Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Popeye durante la marcha contra la corrupción / Foto: Pulzo

 

Esta semana que termina, Colombia la vivió con una intensidad frenética, primero las expectativas levantadas por la llamada “marcha contra la corrupción” y después la dolorosa tragedia que enluta a Colombia por lo sucedido en Mocoa.

Sobre lo primero, los medios escritos, radiales y televisivos hicieron un despliegue propagandístico que hizo que toda Colombia estuviera, casi un mes pendiente del tema, Uribe trinaba, Ordoñez bramaba, Pastrana rebuznaba y algunos especímenes menores, croaban, graznaban, aullaban y vaya uno a saber que otras voces tenían los demás que a lo sumo repetían como loras los trinos, los bramidos y los rebuznos de las especies mayores.

La verdad, maestros en el arte de levantar polvaredas para camuflar sus demoníacas pretensiones, hicieron bien su trabajo, publicistas y estrategas avezados debieron asesorarlos, a lo mejor el venezolano Juan José Rendón con su especialización en propaganda negra o tal vez el brasileiro Duda Mendoca, estarían al frente de la campaña cobrando algunos menudos que sobraron del milloncito de dólares que Odebrechts le dio a Zuluaga.

Pensándolo bien, de pronto los convocantes a la marcha estarían practicando lo aprendido del nazismo sobre estas lides de propaganda negra, la que han degustado leyendo la literatura de la Segunda Guerra Mundial por la que idolatran, siguen y emulan a  Joseph Goebbels o tal vez se hayan acriollado y sigan con nacionalismo patriotero a su Mefistófeles local, José Obdulio Gaviria. En fin, hicieron bien su trabajo, levantaron expectativas, las redes hervían en comentarios ríspidos en favor y en contra, y como siempre, afloró el humor y el sarcasmo y los twiteros, facebuceros y guasaperos se solazaron de lo lindo sacando a flote la causticidad con que se exorcizan nuestras iras reprimidas.

Tal vez (supongo de mala leche), las encuestas contratadas por el Centro Democrático predecían una baja asistencia y alguno de los gurúes de la estrategia o tal vez en junta, decidieron recomendar dar un refuerzo sustancial mostrando algunos de sus prohombres a la sombra, descartaron al exsenador Bula a Jorge Noguera, Salvador Arana y otros oscuros personajes de su colectividad pero ganó el sicario de Pablo Escobar, el tristemente célebre Popeye; estudiada su hoja de vida subió puntos sobre los demás, pocos puntos, pero valiosos según la moral de los organizadores, además era fotogénico y se desenvolvía con soltura ante las cámaras.

La propaganda de Popeye copó todos los espacios y ganó adeptos y contradictores, pero primó esa moral elástica de que en la guerra y en el amor todo vale y como estaban con mucho amor de parte de la prolongación de la guerra ese era el escogido y lo escogieron y recibió la bendición de los convocantes, pero como era un plato fuerte, hubo que acompañarlo con un vino suave, por eso vino Pachito Santos y le dio apertura a la aceptación diciendo que podía asistir ya que ese Líder del Centro Democrático, casi héroe según el esquema de ellos, ya había purgado sus culpas ante la justicia y la sociedad. Con esta sentencia de Pachito le dieron carta blanca para participar y opinar, lo cual nutrió el discurso de argumentación sobre la marcha contra la corrupción

Y llegó el día, los marchantes con la camiseta de la selección Colombia como atuendo y unas pancartas embadurnadas de odio y resentimiento mostraron lo que venía, el vestuario oficial no eran las camisetas, ni las gorras, no los sombreros aguadeños que en la costa simbolizan al paramilitarismo, el vestido oficial era el odio, la violencia verbal, la ira enconada en unos corazones indolentes. El discurso era la ofensa, la diatriba. La consigna era contra Santos y el proceso de paz.

Afortunadamente las expectativas fueron mayores que la asistencia, pues los ricos en Colombia son una minoría, y como tal asistieron y tuvieron que llenar a calzas prietas ese vacío inmenso que hizo el pueblo honesto, y lo llenaron con personajes que no sabían ni por qué marchaban, lo único que sabían era que les costeaban transportes y tamales y que, además, les quedaba algo para solventar la miserable vida de pobres que arrastran en los barrios marginales de las grandes ciudades. La marcha, a pesar del despliegue publicitario, con Popeye y demás sicarios y corruptos fue un verdadero fiasco.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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