Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Wilson Choperena / Foto: El EspectadorSi nos atenemos a lo escrito por un anónimo redactor judicial del diario El Espectador, “La pollera colorá” -de la que Choperena es coautor-  “es la canción más colombiana de los colombianos”.

Resulta interesante constatar que periodistas y comentaristas de periódicos coincidan sobre este punto. El hecho resulta revelador. Sobre todo si se tiene en cuenta que esta melodía no fue seleccionada por los oyentes de Radio RCN en su concurso de 1991 como la mejor canción colombiana de todos los tiempos. En esa ocasión la audiencia dio como ganador al bambuco “El camino de la vida” de Héctor Ochoa y ubicó en el segundo lugar al paseo vallenato “La casa en el aire” de Rafael Escalona.

En 1999 se repitió de nuevo el mismo alineamiento, pues el mismo bambuco y el mismo vallenato fueron escogidos en otro concurso radial como las mejores canciones colombianas del siglo XX.

Pero los reconocimientos que no le confiere el público a nivel nacional se los confiere la comunidad artística: músicos y danzarines particularmente, a nivel internacional. Un simple ejercicio de arqueología audiovisual en YouTube sirve para verificar que “La pollera colorá” es la canción colombiana más interpretada a nivel internacional en la historia de la cultura musical y la danza folclórica nacional.

Un seguimiento a los videos cargados en YouTube nos permitió identificar 23 videos, que muestran en acción a grupos de danzarines ocasionales y semiprofesionales de diferentes países de América Latina y de latinoamericanos radicados en diferentes partes del mundo, que bailan al son de “La pollera colorá”.

Entre los videos retrasados se encuentra el de un grupo de “adultos mayores” —particularmente mujeres— de Collipulli, novena región de Chile, que danzan una versión que nos ofrece una visión femenina del episodio relatado en la canción, influenciada fuertemente por la música negra de Perú. Igualmente está el de un grupo de profesoras del colegio Santo Domingo de Guzmán de Quito, que danzan delante de sus estudiantes —vestidas de cumbiamberas—, una versión fuertemente influenciada por los valses quiteños y la música de la población negra de la costa peruano-ecuatoriana.

Otro video muestra a un grupo de niñas peruanas que danzan en una escuela francesa una versión exótica, mezcla de bossa-nova, vals limeño y música negra peruana. Hay videos que muestran a profesores chilenos de secundaria bailando una versión cercana a la salsa, interpretada por un grupo desconocido y a los estudiantes de noveno curso del Colegio de Santa Luisa de Concepción (en Chile) danzando una versión parecida pero diferente. En fin, se encuentran videos de estudiantes que danzan al ritmo de “La pollera colorá” en Monroe High School, en el Estado de Washington, para celebrar el Martin Luther King Day (día de la diversidad en Estados Unidos) e inmigrantes colombianos, que la danzan en las jornadas de francisación delante de sus compañeros de todo el mundo en Quebec. Además, encontramos también las presentaciones de los grupos de danzas folclóricas, formados por inmigrantes colombianos en sus diferentes países de residencia.

De todos los videos analizados el más interesante —en mi opinión—, es el de una pareja de padres de familia —originarios de un país no identificado de América Latina, que de ser colombianos son interioranos, que la bailaron en octubre de 2007, en un país igualmente desconocido— delante de la comunidad escolar donde estudia su hija.

En agradecimiento al gesto de sus padres, la niña colgó el video en YouTube. Su presentación ha sido observada por 341.033 personas y recompensada por 15 páginas de comentarios de estudiantes, padres de familia y curiosos de todas las suertes, que los felicitan por haber tenido ese “bello gesto de apoyo a su hija”. Es importante anotar que la mayoría de los grupos de danzarines que han colgado el video de su baile de “La pollera colorá” en Internet, han danzado al son de la versión clásica de esta pieza musical: la interpretación de Choperena y Madera.

En cuanto a los comentarios, éstos son hechos —en su mayoría— por personas originarias de México. Entre los comentaristas hay personas como Guille25nao, para quien “la música colombiana es parte de México” y por eso se pregunta: “¿Qué sería [de México] sin cumbias colombianas?”. La lectura de un amplio número de cometarios, que giran alrededor de un grueso número de melodías colombianas derivadas de la cumbia o cumbias ellas mismas, parecen darle la razón, pues comentaristas como Anibalscconsideran que “en México la cumbia se ha adoptado como si fuera propia”, y esta música constituye, según él, un regalo de los colombianos para “todos los latinoamericanos”.

Los videos analizados nos muestran también que hay diferentes formas de bailar la cumbia. En las coreografías de los chilenos, los hombres bailan con el pañolón rojo amarrado al cinto y las dos manos atrás. Cuando las levantan, se esfuerzan por no insinuar nada con ellas a las mujeres. En Centroamérica y México la gente le da importancia a tomarse las manos con su pareja. De igual manera entre los colombianos también hay grandes diferencias en el baile de este género. Como bien lo señala el reportaje de Semana de 1949 sobre la música costeña, el “baile suelto (...) fue criticado por grotesco en Bogotá”, donde se le da importancia a tomar la pareja de las manos y el talle en la danza de cumbias y porros.

En cuanto a los grupos que han interpretado la célebre cumbia que nos ocupa, éstos se encuentran en casi todos los países del continente y el número es bastante considerable.

La popularidad de dicha canción ha llevado a muchos comentaristas en YouTube a atribuirle un origen diferente al colombiano. Los comentarios de los despistados, que juran —la mano sobre la Biblia— que la canción es peruana, argentina o mexicana, exalta el espíritu de los nacionalistas extremos, que responden a dicha afirmación con insultos de grueso calibre. Esos comentarios atrabiliarios son matizados por las opiniones de comentaristas como ArgentMach0, para quien “ ‘La pollera colorá’ ya es parte de la cultura de los pueblos que gustan de la buena música y la alegría colombiana”. Ese punto de vista es complementado por comentaristas como Alfvahua, quien sostiene que “La pollera colorá’ hace mucho tiempo que dejó de ser colombiana, porque es del mundo para el universo”.

Indiscutiblemente la obra maestra de Choperena y Madera dividió en dos la historia de la cumbia. Antes de la creación de “La pollera colorá” la cumbia era una música de la “gentecita del montón, que se bailaba en establecimientos de mala muerte, en los parajes de tierra caliente”. Pero las cosas cambiaron para ella después de que Juan Madera Castro imaginara esa melodía. Desde ese día son pocos los colombianos que asumen una pose indiferente cuando escuchan ese repiquetear de tambores, seguidos de clarinetes que le abren camino a la garganta posesa de Wilson Choperena, que lanza el grito festivo que da inicio a una canción, cuyos versos podrían sonar a los oídos de Jorge Luis Borges tan pueriles, como los versos de “la deplorable rumba ‘El manisero’ ”.

Hoy, cuando alguien menciona la palabra cumbia, usted no piensa en “Colombia, tierra querida”, de Lucho Bermúdez, ni en “Yo me llamo cumbia”, de Mario Gareña. Tampoco en la “Cumbia sampuesana” de José Joaquín Bettín Martínez, ni en la “Cumbia cienagüera”, de Andrés Paz Barros. Cuando se menciona la palabra cumbia, usted piensa inmediatamente en “La pollera colorá”. Es eso lo que ha llevado a algunos, como OldSchoolHx, a considerar que esta melodía “es el verdadero himno de Colombia” y a gritar: “Rafael Núñez, revuélcate en tu tumba”.

 

Enoin Humanez Blanquicett

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