Lunes, 20 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Aunque reconozco que en  materia de bebidas, y particularmente del whisky, es mucho lo que se habla y se especula, sobre todo, porque la mayoría de las personas, inclusive los bebedores más avezados, ignoran cuál es el ritual o, más bien, el protocolo que se debe cumplir al degustar un buen trago escocés, existen algunos whiskies que en el transcurso de la historia se han ido jerarquizando como los más apetecidos por los grandes catadores, y también por aquellas personas aficionadas a la vida sibarita, que, desde luego, son amantes de la buena mesa y de la buena bebida.

Las razones de estas preferencias obedecen a la textura que estos licores presentan, en los cuales se magnifica el colorido, el aroma y, en especial, el sabor, virtud que constituye el misterio particular de la marca, y es el encargado de deleitar el espíritu y embrujar el paladar de los tomadores.

Las investigaciones al respecto nos informan que existen actualmente en el mundo más de doscientas marcas de whiskies, incluyendo los originarios de Escocia, que es el fabricante por excelencia, y los provenientes de otros países aficionados a su producción. Y todos ellos los encontramos certificados en las diferentes etapas que intervienen en su proceso de cualificación: de seis, doce, dieciocho, y veinticuatro años de envejecimiento, es decir, en una escala  sumativa de seis años.

Existen algunas excepciones como el renombrado y apetecido Sello Azul, de la tradicional casa escocesa Johnnie Walker, cuyo proceso de fabricación se remonta  al medio siglo de añejamiento. Como vemos, toda una inmensa variedad de sellos distintivos para circular por el mundo entero, y con ello surtir y satisfacer los gustos de la bebida universal.

Y, precisamente, en lo relativo al período de envejecimiento es donde la mayoría de las personas sufren la más crasa equivocación. Son muchos los que  creen que un whisky se añeja o envejece más porque tenga varios años de estar guardado en un baúl, exhibido en un armario o en una vitrina. Desconocen que la etapa de añejamiento sólo se cumple en los barriles subterráneos que poseen las casas o familias productoras, los cuales son construidos con una madera especial, cultivada en terrenos fertilizados para tal fin.

Este es el mismo proceso que se cumple en la fabricación de los rones. Por eso vemos que actualmente el Ron Medellín y el Ron viejo de Caldas, dos de los más apetecidos en Colombia, para satisfacer el gusto de los bebedores, están ofreciendo  producciones seriadas: de tres, seis, ocho, diez, doce y dieciocho años de envejecimiento.

Como un caso distintivo, en esta abundante variedad de sabores, de olores y de añejamientos, la  mencionada casa Johnnie Walker, fundada en 1820, hace casi doscientos años, ha utilizado  la gama de colores para clasificar sus producciones: sello rojo, sello negro, sello verde, sello dorado y sello azul, los cuales presentan la escala ascendente del envejecimiento. No obstante, en esta reconocida serie, que  circula por el mundo entero,  el Sello Negro se ha erigido como uno de los whiskies más apetecido y preferido por los grandes personajes  de la historia. Su color ambarino con ligeros destellos vidriosos, su olor aromático a manzana perfumada que se esparce en el ambiente y el deleitoso sabor añejado que se impregna suavemente en el paladar y perdura varios segundos, son las virtudes  particulares que lo enaltecen y  marcan su distinción.

Pero es lógico que para apreciar estos destellos característicos, se necesite cumplir fielmente con los requisitos que exigen la degustación de un trago excelente. En primer lugar hay que servirlo en vasos preferiblemente de cristal y  aplicarle los tres cubos reglamentarios de hielo seco. Aunque también, de acuerdo con  las normas escocesas y según los gustos personales, puede ingerirse seco o bautizándolo con un ligero toque de agua purificada. En estos momentos se inician los cuatro pasos que se deben cumplir, universalmente, en la degustación: apreciar el color en el vaso, moviéndolo ligeramente, aspirarlo por unos segundos, ingerirlo con ternura y suavidad y llevarlo felizmente al paladar con el dorso de la lengua. Un ritual que nunca se podría cumplir si lo bebemos en vasos plásticos, de aluminio o desechables, como suelo hacerlo la mayoría de la gente.

En Colombia, por ejemplo, son muchos los intelectuales, de la política, la literatura y la academia, que han sido fieles devotos del Sello Negro y lo han protegido como el trago de sus preferencias. El presidente Alfonso López Pumarejo fue uno de ellos y estilaba beberlo frecuentemente. La noche del 9 de julio de 1944, víspera del  fallido golpe de Estado que quiso darle en Pasto el coronel Diógenes Gil, había ingerido una botella de Sello Negro en un hotel de esa ciudad donde se encontraba hospedado. Y fue también este ilustre personaje quien, tras haber regresado de Europa a comienzos del siglo pasado, impuso la costumbre de beber de pie, con el vaso en la mano y charlando con los amigos, en los elegantes clubes bogotanos. Costumbre que siguieron otros políticos destacados, como Eduardo Santos Montejo, Mariano Ospina Pérez  y Laureano Gómez Castro.

También fue Sello Negro el whisky que el caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán  les brindó a unos pocos invitados en una reunión privada que realizó el 26 de mayo de 1936, día en que contrajo matrimonio con la dama antioqueña Amparo Jaramillo en la catedral de Medellín. Según lo comentaron varios amigos después de su muerte, éste era el trago que más apetecía y solía beber sobriamente en  sus correrías políticas y en Puerto Colombia, lugar que destinaba para disfrutar en vacaciones. Asimismo, este fue el whisky que pidió Luis Carlos Galán en marzo de 1982, cuando anunció su visita a Sincelejo, estando en plena campaña presidencial. Un galanista furibundo, organizó una alcoba para hospedarlo en su casa. Ante la pregunta enviada a los jefes de campaña, sobre cuál era el trago preferido del candidato, la respuesta fue inmediata: sólo bebe Sello Negro.

“Lo primero que hice cuando me dejaron en libertad fue entrar a una cantina y pedir un Sello Negro”, respondió el prestigioso político Alvaro Gómez Hurtado a las preguntas de los periodistas, la noche del 20 de julio de 1988, día en que sus captores del M-19 lo dejaron libre, tras mantenerlo secuestrado durante 53 días. Otra anécdota nos cuenta que los famosos novelistas, el mexicano Juan Rulfo y el uruguayo Juan Carlos Onetti, cada vez que coincidían en algún encuentro de escritores, antes de estar oyendo tanta basura, se iban a una cantina y durante horas enteras consumían varias botellas de Sello Negro, que era el trago preferido de ambos, mirándose las caras y sin cruzar una  sola  palabra. Según mis pesquisas, éste también era whisky preferido de los escritores: Truman Capote,  Ernesto Sábato, Artur Uslar Pietri y el colombiano Alvaro Mutis.

Cuenta el periodista Darío Arizmendi en su libro “Gabo no contado”, publicado por la Editorial Aguilar en agosto de 2014, que  la última entrevista en televisión que le concedió García Marquez se realizó en Cartagena durante el gobierno de Cesar Gaviria. Inicialmente, el escritor había pedido que ésta se hiciera frente al mar, en la Casa de huéspedes de la Presidencia de la República. Ante la imposibilidad de conseguirla, decidieron realizarla en El Cabrero, la histórica mansión de Rafael Núñez. Después de estar instalado todos los equipos y de haber solucionado un  problema imprevisto con la energía eléctrica, el maestro le dijo al periodista: ¿“Tú crees que voy a ser capaz de seguir hablando contigo de todo lo que tenemos que hablar sin tomarme un whisky? “No faltaría más, ¿qué pedimos?”, le respondió Arizmendi.  “Pide un litro de Sello Negro”, le contestó García Márquez.

Como podemos apreciar, el Sello Negro, a pesar de que tiene rivales de la misma talla, e inclusive de mayor añejamiento, se ha mantenido en un estatus de preferencia en muchos lugares del mundo. Era el whisky predilecto de John F. Kennedy, de Winston Churchill y de Aristóteles Onassis, quien lo mantenía por cajas en el yate Cristina. En Colombia también lo deleitaban Luis López de Mesa, Gilberto Alzate Avendaño, Raimundo Emiliani Román y el general Gustavo Rojas Pinilla. Para mí, personalmente, ha sido mi whisky preferido desde que estudiaba en la universidad de Tunja, y aprendí a degustarlo con el profesor Enrique Bravo, un pastuso intelectual que solía invitarme al bar “El rincón de los abuelos”, para consumir una botella de Sello Negro, oyendo los discos del elepé “Julio Iglesias desde México”, que fueron muy escuchados en esos tiempos.

 

Eddie José Daniels García 

 

Reflejos cotidianos
Eddie José Dániels García

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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