Sábado, 24 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Silvestre Dangond / Foto: CoveraliaLa música vallenata tiene sus aires y sus tendencias, sus mitos y leyendas, y gran parte de su éxito se estriba de los grupos de apoyo –o seguidores– que se identifican con los cantantes más notorios del panorama musical y aportan vida al folclor.

Se ha convertido en una costumbre definirse como Diomedista o Silvestrista. Esas denominaciones apasionadas que reflejan admiración y deseo de pertenecer a un grupo se han apoderado de los perfiles en las cuentas de Twitter y se escuchan a menudo en la televisión o en la radio.

Decir que uno es silvestrista o martinista es tan natural como apoyar el Junior o decir que uno es vegetariano. Puede ser una faceta importante de una persona y, por ese motivo, hemos querido ver lo que opinan algunos jóvenes acerca de este término. ¿Qué significa para ellos ser silvestrista?

En un principio, nos hemos interesado por los seguidores de Silvestre Dangond y hemos recibido respuestas que enfatizan la libertad de expresión y un estilo de vida despreocupado.

Rafa, un joven vallenato de 19 años, considera que ser silvestrista significa, antes de todo, ser amante del folclor y amar la fiesta. “El que sigue a Silvestre es porque le gusta decir las cosas como son y disfrutar de cada instante”, explica antes de señalar otro detalle relevante: “El silvestrista no se pierde una ocasión de sorprender y sonreír”.

Por su lado, Mary Carmen, una estudiante de 21 años, sostiene que no hay que crear más etiquetas de las que existen. “El que se dice silvestrista es porque le gustan los temas de Silvestre pero tampoco quiere decir que se la pase sólo pensando en Silvestre”.

Ricardo Andrés considera que existe un claro vínculo entre ser silvestrista y proyectar una imagen joven y hedonista. Este joven guajiro de 24 años, residente en Valledupar, cita como ejemplo el eslogan del último lanzamiento de Silvestre: “Silvestrista… ¿y qué?” para subrayar el inconformismo que predomina en el pensamiento silvestrista.

“El que sigue a Silvestre es una persona que quiere romper los esquemas –comenta–. Quiere superarse y marcar la diferencia. ¡Por eso, Silvestre está donde está!”.

Rosa, una estudiante de la UPC de 20 años, también comparte esta idea de superación y distinción. “Los silvestristas se caracterizan por ser muy echao pa´ lante –expresa sonriendo–. Son atrevidos y no le temen al qué-dirán”.

Estas impresiones contrastan notablemente con los jóvenes que vienen a continuación. Más críticos, ellos perciben el silvestrismo como una señal de arrogancia.

Por ejemplo, Julia asocia ese concepto con “la bulla innecesaria”. Dice que los silvestristas tienen fama de ser irrespetuosos y de “armar peleas” en todos los conciertos adonde van. Ella prefiere el vallenato cristiano y dice que le gustan los cantantes con un perfil más bajo.

Por su lado, Yessica sostiene que le gusta Silvestre pero que no le gusta decirse silvestrista porque suena demasiado radical. A ella le gusta el vallenato romántico y, después de haber sido una gran fan de Kale Morales, ahora reconoce escuchar a Nelsón Velázquez, Jean Carlos Centeno e Iván Villazón.

Finalmente, Luis Carlos explica que el silvestrismo se centra en unos valores de cambio y rebeldía, y que él se define como más tradicionalista. Le encantan los cantantes y compositores que mantienen la esencia del vallenato. Cuando le decimos que Silvestre también contribuye a que el vallenato sea conocido a nivel internacional, Luis Carlos alza los hombros con ironía y sonríe. Su silencio evidencia su oposición a nuestra tesis.

Ante un escenario tan divido, las conclusiones son personales, pero podemos concluir que Silvestre Dangond no deja a nadie indiferente y que, por ese motivo, ser silvestrista consiste justamente en eso: en no pasar desapercibido.

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