran las bases de la cultura occidental.

Tras el período védico surgen los cantos épicos del Mahabharatay delRamayana. El Mahabharata, en su versión definitiva, es considerado como la obra literaria más extensa jamás producida por el hombre, pues se compone de 20000 versos.

Pero no solamente tenemos como ejemplo los libros sagrados de la cultura del Indostán. La tradición hebrea nos legó La Biblia. Y según Georges Frazer, en su magnífico libro El Folklore en La Biblia, nos relata como todos los acontecimientos que se describen en el Antiguo Testamento corresponden a antiguos mitos y leyendas de diversas culturas asiáticas.

Pero volvamos a La Ilíada y La Odisea, son cantos épicos atribuidos a Homero. En sus inicios estos cantos eran acompañados de música. Y el mismo Homero fue un rapsoda que iba de pueblo en pueblo cantando sus poemas en las casas de los hombres adinerados de su época. Esta costumbre ha pasado incluso a nuestros días; en pueblos como el bosnio se han encontrado juglares que aún recitan grandes poemas, estos sobrevivientes de los juglares del Medioevo poseen una memoria a toda prueba. Pero, ¿cuál ha sido el papel del poeta a través de los tiempos?:

 “Por lo general el poeta en Occidente ha sido considerado como un paria de la sociedad, como un mendigo que vaga de pueblo en pueblo en busca de su subsistencia, al menos esa era la visión que se tenía en la antigua Grecia”. Según Hermann Fränkel:

“El cantor iba de lugar en lugar. Acudía a muchas puertas extrañas sin saber si se le abrirían. Si era admitido, probablemente permanecería en el umbral, en el lugar de los mendigos, esperando la invitación para sentarse en el salón. Así vemos largo tiempo la mesa de sesiones del palacio real de Itaca por los ojos de Ulises y desde la perspectiva del umbral. En gratitud por la hospitalidad, el cantor debía plegarse a cualquier indicación del amo y sus huéspedes para divertir a los comensales” (Poesía y Filosofía de la Grecia Arcaica. Impreso en España-Gráficas Rógar. Fuenlabrada, Madrid, 1993. Pág. 29).

Sin embargo, el poeta o cantor, como es lógico suponerlo, debía sentirse bastante vejado, puesto que estaba consciente de su superioridad intelectual frente al rey que lo acogía en su palacio. Al igual que Ulises, eran viajeros que habían recorrido el mundo conocido hasta entonces, habiendo aprendido otras formas de pensar y de ver la realidad. Para asegurar su sustento, al menos durante unos días, era necesario que el interés de la audiencia por el tema que estaba siendo cantado no decayera, de lo contrario el poeta debía alejarse del lugar y buscar otro sitio donde ser acogido. De ahí la enorme extensión de los cantos épicos y la libertad que se tenía para alterar el texto, sobre todo en la épica no escrita: interpolaciones, olvidos aparentes o recreaciones del texto anterior.

Hermann Fränkel hace alusión a un investigador bosnio de nombre Murko, quien realizó un trabajo de campo con los cantores de su tierra, habiendo descubierto que estos hombres dominaban en promedio 30 o 40 cantos, en algunos casos hasta 140. Y cada canto podía tener una duración de tres horas, llegando incluso a las 7 y 8 horas, dependiendo hasta qué punto el cantor hubiera logrado captar la atención del público, podía alargar o acortar una recitación. Por lo tanto el material siempre era reinterpretado, nunca era narrado mecánicamente. Según Fränkel los cantores homéricos actuaban de la misma forma.

En la Europa Medieval son los juglares que recorrían los feudos, cantando y contando los últimos sucesos acaecidos en remotas tierras, los que reemplazaron a los antiguos cantores griegos. Al igual que los antiguos griegos, la sociedad medieval miraba con menosprecio la actividad del juglar. Más recientemente, en  el siglo XIX, los poetas fueron considerados “malditos”, como fue el caso de los poetas simbolistas: Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé y Verlaine. O encarcelados como Mallarmé  y Oscar Wilde, quienes fueron condenados al ostracismo social y a la vejación, por salirse de todos los convencionalismos de la época victoriana.

Tanto los cantores griegos como los juglares siempre acompañaban sus narraciones épicas con música”(1).

Y si sobre la existencia real de Homero se presentan diversas dudas e hipótesis, en la Hélade existió otro poeta de quien no cabe la menor duda sobre su existencia verdadera. Su nombre es Hesíodo, y su obra “Teogonía o Genealogía de los dioses”, es un poema de más de mil versos donde el poeta trata de explicar de una forma racional los principales mitos griegos.

Posteriormente surgiría el teatro griego, otra forma más de cohesión del pueblo helénico. El teatro griego tiene sus orígenes en los ditirambos tradicionales; los ditirambos son himnos que contaban  las aventuras de Dionisos (el dios del vino y de la fiesta), y que eran interpretados en las fiestas que cada año se celebraban en su honor. Estos cantos, o ditirambos, rápidamente evolucionaron a cantos de mayor complejidad, por lo que se estableció un diálogo con el corifeo. Estos son los inicios del drama y de la tragedia. Surge entonces Esquilo, y como habían hecho sus antecesores, sus tragedias están inmersas en la fuente inagotable de la mitología griega. El mito es narrado al espectador a lo largo de tres obras perfectamente encadenadas la una con la otra.

El mito le sirve a Esquilo para reflexionar sobre hondos problemas, tanto religiosos como morales. En la tragedia griega el hombre es una marioneta de los dioses, no tiene libre albedrío y el destino juega con él.

El teatro griego tendría grandes exponentes:

1. Sófocles: Su teatro es diferente al de Esquilo. El destino es mirado desde el interior del hombre, no obstante va unido a él, de una manera absoluta. Dentro de sus obras podemos nombrar a Antígona  y Edipo Rey

2. Eurípides: Sus personajes difieren de los personajes de Esquilo y de Sófocles, en cuanto que son más humanos; las pasiones, defectos o enfermedades son representadas casi de forma caricaturesca. 

3. Aristófanes: Contemporáneo de Euripídes, Aristófanes se dedica a la comedia. Su gran aporte a la literatura, y en especial al género teatral, es haber situado al hombre en las mismas calles atenienses, donde circulan día a día diversos personajes, muchos de ellos bastante obscuros. Nos muestra la ambición, la fatuidad, la ignorancia, la maldad o la falsa murmuración. La vida cotidiana se convierte por primera vez en objeto estético, y permite reír, disfrutar… pero también reírse de sí mismo, puesto que la mayoría de  su público eran los mismos personajes sobre los que Aristófanes creaba sus comedias. Se iba a pasar un rato agradable, pero era inevitable no tener la sensación que se estaba frente a un espejo. Sus obras reflejaban el sentir de un pueblo, sus debilidades, sus costumbres, su conducta. Dice en voz alta lo que ningún ateniense osaría decir (aunque se viviese en una democracia). Atacaba a Pericles, al Senado, a la Asamblea, a los Tribunales, a los Magistrados, nadie escapaba a su inteligencia vivaz y aguda.

La tragedia griega pone en evidencia los grandes conflictos humanos, sus grandes pasiones, pero también sus inmensas miserias.

4. Menandro: Con este comediante, el género gana en calidad estética, en mesura. La comedia sufre una transformación radical  puesto que la obra de teatro es más calculada, posee una mayor estructuración, tiene más desarrollo. Sus personajes son abstractos, más bien estereotipados, más genéricos: el avaro, el fanfarrón, el esclavo, el soldado, el joven en busca de fáciles amorío. Su  obra se conoce con el nombre de Comedia Nueva, y sólo se conservan fragmentos. En el año de 1958, gracias al descubrimiento de un antiguo papiro egipcio, se pudo conocer en su totalidad su comedia El Misántropo. La Comedia Nueva sería fundamental para el desarrollo de la Comedia Latina.

Pero la literatura griega también evolucionó a la prosa. Esopo es su más ferviente seguidor. Aunque se le cultiva tardíamente, la prosa responde a búsquedas estéticas bien definidas. Su misión no es sorprender o impresionar a la imaginación sino responder a necesidades intelectuales. Otro género literario cultivado en la época clásica es la oratoria, y Demóstenes sería su máximo exponente. Pero también la investigación tendría una plaza muy importante dentro de la Grecia Antigua, me refiero a la historia, aunque hoy en día la literatura y la historia son disciplinas claramente delimitadas, en su momento no lo eran tanto.  Heródoto, por ejemplo, narra las batallas famosas, como la batalla de Termópilas, pero también narra las costumbres de los pueblos que conoce en sus viajes,  narra también fábulas y leyendas. Otro gran historiador es Tucídides, escribió la  Historia de la Guerra del Peloponeso. Guerra en la que él mismo participó; es un documento de gran valor histórico, máxime que es un relato tomado de su participación in situ.

La literatura Alejandrina

Alejandría tuvo un papel destacado en todo lo concerniente al cultivo de las artes y las letras y a su difusión. Para ello contaba con el Museo y la Biblioteca, ésta última tenía alrededor de un millón de manuscritos que luego desaparecerían en un cruento incendio. Pero no sólo en la ciudad de Alejandría se podía encontrar un centro del conocimiento y del saber cómo era la Biblioteca, también había una en la hermosa ciudad de Efesos (situada en lo que hoy en día conocemos como Turquía).

Apolonio de Rodas: Este gran erudito ha ido a las fuentes de la literatura para conocerlas y saborearlas. Homero era el portavoz de la conciencia de su pueblo, los mitos y leyendas los había escuchado desde siempre y él los canta a su vez. Apolonio de Rodas, es un lector consumado. Su sapiencia proviene de los libros, y en su obra esta característica aparece frecuentemente por las etimologías y descripciones librescas que utiliza permanentemente. En su extenso poema Los Argonautas, desarrolla su gran capacidad lírica e incluso su percepción psicológica.

La literatura latina

El Imperio Romano avasallaría las civilizaciones circundantes: Grecia y Egipto.  No obstante supo entender la gran importancia de estos pueblos. Especialmente el griego, por lo que habría de emularlo en todas sus actividades culturales, incluyendo las religiosas. Roma no fue vencedor sino el vencido, culturalmente hablando. El pueblo latino es un pueblo a todas luces helenizado. Sus autores imitan a los autores griegos, sus escultores imitan a los escultores griegos. Sólo en la pintura y en la arquitectura (de tipo monumental, la cual expresaría sus ansias de dominio y poder absoluto) habrían de ser completamente originales, y por supuesto en la creación del Derecho Romano.

El teatro latino: Si bien el teatro latino continúa la tradición helénica, siendo muchas de sus obras adaptaciones de las obras griegas, en Italia ya existía una antigua tradición teatral que venía de la región de Atella, en Campania. Estas obras se conocen con el nombre de atelanas, y sus personajes eran estereotipados y grotescos: el glotón, el fanfarrón, el jorobado… Las atelanas serán fundamentales para la creación, siglos más tarde de la Commedia dell’arte italiana. Género teatral que tendría gran auge en Europa, sobre todo en Francia.

En la comedia antigua se destaca Tito Macio Plauto.

Plauto: Este comediógrafo era un cómico vagabundo, poseedor de una amplia y sólida cultura. Es una de  las principales figuras de la literatura universal. Su fuente literaria la encuentra en asuntos griegos, pero les imprime su sello personal. Utiliza lo que se conoce como “contaminación”: Parte de la Nueva Comedia griega, pero indagando en las obras de los autores menos conocidos, se sumerge en las costumbres del pueblo romano y hecha mano de las atelanas. El resultado es una obra de gran originalidad, reflejo de su sólida formación teatral. Dentro de sus obras se encuentran, entre otras, Las Tres Monedas, El Mercader, Las Baquis.

Su obra maestra lleva el nombre de Anfitrión, comedia que parte de la mitología, pero desacralizándola, el mito se convierte en farsa y la comicidad lo inunda despojando a sus personajes de su naturaleza divina, ya que ellos se convierten en seres humanos comunes y corrientes. La irreverencia es su nota más característica.

La época de la República

En el siglo I a C aparecen dos figuras relevantes: Lucrecio, Catulo y Cicerón.

Lucrecio: Este excelso poeta estaba aquejado por problemas mentales, y en sus épocas de cordura escribiría De la naturaleza. A su muerte la obra no había sido aún revisada ni corregida, y según parece sería Cicerón quien se daría a la tarea de rescatarlo y pulirlo. Lucrecio considera a la literatura como un recurso engañador, un halago para atraer al lector, y así poder imponerle lo que él desea: sus ideas científicas y filosóficas. Pero el artificio que pudo haber degenerado en una mala literatura dio origen a una pluma  vigorosa y ágil, con una brillante interpretación poética.

Catulo: Su naturaleza libertina marcaría por completo su obra literaria, en ella refleja todos los vicios y pasiones de la sociedad romana. En el fondo su obra no es otra cosa que un diario íntimo de un joven rico y culto, que se lanza al cultivo de las más bajas pasiones y costumbres.

Cicerón: Poseedor de una aguda inteligencia, de una sapiencia a toda prueba, este insigne escritor sigue aún tan vigente como lo era hace 20 siglos. Incursionó en la poesía y en la prosa, también lo hizo en la política y en la filosofía. A él se debe la depuración de la lengua latina, puesto que le imprimió la capacidad de la argumentación filosófica. Sus tratados, como los de Platón, son en forma dialogada, entre ellos se destacan: Las Tusculanas y los breves tratados sobre la Amistad y la Vejez. Su profesión de orador lo llevó a escribir obras de retórica: Del Orador, De la Invención, Brutus. Incursionó también en el género epistolar, y  como su intención era escribir sólo a sus amigos o a su esposa, sus cartas revelan sus más íntimos deseos, sus angustias y sus alegrías, su intimidad carece de maquillaje y nos muestra a un Cicerón limpio, auténtico y humano.

La Época Imperial

Virgilio: Su obra, conocida como Bucólicas, pertenece al género pastoril. Detrás de sus pastores se esconden personajes cultos, que hastiados de la vida desean emigrar a la Arcadia, lugar paradisíaco, donde la disertación filosófica y el gusto por las bellas artes, son el deseo de estas mentes más acuciosas. En Las  Églogas describe un  paisaje irreal, poco o nada tiene que ver con la campiña romana, ni con los campesinos o pastores que él había conocido en su infancia. El lenguaje es artificioso, rebuscado, lejos del lenguaje utilizado comúnmente por los pastores tradicionales; pero impregnado de una alta calidad poética.  

No obstante su gran aporte a la literatura se encuentra en La Eneida, con la cual se vincula a la tradición homérica. En este extenso poema habla del personaje mítico Eneas y del pasado mitológico latino. Esta epopeya muestra a una Roma poética y trascendental, donde su magnífico pasado se une al presente y al futuro. Virgilio es consciente que en su obra desfigura la historia, para darle más importancia al aspecto meramente poético y simbólico de la mitología. Si bien emula a Homero, su obra es ante todo una obra humana, no divina. La Envidia es una obra que exalta el sentimiento patriótico y religioso. 

Horacio: Este gran poeta hace de la cotidianidad un canto, una oda excelsa. Lo cotidiano se convierte en un canto lírico, provisto de la más exquisita belleza. Sus versos han sido considerados como uno de los más hermosos, no sólo de la  literatura latina, sino de todos los tiempos. Después de sus Odas, el poeta retoma un estilo que había cultivado anteriormente: la sátira. Escribe Arte Poética, un texto fundamental para la formación de los escritores; en cuanto que su conocimiento y lectura es fundamental para la comprensión de la mentalidad clásica frente a la literatura.

Ovidio: La sociedad libertina de su época habría de verse reflejada en su obra El Arte de Amar, reflexiones en torno al amor, a la seducción y al erotismo. Este libro habría de ser uno de los pilares de la búsqueda literaria del Medioevo. Autores, como María de Francia, mecenas de Chrétien de Troyes, fue una de sus más insignes admiradoras, habiendo traducido su obra a la lengua que hablaba el vulgo. Esta obra sería fundamental para los siglos venideros, establecería un canon a seguir y una fuente inagotable para pintar las pasiones de hombres y mujeres.

Séneca: Contrariamente a Ovidio, Séneca (nacido en lo que hoy en día es territorio español) se destaca por profesar la virtud y es un estoico consumado. Su elevada actitud moral le valdría un destacado lugar en la Edad Media, donde se le equiparó, incluso, al apóstol Pablo. El cristianismo habría de tener en él a una de sus principales figuras. Séneca, además de la prosa moral, cultivó el género de la tragedia. Sus obras son las únicas que se conservan actualmente. Su estilo era de un realismo desmesurado, realismo que resalta aún más por el lenguaje retórico empleado por sus personajes. Sus obras fueron escritas para ser leídas, no para ser representadas; es muy posible que esta característica sea una de las causas por la cual pudieron haber sido conservadas. Esto, sumado a la reverencia que se le rindió en el Medioevo, siendo traducido por los monjes, en una labor encomiable y definitiva para la preservación de sus manuscritos.

La literatura en el cristianismo

Para el año 313 de nuestra era, el cristianismo ya se había afianzado definitivamente en el pueblo. Constantino lo reconoce oficialmente por Decreto convirtiéndose en la religión oficial del Imperio. Esto suponía un cambio radical en el pensamiento religioso, puesto que hasta ese momento la única religión monoteísta había sido la hebrea. Las religiones antiguas pasan a ser consideradas creencias paganas, pero el latín sería durante muchos siglos la lengua culta. Es decir el latín serviría como vehículo de comunicación entre los pueblos, pero sobre todo sería la lengua que los eruditos emplearían para discernir y escribir; lo cual sería fundamental para la propagación del cristianismo. Las letras van a servir como medio para dar a conocer El Nuevo Testamento, inicialmente escrito en su totalidad en griego, a excepción del Evangelio de San Mateo, cuyo original había sido escrito en arameo, habiéndose perdido posteriormente. Luego reencuentran los Padres Apostólicos, como San Ignacio de Antioquia. La Iglesia Griega contaría con un gran erudito conocido como Clemente de Alejandría, quien tenía una posición adversa frente a los mitos y leyendas, sin embargo los conocía muy  bien e incluso dejaría notas y fragmentos relativos a la literatura que decía no apreciar. La literatura, junto con la pintura y la arquitectura, representa el más valioso de los instrumentos de la obra educativa que comienza a realizar la Iglesia Cristiana. La finalidad de educación moral es el rasgo más relevante de la concepción cristiana del arte y de las letras.

Para el siglo V el cristianismo ya no tenía detractores y su afianzamiento era un hecho consumado; por lo tanto la literatura ya no tenía la necesidad de cumplir con esa función propagandística de los primeros tiempos. Por lo que va adornándose cada vez más, su lenguaje se hace más retórico. Se cultiva el dogmatismo, la moral  y el ascetismo. De las bacanales romanas se había pasado a una época donde el espiritualismo fue la base de toda normatividad. El Medioevo fue una época teocéntrica por excelencia y nada que estuviera por fuera de la nueva religión tenía cabida. Dentro de esta nueva comunidad surge una figura esencial para el cristianismo: San Agustín.

San Agustín: Es considerado como uno de los hombres más importantes que han surgido en toda la historia de la humanidad. Sus obras abarcan todos los problemas de la fe católica y lo convierten en uno de sus principales pensadores. Sus Confesiones no sólo relatan los pensamientos de un alma dolorida sino que están revestidas de un lenguaje altamente poético e inteligente. Su prosa está exenta de vanos orgullos y con mucha frecuencia es bastante coloquial. Característica que dista mucho de los pensadores clásicos quienes encontraban en la retórica una única forma de expresar sus pensamientos. El mismo San Agustín se preguntaba: “¿Qué libro hay de los míos que sea más frecuentemente y con más deleite leído que el de mis Confesiones?” Estas palabras siguen tan vigentes como lo fueron hace más de 1500 años. Por otra parte este santo había conocido y experimentado la vanidad del mundo, hasta el punto de haber tenido una amante por largos años. San Agustín tendrá posteriormente una influencia decisiva en Petrarca y en el Humanismo europeo.

La literatura en el Medioevo

En la Alta Edad Media suceden dos acontecimientos que van a ser definitivos en los siglos venideros. El papel de los monasterios, especialmente los irlandeses, y la política educativa que impone Carlomagno. Los monasterios habían jugado un rol preponderante en la trascripción y traducción de textos antiguos y en el establecimiento de bibliotecas; ya que las bibliotecas antiguas como la de Alejandría y la de Efesos habían desaparecido. Pero sobre este tema hablaré más adelante.

Carlomagno: Ninguna historia de la literatura quedaría completa si no se tuviese en cuenta a este notable rey, que si bien nunca se destacó por tener amplios conocimientos, sí supo entender, en una época donde la educación no tenía aún ningún valor, que la instrucción de sus funcionarios, del clero y del pueblo era de una importancia trascendental si efectivamente quería lograr un cambio radical en las costumbres de la época. Esta sabia decisión tendría unos efectos que aún se sienten en nuestra civilización. Carlomagno crea en su corte de Aquisgrán una academia poética, un taller artístico y reúne a los mejores sabios de la época. Es más, desarrolla un programa cultural propio. Y aunque su política principal es la de formar administrativamente a sus funcionarios, la literatura latina tiene un destacado lugar en cuanto que se le ve como un modelo estilístico a emular. En su Academia se encontraba todo un círculo literario compuesto por eruditos y poetas, quienes llevaban a cabo, con cierta regularidad, sesiones literarias y concursos. Todo el programa cultural de Carlomagno estaba encaminado a dar una nueva  vida a la Antigüedad. El Medioevo no es una continuación de la antigüedad, sino que la redescubre de nuevo. Carlomagno es la prueba fehaciente de ello. Convierte el estudio de la Antigüedad en una experiencia cultural, ya que hace de esta experiencia una conquista cultural, o mejor la recuperación de algo perdido. Con esta experiencia se da inicio al nuevo hombre occidental. Por otra parte, ya en la época carolingia funcionaban los scriptorium, fundamentales para la organización que se haría posteriormente en los monasterios.

Los Monasterios: Una vez desaparecido el Imperio carolingio,  la ciencia, el arte y la literatura ya no serían competencia de las cortes, sino de los monasterios. En sus bibliotecas, talleres y escritorios se realizaba ahora todo el trabajo intelectual y manual de su tiempo. Al respecto Arnold Hauser dice lo siguiente:

“El gran mérito del movimiento monástico consistió en hacer que la producción del arte se realizara dentro del marco de talleres ordenados, con división del trabajo, y dirigidos más o menos racionalmente, y que para este trabajo fueran ganados también miembros de las clases superiores”. (Historia Social de la literatura y del Arte. Arnold Hauser. Edit. Guadarrama. 1er tomo. Pág. 214)

Fue en los monasterios donde Occidente aprende a trabajar metódicamente, con una división clara de los oficios y con las horas claramente delimitadas para ello. Es en los monasterios donde se aprende la valoración del tiempo, donde se aprende a ahorrarlo y a dividirlo; se mide el paso del tiempo con el toque de las campanas. Quienes más se desatacaron por sus bibliotecas y scriptorias fueron los benedictinos. Los scriptorias, de los monasterios benedictinos, eran grandes salas destinadas al trabajo en comunidad. La labor de copistas y miniaturistas estaba delimitada por la competencia de los monjes en estos dos oficios. Los miniaturistas se conocían con el nombre de miniatore, los calígrafos hábiles eran los antiquarii, los ayudantes scriptore y los pintores de iniciales rubricatore. Pero no todos eran monjes, los había también laicos que trabajaban en sus casas  o en los monasterios y a los que se les reconocía un modesto salario. Por otra parte los monasterios se erigieron en verdaderos centros del saber, ya que fueron fundamentales en la arquitectura, en la escultura, en la pintura, en la orfebrería, se tejían tapetes, se hilaba la seda, se hacían cerámicas y se fabricaba el vidrio. Es por ello que al lado de cada gran monasterio se erigía un pequeño poblado. La supervivencia del uno sin el otro hubiese sido a todas luces imposible.

Esta primera parte del trabajo estaría bastante incompleta sino nombrase al menos a los juglares y al rol que jugaron en la transmisión de los Cantares de Gesta. Estos cantares, como su nombre lo indica, surgen de una canción que va siendo reelaborada a medida que va siendo reinterpretada por diversos juglares, hasta convertirse en un poema épico de gran trascendencia literaria. Pero el juglar, fuera de poeta, debe practicar diversos oficios: la danza, la acrobacia, la música, debe ser payaso cuando la ocasión lo requiera, prestidigitador, domador de osos; en otras palabras se convierte en un bufón, en el hazmerreír para toda clase de público. Hauser dice al respecto que es a partir del Medioevo que la figura del poeta nunca más se recuperaría, puesto que durante siglos se le ha equiparado al vago, al charlatán, al mendigo, su figura se le ha situado entre las prostitutas, entre los hombres que están fuera de la ley y del orden. Para ello no es sino pensar en los poetas simbolistas, quienes fueron llamados por la sociedad de su época poetas malditos. Los juglares iban de pueblo en pueblo, de castillo en castillo, labrándose un escaso porvenir; más que porvenir era ganarse el pan de cada día. 

 

Berta Lucía Estrada 

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Fractales
Berta Lucía Estrada

Berta Lucía Estrada Estrada (Manizales). Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua, ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo sobre literatura infantil y juvenil ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.

Premios literarios:

Primer Premio Nacional de Poesía 2011 Meira del Mar, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, con el libro "Endechas del Último Funámbulo", basado en la vida y obra de Malcolm Lowry.
Premio Especial, fuera de concurso, Ediciones Embalaje del Museo Rayo-2010, con el ensayo poético "Náufraga Perpetua".
2o puesto en el Concurso Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos Reyes-2011.
4o lugar en el XXVII Concurso Nacional de Poesía Ediciones Embalaje-Museo Rayo 2011.

Blog El Hilo de Ariadna, en www.elespectador.com
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/
Blog personal: Voces del Silencio:
http://beluesfeminas.blogspot.com
*Correo electrónico: bertalucia@gmail.com

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