Sábado, 23 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

El Papa Francisco en Valledupar

 

Llegó el Papa Francisco, los medios de comunicación han saturado a los colombianos con noticias baladíes, contando minuto a minuto el tiempo que transcurría desde el anuncio hasta su arribo a Colombia, los preparativos, entrevistas a periodistas que le iban a acompañar, la aerolínea que le transportaría de Roma a Colombia, la que les transportaría dentro del territorio colombiano, la tripulación de las aeronaves que le llevarían por los aires, el concurso de canciones que escogería los cantos que le cantarían, las calles y puentes que cerrarían, el esquema de seguridad, en fin una serie de información vacua con que sobresaturaron a la gente del común, distrayéndolo y tratando de que borraran de sus cabezas acontecimientos como el cese de fuego con el ELN, el escándalo de Odebrecht, el ñoñato, el bulato, el fiscalato y una serie de atos que tenían a esta Colombia aturdida.

Lo lograron, nadie recuerda a Venezuela ni su presidente Maduro, la xenofobia impulsada sutilmente por los noticieros de Tv contra los venezolanos que dizque le quitaban el trabajo a los colombianos en los Santanderes, nadie recuerda cuáles fueron los representantes y senadores mencionados en el escándalo de La Ruta del Sol, mucho menos recuerdan al Fiscal Anticorrupción y su telaraña de sobornos, nadie menciona a los Magistrados involucrados en los casos de cobros por favores judiciales. Nadie recuerda nada, El Papa lo llena todo.

El senador Uribe, que siempre está en la jugada y maestro del oportunismo calculado, lanzó su estrategia para subir su malogrado rating: primero pide una audiencia ante el obispo de Roma que le fue negada (el Papa conoce sus artimañas), y sin rendirse, le manda una misiva que en el fondo es una diatriba contra nuestro país, pero tampoco surte el efecto deseado. Al contrario, en las redes y los medios, políticos e internautas se van lanza en ristre contra la decadente figura del expresidente y le dan una tunda de padre y señor mío.

Uribe no tuvo otra alternativa que, al igual que el ciudadano de a pie, pararse al lado de la calzada, como los demás mortales, ver pasar en forma fugaz la caravana papal y la augusta figura de Francisco entronizado en la carroza motorizada, donde raudo le llevaban ante los gritos jubilosos de los humildes colombianos. En esa fotografía de un Uribe de a pie, parado a la vera del camino, mirando la caravana papal, sentí algo de lástima, lo vi distante, apocado, cargando sus propias miserias. Tal vez sintiendo la orfandad del poder, sintiendo en carne propia lo que todo caudillo, dictador y mandarín sienten cuando le llega el ocaso de su esplendor. En el rostro adusto del senador vi reflejada la nostalgia de esa época pasada, donde era el sol de sus adeptos, pero que ahora en este eclipse parcial camino a la totalidad se opaca ante el brillo de una nueva realidad: La paz, y se oscurece ante los nuevos acontecimientos de alegría y ausencia de guerra.

Lo del senador contrastaba con la felicidad desbordada de la gente del común que vitoreaba a Su Santidad Francisco, el pueblo mostraba una alegría sincera, manifestada en cánticos y consignas simples pero dicientes de una realidad nueva, donde por fin comienza el pueblo a alejarse de la cultura de la muerte, de la guerra y la expoliación. Ante la fotografía sentí que había, por fin, una nueva realidad, la de la paz, que merece ser vivida a plenitud. Se respiran unos aires de paz, se siente que vivimos en una patria nueva, en una Colombia que trata de abandonar el rumbo perverso de una guerra fratricida que desgarró e hizo girones nuestra Patria.

El Papa Francisco, como todos los Papas, utilizando esa forma de hablar característica de los grandes hombres de la iglesia, se dirigió a los jóvenes y asistentes que le daban la bienvenida, yo esperaba unas palabras preparadas, nunca esperé la simpleza aparente de sus palabras, por eso me sorprendió cuando dijo: “¡No se dejen engañar! ¡No permitan que nadie les robe la sonrisa! ¡No permitan que nadie les robe la alegría!”.

Estas palabras simples, sencillas, dichas en el contexto histórico del pueblo colombiano, cobran una profundidad inusitada. No sé, me vino a la cabeza un cúmulo de sensaciones y sentí que en la sencillez se encerraba el mensaje más directo, algo así como rompan con el pasado, no sigan a los pregoneros de la muerte, encausen su rumbo por la paz, pues la paz es alegría, la paz es la sonrisa que muestra el pueblo colombiano en estos momentos, y, que hay agazapados y directos aquellos que por política nos quieren engañar, robándonos la sonrisa y la alegría  ¡No podemos dejar que nos la arrebaten de nuevo!

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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