Viernes, 28 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

Poncho Cotes Jr. La franqueza y la espontaneidad son dos elementos que lo caracterizan. En su asiento aterciopelado, Poncho Cotes Junior escucha la lectura de su biografía con atención antes de aclarar ciertos puntos relevantes de esta tertulia.

“¡Yo le huyo a este tipo de eventos por cuestiones de temperamento! –manifiesta Poncho después de un leve carraspeo–. Siempre trato de evitar este tipo de encuentros. Y bueno, debo felicitar a la Biblioteca por tenerme aquí…”

Desde el inicio del conversatorio dirigido por Luz Elena Sierra, el compositor expone su lado más sincero. Los encuentros públicos le incomodan por esa tendencia a decir las cosas como son.

Poncho se define como una persona extrovertida y sin pelos en la lengua. “Yo tengo que hablar así –expresa–. Si me pongo a refinarme, la cago. Yo soy original. Soy muy frentero y, por eso, pierdo muchos contactos con la gente”.

El ganador de 4 concursos de Rey de Cunas y de un concurso de canción inédita en Valledupar, empezó a cantar a los quince años y, debido a una huelga que afectó seriamente la región, tuvo que irse con su padre a Bogotá en el año 1971.

Allí, en 1973, empezó a componer un tema famoso: La Parranda y la mujer, que le valió un reconocimiento a nivel nacional. “Fue la primera canción que me grabaron Emilianito Zuleta y Jorge Oñate en el año 75”, comenta Poncho.

De esta manera empezó su camino por el azaroso mundo de la música y, poco a poco, lanzándose en composiciones tan pasionales como impulsivas, fue constituyendo un catálogo de más de cien canciones grabadas.

Estudió contaduría, pero la música se esbozó como una clara vocación. En los momentos libres, no perdía la ocasión de hilvanar unos versos que le salían de manera natural fijándose en un detalle tan pequeño como genial.

Una de sus anécdotas tiene que ver con su tema “Yo soy tu negro”. Poncho lo compuso estando en casa de su tía. “Me puse a escribir una canción, me paré para preparar un sándwich y me dio por gritar: ¡Yo soy tu negro! –expresa el compositor–. Entonces, en cinco minutos me salió la canción”.

Así es Poncho Cotes de sorpresivo. Fijándose en un leve detalle y aprovechando un instante de inspiración, es capaz de armar una canción con alma y ritmo. El verbo y la composición fluyen por sus venas y, además, no teme exponer el orgullo que siente con cada nueva creación. “¡Fue una composición genial!”, expresa con una leve sonrisa.

Cuando le preguntan si es posible vivir del oficio de compositor, Poncho se muestra tajante. “Ni hoy ni antes se puede vivir de este oficio –responde con soberbia–. Hay unos cuantos que ganan mucha plata con esto, pero el resto nada”.

Según él, el panorama no ayuda. La piratería masiva de los discos y la emergencia de Internet han supuesto el fin de un negocio renqueante y siempre provechoso para los productores discográficos. “Los discos se lo roban un mes antes de que salga el cd por la piratería”, expresa.

Ante el recuerdo de su obra y la mirada curiosa del público, Poncho no se arrepiente de nada de lo que ha compuesto. Todo le ha servido para consolidar esa trayectoria flamante y hacerse un espacio entre los grandes.

Antes de despedirse, el compositor hace gala de su talento musical, se coloca de pie delante del público y silba un aire de Vallenato. El sonido mana de su boca con un tono inesperado, como si dos instrumentos sonaran a la vez y, en ese momento, el público se queda atónito.

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