Sábado, 23 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

Sara Vanegas Coveña

 

Sara Beatriz Vanegas es una poeta que parece residir entre dos continentes, dos visiones de mundo casi antagónicas: nacida en una familia de escasos recursos económicos, residente en Cuenca (Ecuador), ha pasado parte de su vida estudiando en Alemania, donde fue titulada como Doctora en Filología germánica. Además de poeta, es editora y ha sido considerada como una de las más reconocidas críticas literarias en su país.

“Un poco consciente, he tratado de decir desnudando la palabra, dejándole lo espacial, quitándole mucho adorno, lo que concuerda un poco con mi personalidad”, ha dicho en entrevistas. Su poesía, donde el mar es una exaltación permanente, aborda temas desde cierto dolor innombrable que recorre sus versos.

Entre sus libros de poesía se encuentran Al andar, Más allá del agua y Antología poética, entre otros. Además, dirigió las antologías Poetas de la Mitad del Mundo. Antología de poesía escrita por mujeres ecuatorianas y Diccionario de autores ecuatorianos contemporáneos. Provincias de Loja y Oro.

Su primera lectura formadora fue García Lorca. ¿Qué aprendió del poeta andaluz?

Básicamente, la musicalidad, el ritmo que cautiva.

La brevedad de sus poemas motiva a relacionarlos con otras formas expresivas como el epigrama o, incluso, el aforismo. ¿Qué tanto hay de estas formas en su poesía?

Algo. Me interesa mucho la síntesis, que es, desde luego, lo más parecido al silencio. En esto los japoneses son maestros (haikus).

¿Qué comparaciones de ritmo y exposición de ideas encuentra usted al escribir sus poemas en castellano o en alemán?

De hecho, el ritmo es muy similar, como similares son sus componentes: fonéticos, métricos, estructurales. La lengua alemana es bastante parecida a la castellana, en cuanto a su complejidad y versatilidad: se presta para juegos de ideas y de palabras, así como para exposiciones textuales abreviadas o detalladas...

¿Su actividad profesoral en universidades alemanas de qué manera incidió en su escritura?

Ser docente en Alemania me ayudó a reflexionar profundamente sobre las dos lenguas implicadas (castellano y alemán). Y esa reflexión siempre fue muy provechosa el momento de escribir.

A partir de su conocimiento de la literatura alemana, ¿cuáles serían los grandes poetas en esa lengua y por qué los selecciona?

Hay un gran número de poetas alemanes representativos, como en cualquier literatura, aunque no muy conocidos en el medio latinoamericano. Quizá los más interesantes para mí sean –aparte de Goethe y Schiller– Gottfried Benn, George Trakl, Rainer M. Rilke, Paul Celan, Ingeborg Bachmann, Günter Grass, Hans M. Enzensberger, Nelly Sachs, Hilde Domin, Karl Krolow... digamos que me siento más cerca de su sensibilidad.

Es conocida su labor como antologista, ¿cuál cree que es el principal reto que debe enfrentar alguien que presente una selección literaria? ¿Cómo lo supera usted?

Un gran reto es mantener, en lo posible, una selección objetiva. Que aunque no consten todas las personas que deberían figurar en una antología, al menos quienes sí están allí lo merezcan. No estoy segura de superar siempre ese reto. Ciertas omisiones son más o menos inevitables. No olvidemos que es sencillamente imposible renunciar a nuestra propia subjetividad.

Hay reiteradas referencias al mar en su obra. ¿Qué significa el mar para usted?

Una de las formas más claras de la vida y su diversidad. La invitación perpetua a la vida y a la muerte. A la memoria y al olvido... Pienso que el mar es una de las criaturas más completas.

En su poesía abundan alusiones a la nostalgia y a la desazón. ¿Cómo explica usted ese acento existencial de buena parte de su obra?

La poesía es siempre autobiográfica – quizá más que otras obras artísticas–. En ella volcamos nuestra Weltanshauung (para usar un término alemán muy conocido), nuestros deseos, nuestros avatares y esperanzas. Creo que nuestra existencia es, en buena parte, nostalgia de lo que no fue, de lo que puede ser, nostalgia de algo diferente, más espiritual o mágico. De lo imposible –que es lo que nos mueve–.

En su poemario al Al andar incluye al final varias preguntas dirigidas a jóvenes estudiantes. ¿Cómo ha usado la poesía en el papel de herramienta didáctica?

La poesía es capaz de despertar en los estudiantes la curiosidad, la emoción estética. Y no solo en clases de literatura. Porque, como sabemos, la poesía es omnipresente. Ayudar a descubrirla y vivirla es, sin duda, uno de los objetivos más humanos y placenteros en la educación.

 

Antonio Molina

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