Opinión

Viajar con Yamith

Diógenes Armando Pino Ávila

11/09/2020 - 05:30

 

Viajar con Yamith

Entre sueños, escucho esa melodía que me provoca sentimientos ambivalentes, la que me agrada cuando estoy despierto, pero que odio y detesto cuando estoy durmiendo. En el momento de la historia la odio. Son las 3 de la madrugada de un lunes cualquiera; la alarma de mi celular suena; hace frío y toda la noche ha llovida a intervalos, con llovizna pertinaz y diluvial aguacero, por tanto, la noche ha sido fría, no hubo necesidad de encender el aire acondicionado, sin embargo, dormí arropado de pies a cabeza. Me quedo en cama haciendo roña y a las tres y media me levanto y me baño, me alisto y espero que pite el carro en la calle.

Como siempre que voy a viajar a Valledupar, demoro para conciliar el sueño, despierto varias veces en la noche. El temor de quedarme dormido y no escuchar la alarma de mi celular me desvela, pues temo perder el vehículo que viaja a las cuatro de la madrugada de Tamalameque a Valledupar. Sólo salen dos vehículos con ese destino, por tanto, uno debe apartar el cupo desde el día anterior y estar atento en la madrugada para no perderlo.

Uno de los conductores se llama Yamith, nombre con el que fue bautizado en honor al periodista Yamith Amat, ya que el Niño Ríos quería que su hijo fuera un gran periodista. No se equivocó al ponerle el nombre, pues su hijo, si bien no estudió periodismo, es un comunicador muy efectivo por lo lenguaraz. Se comenta entre los amigos que es la lengua más rápida de San Miguel de las Palmas de Tamalameque. Todo el pueblo lo conoce y es tal su fama que ninguno osa en ser enemigo de Yamith por temor a caer enredado en esa lengua viperina. Yo soy uno que siempre que tengo la oportunidad de hablar con alguien y mencionan a Yamith, inmediatamente digo que él es uno de mis mejores amigos, el otro sonríe y repite lo mismo y como por ensalmo podemos hablar de él y despellejarlo sin piedad, así como él nos desholleja con su lengua mordaz.

Viajar con él es adrenalina pura, nadie se permite el lujo de dormirse en su carro y por cansado y trasnochado que esté, el pasajero debe ir atento, pues, pese a que su camioneta tenga buen equipo de sonido, él no lo enciende. Ante el volante, él despliega dos de sus habilidades: es un as del volante y, con su lengua, un verdadero campeón. Uno como pasajero se sube al vehículo algo adormitado, pero inmediatamente, ese secreto mecanismo interno de alerta se activa, te quita la somnolencia y te pone a la defensiva.

Yamith comienza la charla con un saludo e inmediatamente pone el tema del día, chanchullos en la alcaldía, infidelidades, riñas entre vecinos, enamoramientos, peleas entre parejas, en fin, los sucesos del día anterior. Es tan sutil su arte de iniciar el tema de conversación que al cabo de pocos minutos los pasajeros, cuatro en total, van abandonando sus prevenciones, y, sin darse cuenta, se involucran en la charla donde se despelleja a cualquier paisano, en un linchamiento colectivo donde el arma utilizada es la lengua.

Siempre que viajo a Valledupar lo hago con él, pues es una de las maneras que utilizo para actualizar mis noticias sobre mi pueblo. No sé cómo hace Yamith para estar tan informado, pero lo que comenta, casi siempre, de una u otra manera, es verdad. Yamith es tan hábil que tiene la pericia de poner el tema que le interesa e inicia con una afirmación, esto conlleva a que el pasajero que esté informado siga la senda, lo que Yamith aprovecha para jalarle la lengua y poco a poco con preguntas planteadas de forma inteligente en el momento preciso, hace que dicho pasajero cuente en detalles lo que sabe del tema.

Los demás pasajeros escuchan y de un momento a otro, sin proponérselo, todos participan aportando su pedazo de historia, hasta completar el relato del caso planteado por él. Yamith ejerce un poder casi hipnótico que seduce e induce a participar en su charla. Ésa es la magia, ése es el secreto que utiliza para ser el preferido por los tamalamequeros para viajar a Valledupar.

Cuando viajo con él, me debato entre dos temores, primero, quedarme dormido y caer en la desgracia de ser el tema del viaje y ser desollado vivo por la lengua de Yamith y sus pasajeros, y el segundo temor que me asiste es, cuando baja el vidrio de la ventanilla, me aterra que pueda salírsele la lengua y la camioneta u otro carro se la pise. Eso sería una pérdida irreparable a nuestro patrimonio cultural. ¡Dios nos guarde de la lengua de Yamith!

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

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Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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