Sábado, 20 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

Siempre que vuelvo a encontrarme con una película de Disney pienso en mi infancia, en las horas que dedicaba a la tele y a los personajes más afables de la historia.

Disney ha descubierto ahora un modo sutil de rentabilizar su viejo catálogo y atraer más gente a sus estrenos. Con la 3D puede actualizar sus películas sin demasiado esfuerzo, darles un poco de volumen, un poco de color, y sobre todo, captar la mirada de los nostálgicos (y ya crecidos seguidores).

Es cierto que una película bien hecha resiste a todo, incluso al paso del tiempo. Pasa como con los libros. Con cada edición, se acerca un nuevo público, nuevas generaciones, que se dejan conquistar por el simple hecho de tener una nueva presentación.

Desde esta semana, se puede ver en los cines de Colombia la película “La Bella y la Bestia”: una película que no sólo fue un gran éxito para Disney en su momento sino que dio forma definitiva y perfecta (junto con la Sirenita) a un modelo de producción de gran eficacia para la compañía en los años 90.

La Bella y la Bestia fue nominada al Oscar como mejor película antes de que la animación tuviera una categoría separada. Pero también ganó el Globo de Oro como mejor película musical o comedia.

Si hemos de mirar la trayectoria de la película original, no cabe duda de que fue un éxito cinematográfico y comercial. El fenómeno marcó a varias generaciones de espectadores que hoy siguen recordándola como una de las mejores.

Sin embargo, las preguntas que vale preguntarse aquí son las siguientes: ¿Hay suficientes argumentos para convertir La Bella y la Bestia en una nueva película en 3 dimensiones? ¿Puede La Bella de Walt Disney convertirse en una Bestia para la billetera y la imagen de la compañía?

Mi respuesta es clara y directa: La Bella y la Bestia maneja un lenguaje universal que cautiva de entrada al espectador. Cuando entré en la sala del Cinemark, pensé: “Bueno, creo que me voy a dormir”. Pero finalmente, fue todo lo contrario.

La 3D es sobria y elegante. No destacan demasiado los objetos del decorado ni tampoco los personajes. Pero la impresión de que estamos ante un producto con nueva apariencia es inevitable. Los colores son llamativos y, como siempre suele ocurrir, el ambiente extraordinario de Walt Disney vuelve a reivindicarse.

Al volver a ver la Bella y la Bestia, sentí que la historia me atrapaba con fuerza pero de una manera distinta a la que experimenté siendo niña y esa es la fuerza de Walt Disney: hacer que una película atraviese los tiempos sin nunca perder un ápice de su interés y adaptándose a las edades de los espectadores.

Cada uno sentirá algo diferente con esta película, es cierto, pero yo no puedo evitar de recomendarla a todos. Para mí es la mejor película de todas las que aparecen en la cartelera actualmente.

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